<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238</id><updated>2012-02-12T08:19:08.898-04:30</updated><category term='narrativa'/><category term='Tecnologías'/><category term='Dietas posmodernas'/><category term='Lenguaje'/><category term='crítica literaria'/><category term='seguridad'/><category term='apariencias'/><category term='abusos'/><category term='libros de texto'/><category term='anonimia'/><category term='Rafael Bolívar Coronado literatura venezolana'/><category term='egotecas'/><category term='Premios virtuales'/><category term='lectores'/><category term='herencias'/><category term='teléfono'/><category term='ciberliteratura'/><category term='personajes'/><category term='cerebro'/><category term='controles'/><category term='literatura'/><category term='discriminación'/><category term='Cien años de soledad'/><category term='español'/><category term='aeropuertos'/><category term='Poesía Walkott'/><category term='Libros Bolero Venezuela Felipe Pirela'/><category term='corrección'/><category term='medicinas-caseras'/><category term='escritores'/><category term='lectura'/><category term='sexos'/><category term='tecnoanalfabetismo'/><category term='Títulos doctores nobiliarios'/><category term='eliteratura'/><category term='cálculos'/><category term='metro'/><category term='riñón'/><category term='antologías'/><category term='Venezuela'/><category term='géneros'/><category term='crítica'/><category term='fortunas inesperadas'/><category term='contestadoras'/><category term='terconomistas'/><category term='amor involuntario'/><category term='falsos hablantes'/><category term='léxico'/><category term='blogósfera'/><category term='Economía'/><category term='enseñanza'/><title type='text'>La duda melódica</title><subtitle type='html'>Lenguaje, literatura, ideas, humor, política, locuras y otros desvaríos.......
&lt;br&gt; &lt;br&gt;"Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.", Augusto Monterroso</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>48</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-8719758072542793307</id><published>2011-10-15T16:08:00.005-04:30</published><updated>2011-10-15T19:54:03.679-04:30</updated><title type='text'>Apremios de la tercera edad intelectualosa</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-iP1ERNhDjG8/Tpnxym_PDAI/AAAAAAAAAEk/cBMJmhkzJvs/s1600/Anciana%2Bbailarina.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px 0px 10px 10px; width: 180px; height: 200px; float: right; cursor: pointer;" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5663823858156637186" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-iP1ERNhDjG8/Tpnxym_PDAI/AAAAAAAAAEk/cBMJmhkzJvs/s200/Anciana%2Bbailarina.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asunto de las edades sigue dando quehacer a las neuronas de mi tía Eloína. Desde hace unos meses anda preocupada, extraña, unas  veces meditabunda, otras cabizbaja. &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Algo le ocurre -me comentó uno de mis primos- creo que tiene que ver con eso de haber llegado hace poco al punto intermedio entre esas etapas de la vida que por ahí llaman la “sexalescencia” y  la &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“septalescencia”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Eloína cumplió sesenta y cinco años en el pasado mes de abril.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Ya no cumpliré abriles –dijo, después de haber apagado el inmenso velón que le colocaron sobre una escalerada torta de seis pisos y medio– de ahora en adelante mis años serán más bien a(n)gostos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En efecto, luego de ese evento en el que logró reunir a su pléyade de sobrinos, a su particular marido de turno y a su única “descendienta”, en lugar de estar feliz,  mi inefable parienta más bien se ha vuelto amargada, apremiante, desesperada, terriblemente angustiosa; parecen haberle caído  seis décadas y media de  plomo caliente y no trece festivos lustros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La prisa generalizada y el deseo continuo de figuración se han apoderado de sus más rutinarias actividades. Y aunque no tiene mucho que legarles, ya está pensando en qué le corresponderá a cada de los parientes que la sobrevivan. Aparte de ello, Eloína tiene ahora la manía de poner en orden todos sus asuntos porque cada noche percibe que la pelona la ronda y en cualquier momento se la engulle.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por ejemplo, no está conforme con todo lo que hasta ahora ha escrito, dicho o pensado que, por cierto, no es demasiado ni tan importante como ella asume. Ha expresado en varias ocasiones que luego de los sesenta entró en una supuesta “etapa de las reflexiones”, que ya es una mujer madurísima y que, si llegare el momento de acudir a los predios de San Pedro, su pensamiento no puede quedar huérfano. Quiere que se publique y se compile todo cuando ha escrito, dicho y pensado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Poca cosa, pues.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se le ha ocurrido que, una vez ella ausente de esta tierra de gracia, seguramente  la humanidad requerirá de sus “escrituras sagradas” y, básicamente, de su esclarecedoras ideas, teorías y análisis. Egoteca in ascensus. Ya sabemos que durante toda su vida Eloína se ha caracterizado por ser “escritora oral”. Cree además que cualquier pendejada que alguna vez se le ocurrió será importante para la posteridad, incluidos sus célebres dichos y refranes. Por eso anda como loca gestionando que alguna editorial se encargue de compilar tan necesaria labor para la patria.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aspira también a dejar “acomodado” en los medios intelectuales al último sujeto que se ha atrevido a acompañarla como marido. Aunque el tipejo es bastante mediocre, marruñero, interesado, flojo y hasta medio tramposo, ella lo considera una especie de genio incomprendido al que debe dejar bien “posicionado” con algún cargo, premio o distinción importante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y, claro, la guinda de la torta es la torta que, justamente, Eloína ha dejado puesta donde quiera que ha ido últimamente, cuando asiste a reuniones y cónclaves. Cree que en cualquier evento  que se programe le corresponde a ella y solo a ella decir los discursos e intervenciones. Para no importunarla la han complacido en varios casos y las metidas de pata fueron de antología.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por ejemplo, hace poco, mientras discurseaba durante un seminario para mototaxistas, sus allegados no salíamos de la pena al cerciorarnos de que ya la memoria no la ayuda tanto como hace diez años. Cuando tenía que pronunciar “Barranquilla” decía “mantequilla”; y para referirse a algunos precandidatos presidenciales los acusaba de “cuadrupedantes”. Si quiere decir “equivalente” alude a “equidistante”. Y sigue su “operorata” campante.  Es decir, cuando intenta oralizar, no hay oración donde no introduzca alguna extremidad inferior.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y si por casualidad lleva  borroneado en papel algo de lo que desea explicar, entonces traspapela las páginas y termina cruzando discursos sobre los buenos hábitos ciudadanos con otros acerca de la teoría del equilibrio emocional. Eso, cuando no se le pierden las páginas escritas o llega a los eventos sin sus respectivos espejuelos y debe leer con algunos ajenos, que usualmente o le quedan muy grandes y se le caen a cada rato, o son excesivamente chicos y le comprimen las sienes obligándola a un rictus que la asemeja a una persona en trance de ir al retrete.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No obstante, ella piensa que se merece todos los homenajes y reconocimientos que nunca antes recibió. No tiene duda de que, antes de los setenta, habrá de acumular cientos de condecoraciones que le faciliten aparecer por lo menos una vez al mes en los periódicos. Sólo quiere que hablen de ella, sobre ella, por ella, con ella…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En fin, que la edad parece haber estimulado sobremanera la egoteca de mi parienta. Ahora apenas escucha a alguien que la contradiga o intente hacerla entrar en razón,  sospecha inmediatamente que la quieren desplazar del importante lugar que supuestamente le corresponde y que ella misma se ha inventado mediante sus fantasías y sus sesentosas aspiraciones de gloria.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así, mejor no llegar a viejo, mejor permanecer en un anonimato en el que la ancianidad sea más bien un verdadero espacio de paz y concordia. Se lo he dicho varias veces, pero otro de los rasgos propios de esa curiosa actitud senil es que cualquier consejo es interpretado por el destinatario como certero golpe al corazón de sus aspiraciones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y, claro –como es de suponerse- no es mi tía Eloína la única con estos síntomas, comienzo a percibirlos también en otros, que sospechan que les ha llegado la hora de hacer cuentas, sumar, restar, dividir y multiplicar,  sacar saldos y acumular las ganancias que, por cualquier motivo, dejaron pasar durante la juventud. Y ahora, apenas pisar el escalón de la llamada tercera edad, piensan que queda poco y que hay que hacer todo lo que no se hizo en las décadas anteriores.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mal ejemplo, mala praxis senil esa de permitir a cuenta de los años que el ego se infle a volúmenes impensados, extraña actitud que sólo puede traer consecuencias negativas hacia los que te rodean. Primero porque quien se comporte de ese modo se está asegurando una aislada ancianidad, debido a que no hay quien soporte tantas quejas recurrentes, latosas y latentes.  Se ha olvidado mi prematura anciana de algo que ella misma repetía mucho hasta hace poco, lo cito de memoria y no sé si era exactamente lo que ella decía (también mi memoria comienza a meterse por los laberintos de las confusiones). Lo cierto es creo que ella le atribuía a Albert Einstein la siguiente expresión:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;"El ejemplo no es una de las mejores maneras de influenciar a los demás, es la única."&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Que dios nos agarre confesados con las chocheras  de Eloína. Descansen en paz sus hermosos años mozos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------------------&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Fuente de la imagen: http://migallinero.blogspot.com&lt;br /&gt;-----------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://luisbarreralinares.blogspot.com/"&gt;PARA IR A MI PÁGINA PERSONAL HAGA CLIC AQUÍ&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-8719758072542793307?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/8719758072542793307/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=8719758072542793307&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/8719758072542793307'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/8719758072542793307'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2011/10/el-asunto-de-las-edades-sigue-dando.html' title='Apremios de la tercera edad intelectualosa'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-iP1ERNhDjG8/Tpnxym_PDAI/AAAAAAAAAEk/cBMJmhkzJvs/s72-c/Anciana%2Bbailarina.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-255880847457097740</id><published>2011-04-02T20:41:00.006-04:30</published><updated>2011-05-15T10:31:26.903-04:30</updated><title type='text'>De tetas, paraísos y otros refrescamientos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-teClsTmyOMU/TZfJgirSkzI/AAAAAAAAAEA/yBqAoeoirQ8/s1600/tetas-grandes-150x150.jpg"&gt;&lt;img style="float: right; margin: 0pt 0pt 10px 10px; cursor: pointer; width: 226px; height: 226px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-teClsTmyOMU/TZfJgirSkzI/AAAAAAAAAEA/yBqAoeoirQ8/s320/tetas-grandes-150x150.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5591159023305134898" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:"Tabla normal";  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-parent:"";  mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;  mso-para-margin:0cm;  mso-para-margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:10.0pt;  font-family:"Times New Roman";} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Hace poco me comentaba un amigo-hermano sobre los modos como se van modificando las invitaciones familiares a medida que va transcurriendo esa entidad indetenible, implacable e inevitable que es el tiempo. Con los años iniciales vienen las festividades familiares en las que celebramos los nacimientos de nuestros hijos, sobrinos u otros chamines de la parentela. Es la época en que la osadía de alguno de nuestros hermanos o amigos nos conmina a violentar las estrictas normas de las clínicas u hospitales para incitarnos a consumir “los meados” (como decimos en español venezolano, aunque suene “fisno”) dentro de la habitación de la hermana o cuñada parturienta y casi siempre con la reprobación de nuestros padres. Obviamente que la materialización de esas felices primeras orinadas de los párvulos que van llegando a la familia se consumen bajo la guía de algún duende etílico. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Después vendrán en sucesivos estadios los bautismos, las primeras comuniones, los cumpleaños, los cierres de ciclos escolares y, por supuesto los nuevos casamientos. No digo nada de las humildes o fastuosas celebraciones de quince años (según sea el caso) porque me luce que ha pasado a ser un ritual en decadencia. Nomás cumplir los quince, las chiquillas de ahora quieren ser “frontalmente grandes y poderosas”. Ya no aspiran a reuniones familiares, ni a cruceros, ni a “piyamadas” que les festejen los tres lustros. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Estupefacta y estupefaciente, mi tía Eloína acaba de enterarse de que -desde aquellas cuyas familias gozan de pocos recursos hasta las que han nacido con un poco más de solvencia económica- las chicas quinceañeras de ahora piden como obsequio a sus padres (o, en su defecto, a sus tíos, o a sus levantes maduros) que les paguen esas curiosas (y a veces no poco arriesgadas)&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;intervenciones quirúrgicas en las que un matasanos se dedica a sacarles tejidos de algunas partes para insertárselos en lugares menos favorecidos por la naturaleza, cuando no es a incrustarles inmensas porciones de silicona que contribuyan a agrandarles las glándulas mamarias. Ya comenzamos a hablar de la &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;generación silicona&lt;/span&gt;, como si nada estuviera ocurriendo ante la avalancha de damas jóvenes cuyo gran objetivo en la vida es hacerse de unos inmensos y “jugosos” melones.Vivimos tiempos de pechugonas ¡y también pechugones!&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Si alguna vez los pechos fueron solo para amamantar, le luce a mi parienta que su carácter utilitario se ha modificado gracias a la cirugía moderna y ahora son más bien para desafiar o para perder el equilibrio. Hay chicas cuyas dimensiones “tectónicas” han crecido tanto que uno piensa que pueden irse de frente cuando descienden por una escalera o se bajan de un autobús. Y por supuesto que a veces también hacen perder el equilibrio a caballeros poco preparados y nada formados para afrontar la visión descarnada de tales protuberancias. "Teutonas" las llama mi tocayo el profesor Luis Loreto. Y no todas son alemanas (ver comentario).&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Tiene razón el autor colombiano Gustavo Bolívar Moreno, autor de la novela &lt;i style=""&gt;Sin tetas no hay paraíso&lt;/i&gt; (2006). Y no sólo paraíso, da la impresión de que, después de esa premonición, para las jóvenes contemporáneas, sin tetas grandes no hay vida, no hay sabor, sin esas prominencias artificiales a las que las señoras de buen decir llaman “lolas”, no hay absolutamente nada, sólo el vacío. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Pero, bueno, digamos que el personaje aludido en la novela de Bolívar Moreno&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;(que por cierto ha pasado a ser un éxito como telenovela, como serie de televisión e incluso ha logrado ya diversas traducciones), es una chica muy joven (Catalina), todavía casi en edad escolar, que, acomplejada por la pequeñez de sus “órganos glandulosos y salientes” (como las define el Diccionario de la RAE), cae en situaciones que la llevan incluso a los predios del narcotráfico, con tal de conseguir el ingreso al éxito constituido por unas respetables y enormes tetas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Las aspiraciones de ser prostituta de alto calibre de la humilde y pobretona Catalina, se desmoronan cuando Yésica, otra chica un poquito mayor que ella y dedicada al oficio de reclutar “vírgenes” para clientes poderosos, ante el argumento de que las tetas de otra de las chicas (Paola) son de “caucho”, le espeta sin anestesia:&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;“-No importa, hermana, las de Paola pueden ser de caucho, de madera o de piedra, pueden ser de mentiras, pero son más grandes, y eso es lo que les importa a los “tales”, parce, ¡que las niñas tengan las tetas grandes!”&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Más contundente respuesta no podía haber. &lt;span style="" lang="PT-BR"&gt;Barco grande, ande o no ande. &lt;/span&gt;Es la idea que Yésica le quiere hacer ver a la pobre y esmirriada Catalina, con sus pequeños limoncitos incapaces de despertar la lujuria de ningún “tal”. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Pase eso y celebremos la novela del colombiano, pero a juzgar por lo que Eloína me ha venido comentando, ya la ambición de emular a María Guevara no es solamente de las jovencitas quinceañeras. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Cansados estamos de ver señoras ya maduras, entraditas en años que, además de los ya rutinarios afeites relativos a las “líneas de expresión”, las correcciones de tabiques nasales, el recorte de las llamadas quijadas de caballo, los amarres de la dentadura, el engrosamiento de labios, el “redondeo” de nalgas, pues no han soportado la tentación de que los pechos descomunales sean un privilegio de las jovenzuelas y, mire usted, que también han pasado a alimentar las arcas de los cirujanos que a estos asuntos se dedican y, nada, que también desean que sus trenes delanteros sean tan visibles como pulposas pelotas de fútbol.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Asuntos de la vanidad humana. Nadie quiere ser feo en estos tiempos. Ni tener nada pequeño. o torcido. Y escribí “nada” a propósito, pues supongo que hay más de un caballero de mi generación cuyo buzón electrónico está repleto de mensajes que te ofrecen alargarte, repararte o engrosarte hasta lo que es inalargable: desde los labios hasta el que te conté. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Ser normal, ser como llegamos al mundo, parece en esta época un pecado capital. Todos y todas queremos ser biónicos. Nos acogota el mismo complejo que a Catalina.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Acabo de verificarlo yo mismo con un importante y celebrado amigo escritor. Luego de varios años sin vernos, nos encontramos por casualidad en pleno centro de la ciudad. Entre el abrazo de saludo fraterno y los usuales comentarios de estas situaciones (tu teléfono, mi teléfono, vamos a vernos, a recuperar el tiempo perdido, bla, bla, bla…), yo miraba y no creía, observaba sus pectorales de silicona y no daba fe a aquello, detallaba su rostro de niño, mucho más rejuvenecido que la última vez que lo había visto (hacía por lo menos diez años), sus labios regorditos, vibrantes y sus nalgas pronunciadas, par de medias circunferencias correctas como pasadas por la mano de un veterano escultor, el “negro azabache de su blonda cabellera”, cuando ya las nieves del tiempo deberían haber más que plateado su sien…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;No atinaba a saber qué había ocurrido con mi colega, a quien ahora yo (que más bien estoy cada vez más encogido y arrugado de lo que normalmente he sido) parecía llevarle por lo menos una década y media. Estiradito, rozagante, sin sus viejos pliegues en el rostro, mi amigo parecía salido de un experimento&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de la eterna juventud. Y nada, deduje lo obvio y me sentí un poco idiota. Menos mal que por discreción no me atreví a preguntar, sólo lo pensé, cuando lo vi marcharse, aparentemente erecto, orgulloso: “¡Este carajo se hizo latonería y pintura integral, le enderezaron y agrandaron hasta la tapa del cóccix!&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt; &lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;No obstante, cuando a lo lejos volví a mirarlo, mientras él se proponía ingresar a las escaleras del metro, yo todavía sorprendido con aquella estampa, noté que mientras intentaba poner el pie derecho en el primer escalón, se iba un poco de lado, como si tuviera defectos en un amortiguador. Hice otras dos deducciones: Una, que por mucho refrescamiento que te hagas, la procesión sigue por dentro. Dos, que ya no sólo sin tetas no hay paraíso. Ahora el paraíso es el cuerpo total, y sin distingos de edad ni de sexo.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Referencia fotografía&lt;/span&gt;: Sheila Hershey, modelo brasileña, ostenta los senos más grandes del mundo; ha tenido problemas con sus operaciones. Ver: http://www.midesahogo.com/tag/libro-guinness/&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://luisbarreralinares.blogspot.com/"&gt;PARA IR A MI PÁGINAPERSONAL, CLIC AQUÍ&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-255880847457097740?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/255880847457097740/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=255880847457097740&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/255880847457097740'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/255880847457097740'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2011/04/normal-0-21-microsoftinternetexplorer4.html' title='De tetas, paraísos y otros refrescamientos'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-teClsTmyOMU/TZfJgirSkzI/AAAAAAAAAEA/yBqAoeoirQ8/s72-c/tetas-grandes-150x150.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-170409944892126044</id><published>2010-11-28T10:33:00.005-04:30</published><updated>2010-11-28T10:52:29.959-04:30</updated><title type='text'>Con “Uvre” de Vaca: la “nueva” ortografía</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/TPJwXLE8CCI/AAAAAAAAADo/hkNi9RIqvKY/s1600/ordenar-una-vaca.jpg"&gt;&lt;img style="float: left; margin: 0pt 10px 10px 0pt; cursor: pointer; width: 200px; height: 150px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/TPJwXLE8CCI/AAAAAAAAADo/hkNi9RIqvKY/s200/ordenar-una-vaca.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5544617634659305506" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:"Tabla normal";  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-parent:"";  mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;  mso-para-margin:0cm;  mso-para-margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:10.0pt;  font-family:"Times New Roman";} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Anda alborotada mi tía Eloína. La trae de cabeza el haber leído que de ahora en adelante tendrá que aceptar que &lt;b style=""&gt;vaca&lt;/b&gt; se escribe con &lt;b style=""&gt;Uve&lt;/b&gt;. La enrolla además el hecho de que dará lo mismo estar “solo comiéndose un cable” que estar “solo comiendo cable”. No le cabe en la testuz que en la escuela sus nietos tengan que aprender que la palabra “truhan” tiene una sola sílaba por muy bellaca que sea la persona a la que se atribuya tal calificativo. Lo de &lt;u&gt;Sion&lt;/u&gt;, liais, fiais, Ruan,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;también sin tilde, le importa menos porque asegura que en su puritana vida jamás ha tenido que utilizar esos vocablos y menos lo hará ahora que, debido a la crisis económica, nadie “fía” y no te atreves a liarte con tus semejantes por el temor de que un malandro te deje en el sitio. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Total –según ella- eso de las tildes y los acentos a mansalva no ha sido más que un enredo de la lengua española.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pero, toda la faramalla que ha armado se debe a que circulará a partir de fin de este año un nuevo manual académico que recoge algunas modificaciones atinentes a la ortografía de la lengua española. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y de todas, la que más ha conmovido sus envejecidas neuronas es que lo que ella siempre llamó “Ve de vaca”, “Ve corta”, “Ve pequeña” o “Ve chiquita” ya no será ni de vaca ni corta ni pequeña ni chiquita. Ha dejado de ser todo eso para pasar a ser &lt;b style=""&gt;“Uve”&lt;/b&gt;, como solía decirle su maestra-monja de tercer grado. Y, en consecuencia, la famosa “doble V”, pasará a llamarse “Uve doble”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Le he manifestado a mi suspicaz parienta que eso que llaman la “nueva ortografía” trae diversas y nuevas simplificaciones para la escritura pero que de todas ellas la que más piquiña o escozor parece haber ocasionado es precisamente esa de la “Uve”. Las quejas son innumerables. Excesivo escándalo para el simple cambio de nombre de una letra a la que seguramente varias generaciones seguiremos apellidando como nos enseñaron en la escuela. Hasta que la repetición alguna vez logre el sugerido cambio de cognomento.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pero, vamos, no es para tanto. Toda propuesta de ruptura de una tradición suele ser traumática. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mucho más importante que esas pequeñas reformas de las normas de escritura, es que la lengua, el idioma español, se haya convertido en motivo de discusión pública. Hartos como estamos de riñas de toda naturaleza, resulta muy sano que la gente se preocupe por los modos de utilizar oralmente y por escrito la lengua que nos hace ser una misma alma (y fíjense que escribí “&lt;u&gt;una&lt;/u&gt; misma alma”), un solo conglomerado, aderezado con innegables y diversos aportes de nuestras lenguas indígenas, al menos en el caso de las variedades del español americano. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;No ha olvidado Eloína la ridiculez de la cuña de una entidad bancaria en la que, acá en Venezuela, desde hace varios años, ya se ha intentado meternos en la cabeza que la “V corta” se llama “Uve”: en tanto la voz engolada del locutor nos invita a conocer el “BE-BE-&lt;b style=""&gt;UVE&lt;/b&gt;-A”, cuando lo requerimos, los venezolanos hemos acudido al “Banco Provincial” (antiguo nombre de la misma entidad). Digo, los nombres de las cosas sólo cambian cuando lo decide e internaliza un colectivo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En tono de chanza, le he referido a mi tía lo estrafalario que sonaría escuchar a un hablante de Los Puertos de Altagracia diciéndole a la “novia ocasional”:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Ve, Chinca, hacéme el favor de cobrar este cheque por tus servicios en el “bebeuvea”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Es casi seguro que Chinca le responda “Vai pues, mejor me pagáis en efectivo.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Dentro de esta misma dinámica social en la que son los hablantes-escribientes los responsables de los cambios, puede recordarse también &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;el caso de algunos limeños que, regidos por esta misma regla, llaman sin complejos y abiertamente “Cochabán” al &lt;i style=""&gt;Scotiabank&lt;/i&gt;. Hay muchos ejemplos de esta supuesta terquedad lingüística socialmente acordada, pero evoquemos nada más el caso venezolano de &lt;b style=""&gt;“Mayami”&lt;/b&gt; (al menos en Venezuela, nadie ha sido capaz de obligarnos a decir &lt;b style=""&gt;Mi-a-mi&lt;/b&gt;, como sí lo hacen otros hispanohablantes).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Con esto sencillamente se demuestra que los cambios del idioma no se deciden a partir de decretos, edictos, leyes, manuales o reglamentos. Son los conglomerados de hablantes los que, con la paciente y muy ponderada lentitud implícita en los procesos lingüísticos, deciden el rumbo de la lengua que los agrupa y les da sentido de pertenencia social a una cultura. Y esto vale principalmente para la oralidad pero no es fenómeno ajeno a la escritura. No obstante, es necesario un razonable criterio de unanimidad que favorezca la comunicación y evite la anarquía. Si todos escribiéramos como “nos da la gana”, cundiría el caos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Así mismo, por su naturaleza y para justificar su existencia, las academias también tienen derecho a hacer propuestas. Hasta que se demuestre lo contrario, estas instituciones están integradas por grupos de hablantes, con los mismos derechos de sugerir y las mismas posibilidades de “meter la pata” que otros.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Pero no son la panacea. No imponen. Nunca impusieron, aunque se diga lo contrario. No son organismos dictatoriales. No decretan. Si alguna vez tuvieron vocación autoritaria, eso se ha quedado en el pasado. Ahora sugieren. Y, nos consta que, en el caso de la RAE, de un tiempo para acá, esta ha considerado que hay unas específicas formas americanas de hacer uso del español. En consecuencia, una vez que alguna institución de esta naturaleza sugiere alguna modificación, es asunto del resto de los hablantes-escribientes si nos solidarizamos o no con las mismas. Y no es para armar tanto bochinche por unos cambios insustancialaes. Reforma de verdad es la que proponía Andrés Bello.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Así somos: vivimos quejándonos de las complicaciones de la ortografía del español y cuando se propone algo que se presume podría simplificarla, entonces hasta los más pacíficos nos volvemos furibundos talibanes lingüísticos y sacamos el hacha de la guerra. ¡Con mi lengua no te metas!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El meollo fundamental sobre este tipo de sugerencias vendría dado por el afán de algunos docentes en imponer de ahora en adelante unas normas por el solo hecho de que ya aparecen refrendadas por “la Academia”. Allí sí podría haber alguna incidencia negativa relacionada con estos cambios. Uno se imagina a ciertos profesores quitapuntos restando nota a quienes se atrevan a seguir hablando de una marca de automóviles como &lt;b style=""&gt;BMW&lt;/b&gt; (“Be-Eme-DobleVe”). Seguramente obligarán a los alumnos a decir “BE-Eme-Uvedoble”. Ni hablar del enredo de esos pobres locutores que a la hora de referir a páginas virtuales se esfuerzan en decir “triple doble ve” o “dobleve-dobleve-dobleve”. Ahora tendrán que partear con cesárea algo como “TripleUvedoble”, o al menos pronunciar rapidito “Uvedoble-uvedoble-uvedoble”, con lo cual correrán el riesgo de deformar sus órganos articulatorios.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Tanta miel se le ha sacado a esta propuesta de la “UVE”&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que no faltará el hablante anárquico y “medalaganoso” que proponga llamarla “&lt;b style=""&gt;UBRE&lt;/b&gt;”&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;(y si se trata de la &lt;b style=""&gt;W&lt;/b&gt;,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;“&lt;b style=""&gt;Ubre doble&lt;/b&gt;”). &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Por lo que tendremos que comenzar a aceptar que “Vaca” se escriba con “Ubre”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hasta el pobre Jaimito, protagonista infalible de nuestros chistes populares, habrá de modificar sus hábitos verbales. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;-Jaimito, ¡Estoy harta de sus faltas ortográficas! ¿Cón qué Uve se escribe viaje?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left: 35.4pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;-Maestra, ya se lo he dicho: si el viaje es corto con &lt;u&gt;Uve corta&lt;/u&gt;, si es largo,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;con “Ube” larga y si el viaje es de ida y vuelta con Uvedoble.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:11pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Referencia de la imagen:&lt;/span&gt; &lt;span style="font-size:78%;"&gt;http://www.leyendascuentospoemas.com/moraleja-la-leche-derramada/2009&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://luisbarreralinares.blogspot.com/"&gt;ACCESO A MI PÁGINA PERSONAL&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-170409944892126044?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/170409944892126044/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=170409944892126044&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/170409944892126044'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/170409944892126044'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2010/11/con-uvre-de-vaca-la-nueva-ortografia.html' title='Con “Uvre” de Vaca: la “nueva” ortografía'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/TPJwXLE8CCI/AAAAAAAAADo/hkNi9RIqvKY/s72-c/ordenar-una-vaca.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-7538206964178575313</id><published>2010-06-13T19:07:00.006-04:30</published><updated>2010-06-14T19:51:31.704-04:30</updated><title type='text'>¿(An)globalización?</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/TBVwPnGByMI/AAAAAAAAADY/ppAiJBY4jCU/s1600/teleaula+caricatura.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5482411534888061122" style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; width: 272px; cursor: pointer; height: 320px;" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/TBVwPnGByMI/AAAAAAAAADY/ppAiJBY4jCU/s320/teleaula+caricatura.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Siempre he creído que no hay hablante exento de usar inadecuadamente alguna expresión cuando hace uso del idioma. Ni el más pintado o “sabihondo” de los que creen comérsela en eso de “hablar y escribir bien” se salva de que en alguna ocasión se le escape la liebre lingüística. Sin embargo, más que equivocarse, lo importante es no repetir el gazapo cuando alguien te lo hace notar o lo percibes por ti mismo. Pero hay quienes se empeñan en meter la pata y no sacarla nunca por mucho que se les haga conocer el desaguisado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Digamos por ejemplo que existen en todo el mundo legiones de hablantes que suponen al inglés como la lengua “madre de toda civilización”, “la lengua de las lenguas”. Siempre lo he dicho: nada tengo en contra de ese idioma como vehículo de cultura, no me ocupo de rechazarla por rechazarla. Pero de ahí a considerarla la reina de la globalización hay una diferencia notable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay que olvidar que una cosa es la globalización, principalmente reforzada a partir del surgimiento de la Internet (innegable, indetenible, inevitable) y otra muy diferente esa tendencia hacia una supuesta ANGLOBALIZACIÓN con que algunos quieren convencernos de las bondades de la anglofilia acrítica y desbocada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Produce cierto escozor escuchar a colegas, a comunicadores, a estudiantes que, buscando una pronunciación lo más ajustada posible a los requerimientos entonativos del inglés estadounidense se esfuerzan por decir “tuirer” (aludiendo al &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Twitter&lt;/span&gt;), con un retorcimiento de la punta de la lengua que amenaza con ensalivar el entorno de la conversación. Nada digo de otras pronunciaciones un tanto más ridículas tales como “tuitaar” “tuiterrr” y “tuíiiter”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a propósito de este nuevo sistema (popularmente aludido por otros como “maicrobloging”), a veces causa risa el uso que le dan algunos hablantes públicos irresponsables, tan risible que uno no sabe si lo hacen a propósito o se están tomando las cosas en serio. No son extraños mensajes “tuiteros” -“tuits” les dicen algunos- como los que siguen:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“@hablanteperfecto. Orinando en cacaotales de Caucagua. No hay baños públicos en Barlovento”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“@nomequivoco. Fin de semana ladrando. Me postergaron el pago de la quincena”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asuntos que sólo pueden interesar a quienes los expresan y no a otros. Qué puede importarle a un seguidor de alguien que esté o no orinando entre matorrales o que no le hayan pagado el salario en la alcaldía donde trabaja. Se pierde con esto la función informativa que debería tener ese mecanismo rápido de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También preocupa la insistencia de ciertos hablantes públicos en ridiculizar algunas expresiones provenientes del inglés, “espanglishadas” de tal modo que recurrentemente sólo le agregan leña al fogón de las confusiones. Una de ellas es la recurrente palabrita “UNDERSCORE”, para hacer referencia a esa pequeña raya que a veces se utiliza con el propósito de “subrayar” un espacio en blanco (“_”). No me canso de escuchar a locutores o conductores de programas de la tele que buscando parecer más cultos de lo que realmente son se afanan en diversas pronunciaciones como “Ánder-Escor”, “Únder-escore”, “Ónder-éscorrr”, entre otras. Sin olvidar a los que tratando de acercarse a alguna posibilidad del español ponen una torta similar mediante supuestas traducciones como “rayita de piso”, “piso”, “barra-piso”, “barra baja”, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manera peculiar de complicarse la vida y querer apostar a la sabiduría máxima, cuando sería tan sencillo hablar de un guion bajo o guion de subrayado, entre otras posibilidades. Se trata de una pequeña raya que se ha desplazado desde la posición media, donde ha cumplido tradicionalmente otras importantes funciones escriturales, hasta el borde inferior de la línea. No es una “barra”, la barra es distinta y alude a ese otro referente al que otros anglófilos se empeñan en denominar “ESLASH”. Una barra de esa naturaleza puede mantenerse en su forma totalmente vertical o inclinarse un poco cuando la necesidad lo precisa ( / ), pero no por ello deja de ser una B-A-RR-A para devenir en un(a) “eslash”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo olvidarme tampoco de quienes por una parte pronuncian &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;cibernética &lt;/span&gt;y &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;ciberespacio&lt;/span&gt;, pero por la otra parecieran torcer la vocal “i” de la primera sílaba cuando aluden a un &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;“sáibercafé” &lt;/span&gt;o sencillamente a un &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;“sáiber”&lt;/span&gt;. Algo luce aquí contradictorio. Inciden en esto asuntos ideológicos relacionados con el valor social de las expresiones. Ciertos “anglobalizados” fanáticos se sienten más cerca del cielo cuando practican estas extrañas maneras de comportarse lingüísticamente. El español les ofrece la misma oportunidad de lucirse pero parecieran rechazarla por extraños motivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo perjudicial de esta situación es que los hablantes comunes, los que no tienen acceso a los medios masivos de comunicación, terminan repitiendo lo que escuchan de aquellos que, a veces sin saberlo, hacen de hablantes públicos. Tampoco se trata de llegar a los extremos de un tozudo vecino nuestro que alguna vez nos aseguraba ser adicto a una bebida escocesa cuya “marca” era- según él- “Juancito el caminador”. Se refería a la marca de güisqui “Johnny Walker”. Ni calvo ni con bisoñé. No obstante, sí creo que quienes, por alguna razón, somos hablantes públicos, debemos tener conciencia de nuestras funciones como multiplicadores del lenguaje. Y también de que podemos contribuir a multiplicar lo bueno, lo malo, lo mediocre y lo adecuado de la lengua que hablamos o en la que escribimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces los hablantes públicos que creen sabérselas todas, se convierten en difusores de gazapos o de expresiones inadecuadas, fácilmente sustituibles con recursos del español. Imposible no recordar en tales casos el viejo chiste del maestro que, en la seguridad de estar cumpliendo con su labor pedagógica, corrige a un alumno al escucharlo pronunciar la palabra “Culantro”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡“Culantro” es un vulgarismo, Luisito! Se dice “CI” en lugar de “CU” “cilantro”. ¡CI-LAN-TRO!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Obediente ante la enseñanza del docente, el chico sorprendió a todos los compañeros de clase al día siguiente. Llorando sin parar, el niño no cesaba de repetir lo que muy pocos entendían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué te ha ocurrido? ¿Qué pasó? ¿Qué dices? ¡Habla claro!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Una cilebra, maestro! ¡Una cilebra me mordió en el cilo!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;----------------&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Referencia de la imagen: www.gaturro.com&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="color: rgb(255, 0, 0); text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;a href="http://luisbarreralinares.blogspot.com/"&gt;CONECTAR CON MI PÁGINA PERSONAL&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-7538206964178575313?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/7538206964178575313/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=7538206964178575313&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/7538206964178575313'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/7538206964178575313'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2010/06/siempre-he-creido-que-no-hay-hablante.html' title='¿(An)globalización?'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/TBVwPnGByMI/AAAAAAAAADY/ppAiJBY4jCU/s72-c/teleaula+caricatura.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-7847588224816806212</id><published>2010-04-26T16:23:00.013-04:30</published><updated>2010-04-29T07:43:03.828-04:30</updated><title type='text'>“Luchar contra el sistema”</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/S9X_ArNwNlI/AAAAAAAAADQ/w_KU46vHBBg/s1600/Sistema+ilustraci%C3%B3n.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 240px; CURSOR: pointer" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5464554109949458002" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/S9X_ArNwNlI/AAAAAAAAADQ/w_KU46vHBBg/s320/Sistema+ilustraci%C3%B3n.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;meta content="text/html; charset=utf-8" equiv="Content-Type"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 10"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 10"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CLUISBA%7E3%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Los primeros encontronazos con esa oscura entidad nombrada “&lt;b&gt;sistema&lt;/b&gt;” los tuve durante mis tiempos de bachillerato. Eran mis reuniones primerizas con algunos “dirigentes políticos” de los partidos de izquierda de aquella época. Los escuchaba vociferar y discutir sobre las condiciones del “sistema opresor” y la necesidad de luchar contra él (o ella). &lt;?xml:namespace prefix = o /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Envuelto en mi ingenuidad, no estaba yo seguro de que “aquello” a lo que aludían fuera gramaticalmente “masculino” o “femenino”. Si me atenía a las clases de castellano de mi primer año en el liceo, debía haber concluido que “si termina en a” debería ser femenino, aunque la anteposición del artículo masculino me indicara todo lo contrario. Una verdadera contradicción, según mi lógica adolescente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Reflexiones algo absurdas de un imberbe estudiante de secundaria, que a nada llegaron porque, “asexuado y desgenerado”, el fulano sistema seguía allí, inamovible, muy a pesar de que quienes hacían de orientadores ideológicos insistían en que la “guerrilla” (en pleno auge), la lucha de clases, la conciencia revolucionaria y otros aditamentos se habían venido fortaleciendo justamente para acabar con el “sistema imperante”. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Pamplinas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Pasó el tiempo y el fulano sistema se mantenía incólume. Total, me decepcioné de varios de aquellos “dirigentes” que comenzaron dándonos lecciones con una supuesta mano izquierda que no pocas veces devino a la posteridad en una “siniestra derecha”. Incomprensible, pero así es. Nunca entendí los acomodos ideológicos y más tarde confirmé que en efecto si eres político, hoy puedes estar de frente contra “un sistema” y mañana harás todo lo posible para que “se mantenga sin mantenerse”. &lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;Cantinflas dixit. Dialéctica, acomodo, reajuste, sinergia, conveniencia, oportunismo... Asígnele el lector o lectora el nombre que quiera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;No obstante, digamos que nadie daba explicación sobre lo que era el “sistema” aludido, pero todos intuíamos de qué iba la cosa. Aparte de que en otras clases habíamos oído hablar de “sistema o aparato digestivo”, “sistema o aparato respiratorio”, “sistema nervioso”. Y, por supuesto, en Matemática, del “sistema métrico decimal”. Sin olvidar en otros campos el sistema judicial, el sistema planetario, el sistema solar, las lenguas como “sistemas” y muchos etcéteras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Todos aparentemente claros, con referentes medianamente definidos, concretos, aunque no es así en estos días de clima tan poco sistemático. Hoy día el &lt;b&gt;sistema&lt;/b&gt; es algo más complicado que cualquiera de las acepciones referidas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Sin saber por qué, y para buscar explicación al cambio de significado, he recordado una anécdota de finales de los setenta. Tiene que ver con la ocasión en que se me ocurrió aceptar que, como decía la propaganda oficial, “cualquier ciudadano venezolano” tenía derecho a solicitar una beca de estudios en el extranjero ante la recién instaurada Fundación Gran Mariscal de Ayacucho. Pues, como “cualquier ciudadano” que yo era, me atreví a hacerlo, sin tener padrinos políticos ni burocráticos, únicamente amparado en lo que yo suponía era un aval: mis calificaciones de pregrado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Equivocación total&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Cuando correspondió, leí en el diario la lista de becas asignadas para estudios de postgrado y constaté que a lo mejor aparecían muchos “cualesquiera ciudadanos” allí, pero mi nombre no figuraba por ninguna parte. Nada. Decidí entonces acudir a la sede de la Fundación a solicitar la razón para que se me hubiese excluido y la palabrita “sistema” volvió a golpearme sin piedad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;La coordinadora del programa era una señora robusta, de cachetes inflados y voz de soprano decadente, para mi asombro con acento y apellido portugueses (Soares). Sin anestesia y sin ninguna clase de remordimiento ni pudor, la doñita me respondió en una especie de portuñol mezclado con dialecto maracucho:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;-Tiene buenas notas, pero no es culpa nuestra, &lt;u&gt;la beca se la ha negado el sistema&lt;/u&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Días después, para “desafiar al sistema”, mi esposa y yo habíamos tomado la decisión de que nos iríamos en viaje de estudios, aunque en mi caso hubiera de hacerlo a expensas de nuestros menguados ahorros. Así lo hicimos y, oh sorpresa, un año y medio después me encontraría de nuevo a la señora Soares. Andaba de “ronda supervisora” por toda Europa “visitando” a los becarios de la Fundación. Es decir, favorecida por el sistema de mis tiempos de bachillerato, la señora llevaba dos meses haciendo “turismo académico”. Como ni siquiera me reconoció, no tuve ocasión de preguntarle si también su alianza con el sistema incluía los boletos y estada de la familia que la acompañaba (esposo y dos hijos adolescentes), pero intuí la posible respuesta como positiva.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;En mí se fundieron y confundieron entonces dos conceptos de sistema: el viejo, al que aludían los dirigentes del liceo (el que apoyaba a la señora Soares para viajar con su familia en nombre y a expensas del gobierno) y el nuevo (al que ella había aludido para explicarme por qué yo había quedado fuera de la lista de becarios).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Desde ese día comencé a preguntarme cuál de los dos sistemas será más perverso, si el político o el informático. Y lo digo porque ahora, en tiempos de teclados, claves, pines y pantallas, todo es sistemático, menos los sistemas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Para ratificarlo, no tiene usted más que hacer una llamada telefónica y basta. O visitar alguna institución que opere con cualquier tipo de máquina distinta de un ábaco. Entre las respuestas consuetudinarias que puede obtener quien hace la llamada, la visita o la consulta vía Internet están: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;-Disculpe, no puedo darle la información porque no hay &lt;b&gt;sistema&lt;/b&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;-Llame un poco más tarde, el &lt;b&gt;sistema&lt;/b&gt; está muy lento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;-Sus datos no aparecen en el &lt;b&gt;sistema&lt;/b&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;-El &lt;b&gt;sistema &lt;/b&gt;esta “colapsado”, inténtelo en otro momento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;-Error del &lt;b&gt;sistema&lt;/b&gt;, consulte más tarde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;-Su nombre ha sido rechazado por el &lt;b&gt;sistema.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Le avisaremos cuando haya&lt;b&gt; sistema.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Clave de acceso al &lt;b&gt;sistema&lt;/b&gt;, negada.&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;El &lt;b&gt;sistema&lt;/b&gt; no está operativo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;-Hay incompatibilidad entre su &lt;b&gt;sistema&lt;/b&gt; y el nuestro. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; MARGIN-LEFT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;-Lamentablemente, su solicitud sobrepasa las posibilidades de nuestro &lt;b&gt;sistema&lt;/b&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;De modo que el bendito &lt;b&gt;sistema&lt;/b&gt; de este tiempo&lt;b&gt; &lt;/b&gt;es una superpoderosa entidad, sin rostro, sin voz, sin cuerpo, sólo con un inmenso cerebro capaz de controlarlo todo, sin cuyo apoyo y soporte uno prácticamente es nadie. No se trata de las tres divinas personas sino de mucho más que eso. El sistema es responsable directo (pero invisible) de cualquier cosa que pueda ocurrir en el mundo moderno. Todo se le achaca a él, sin dudas de ninguna naturaleza. Es capaz de todo y de nada. Y ni siquiera podemos insultarlo, agradecerle o halagarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;El &lt;b&gt;sistema &lt;/b&gt;va, viene, se oculta, regresa, se esfuma, no responde…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Tanta es su injerencia en la vida contemporánea que nada seríamos sin él, pero también nos hace sentir mínimas partículas del universo. Somos humillados, alabados, felicitados, congratulados por algo que tiene nombre pero no es cosa, no es cuerpo, no es materia. No es gaseoso, ni líquido ni sólido. Etéreo es un vocablo muy elegante para designarlo, pero por ahí va.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;El sistema es un misterio insondable que está en cada mínimo recodo de nuestra vida. Hasta el punto de que mi tía Eloína, arriesgada y emprendedora incluso ante lo enigmático,&lt;span style="font-size:0;"&gt; &lt;/span&gt;llamó hace poco a la central de reservaciones de una línea aérea, con el propósito de ratificar que viajaría al día siguiente en el vuelo para el cual había adquirido un boleto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;Después de cuarenta y cinco minutos repartidos entre frases como “espere un momento, por favor, señora”, “gracias por esperar en línea, señora”, “déme su nombre completo de nuevo, señora”, “repítame el localizador, señora”, “¿en qué agencia adquirió el boleto, señora”, la conclusión no pudo ser más contundente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; MARGIN-LEFT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;-Señora Padrón, gracias por su paciencia y le ruego, señora, que disculpe, pero su reservación no aparece y no se puede hacer nada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; MARGIN-LEFT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;-¿Cómo que no se puede hacer nada? ¿Y de quién es la culpa?, ¿Mía? ¡Páseme con la Gerencia, por favor!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; MARGIN-LEFT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;meta content="text/html; charset=utf-8" equiv="Content-Type"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 10"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 10"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CLUISBA%7E3%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%"&gt;-Lo siento, señora, disculpe,&lt;span style="font-size:0;"&gt; &lt;/span&gt;en la Gerencia no hay nadie, la licenciada “gerente” está de viaje, pero le adelanto que tampoco ella podría hacer nada. &lt;u&gt;Es culpa del sistema&lt;/u&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:100%;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt; MARGIN-LEFT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:14;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;-Pues entonces, carajo, ¡páseme al sistema!, ¡quiero hablarle!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt; MARGIN-LEFT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:14;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;a href="http://luisbarreralinares.blogspot.com/"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;--------------------------&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt; MARGIN-LEFT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 200%;font-size:14;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:85%;" &gt;&lt;a style="COLOR: rgb(255,0,0)" href="http://luisbarreralinares.blogspot.com/"&gt;CONECTAR CON MI PÁGINA PERSONAL: CLIC AQUÍ&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt; MARGIN-LEFT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;--------------------------&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; LINE-HEIGHT: 200%; TEXT-INDENT: 35.4pt; MARGIN-LEFT: 35.4pt" class="MsoNormal"&gt;Referencia de la imagen: &lt;meta content="text/html; charset=utf-8" equiv="Content-Type"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 10"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 10"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CLUISBA%7E3%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} p.MsoHeader, li.MsoHeader, div.MsoHeader 	{margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	tab-stops:center 212.6pt right 425.2pt; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:595.3pt 841.9pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 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float: right; cursor: pointer; width: 320px; height: 247px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/Szf8gG7RIqI/AAAAAAAAACw/viQeYic3v8s/s320/Manuel+Berm%C3%BAdez+Foto+Yanny+Montilla+Archivo+El+Nacional.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5420078305108894370" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con absoluta claridad puedo rememorar el día que “me filtré” en una clase del profesor Manuel Bermúdez. Era en el aula 28 del tercer piso del viejo Instituto Pedagógico de Caracas. La puerta del salón estaba entreabierta, pero preferí ubicarme detrás de la pequeña ventanilla que permitía visualizar con cierto disimulo lo que adentro estuviera ocurriendo. Desde allí podía incluso escuchar las consonantes fuertemente articuladas de Manuel. Pude además leer un poema escrito en el pizarrón, con letra nítida, legible, de trazos gruesos: la primera línea lo intitulaba (“Cazador”) y luego seguían los ocho versos que lo componían:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;¡Alto pinar!&lt;br /&gt;Cuatro palomas por el aire van.&lt;br /&gt;Cuatro palomas&lt;br /&gt;vuelan y tornan.&lt;br /&gt;Llevan heridas&lt;br /&gt;sus cuatro sombras&lt;br /&gt;¡Bajo pinar!&lt;br /&gt;Cuatro palomas en la tierra están.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, aparecían un poco a la derecha las iniciales del autor: FGL.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más adelante supe que aludían a Federico García Lorca, del cual el mismo profesor recitaría después “Las piquetas de los gallos /cavan buscando la aurora/ cuando por el monte oscuro / baja Soledad Montoya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde mi atalaya de “asomado”, la oralización de ambos textos y una curiosa gestualización del profesor, mientras explicaba, llamaron mi atención. Inmediatamente comprobé algunos "datos" que ya conocía de él por referencias.  Decidí entonces abrir más la puerta, entrar y sentarme cual intruso en el primer pupitre que observé desocupado. Escuchar luego sus particulares acercamientos  a la poesía y decidir quedarme allí extasiado fueron una sola y única cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día constaté que hay pálpitos a los que debe atenderse cuando se presentan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bermúdez había sido para mí una leyenda nacida de los comentarios de algunos de sus exalumnos. Dos años a trote lento y seguro por las aulas del liceo Cristóbal Mendoza, de Trujillo, habían sido suficientes para marcar a toda una generación de jóvenes que ya para esos días se pavoneaban por las aulas de la Universidad Central de Venezuela y el Instituto Pedagógico. Con ellos había compartido el profesor Bermúdez largas conversas no exentas de lo “espirituoso” y de algunos de ellos había yo escuchado acerca de la magia de su verbo legendario, directo, sin cortapisas ni eufemismos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese mismo día de mi “intrusión”, quiso la suerte que yo también llamara la atención del docente,  al responder (sin que me correspondiera) dos curiosas preguntas de esas con que solía sorprender a los grupos que lo escuchaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por alguna razón citó alguna otra estrofa diferente, a guisa de ejemplo de algo que ya he olvidado, y preguntó cómo se llamaba una figura retórica presente en uno de los versos. Con la actitud vacilante propia del tímido (y además coleado) me atreví a levantar la mano y a pronunciar en tono casi inaudible:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   -A-pó-co-pe&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El profesor me observó, abocinó y torció los labios de la manera tan particular como lo haría hasta siempre, me señaló moviendo el índice de su mano derecha, como si me apuntara, y volvió a preguntar por la figura contraria, a lo que casi sin aliento también  respondí:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   -Aféresis&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su comentario posterior sería contundente y definitivo, no tanto por lo que yo había respondido, sino por las risas que ocasionó en el grupo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   -…ñó, este carajito va a ser bueno…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años después, en alguna de las muchas conversaciones que sostuviéramos, yo le confesaría que, más que conocimiento procesado, mis respuestas habían obedecido a la afición de “crucigramero” que yo había adquirido durante mi adolescencia, en mi labor como recepcionista nocturno de un hotel del centro de Caracas. Pura memoria, repetición mecánica. Allí, en las horas muertas, cuando no estaba leyendo a Marcial La Fuente Estefanía o a Agatha Christie (a veces también a José Rafael Pocaterra), gastaba mis ratos de ocio resolviendo libros completos de crucigramas. Hasta el punto de que no me había sido difícil memorizar las dos frases hechas de que me había valido para contestarle en aquella ocasión, expresiones por lo demás infaltables en cualquier crucigrama que se precie: “apócope de santo” (respuesta automática “san”), “Aféresis de señor” ( “ño”/ “ñor”).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Obviamente, la risa no se hizo esperar. Pero también pude expresarle a Manuel Bermúdez que estaba yo agradecido por el hecho de que una circunstancia tan fortuita y azarosa como aquella me hubiera permitido entrar en “su reino”. Porque a partir de allí me hice fanático de sus cursos de análisis literario y sus escritos. Asumí que uno puede adoptar también a sus maestros, escoger a aquellas referencias que habrán de marchar contigo por el mundo y convertirlos en modelos conductuales a emular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ello me permitió hacerme adicto también a sus modos tan particulares de mostrar las cosas más abstractas, principalmente a partir de un discurso en el que solía mezclar todo tipo de referentes: desde las alusiones recurrentes a escenas y escenarios de Apure hasta algunos atractivos pasajes de la literatura, pasando por la cotidianidad del lenguaje del venezolano, sin olvidar una que otra anécdota referida a la vida de importantes personajes históricos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy puedo reiterar orgulloso que Manuel Bermúdez fue MAESTRO (con todas las mayúsculas) y que permanecen en mi memoria sus recurrentes comentarios picantes, inteligentes, sus libros, sus escritos en la prensa, sus charlas salpicadas de humor y picardía, los muchos vocablos inconfundibles de su léxico llanero-trujillano-universal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto lo supo Manuel antes de ausentarse físicamente, este pasado 15 de diciembre de 2009. Pude decírselo en varias ocasiones e incluso por escrito en algunas de mis dudas melódicas. Afortunadamente, no tuve que esperar a que decidiera marchar de nuevo al cielo de Perro Seco (el barrio pobre de San Fernando de Apure donde naciera un 1 de junio de 1930) para hacerle saber que seguirá conmigo por el resto de mi camino profesional y personal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No voy a abundar en los seis o siete libros que Bermúdez publicó, quizás pocos para los abundosos en páginas insustanciales y perecederas, pero, en su caso, suficientes para permanecer mucho más allá del 15 de diciembre de 2009. Cito como mero ejemplo,  uno que habremos de recordar por siempre: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Enciclopedia rústica de personajes insignificantes de Apure&lt;/span&gt; (Caracas: UPEL, 2005). En sus brevísimas e irónicas historias  confluyen todos los “Manueles” que conocí y con los que compartí: el docente culto y profundo que, para no echárselas, se hacía el trujillano; el humorista incansable; el conocedor cabal del idioma, el experto en semiótica, el dicharachero, el ser humano siempre bien intencionado y de lenguaje transparente, cortante, sincero, ajeno a la hipocresía. Dejo para muestra un breve botón textual que para cerrar esta duda he extraído de ese volumen (p. 53):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;LLÓVERA, LLOVERA Y LLOVERÁ&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Cuando a Vitoco le presentaban a una persona él se identificaba con esas variantes prosódicas del apellido. Y cuando sus amigos se lo criticaban simplemente respondía, porque los apureños somos así. Nos gusta "echar cachos" y jugar con las palabras. Somos cambiantes, como las velocidades de un carro. Yo veo a don Chucho Hernandez, que tiene bastante centavo, y meto la primera, o sea, trato de hablar bien; pronuncio las eres (R) y las eses (s) como lo hace el maestro Mayora O. Y aunque don Chucho no me corresponda bien, porque es tacaño hasta con lo que dice, yo sigo emprimerado. Cuando hablo con Portalino González, que es camionero, pero comerciante, meto la segunda y lo tuteo, y cuando converso con Rosquillo que es músico como yo, o con Guerrita, que es mi maestro de mecánica, meto la tercera y sigo rueda libre con la chola puesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día que Vitoco conoció a don Ángel Rosenblat, que andaba haciendo una investigación lingüística sobre los indios taparitas, cuando le dio la mano le espetó: Llóvera, Llovera y Lloverá Y el filólogo, que conocía a los llaneros por el tacto fonético, le preguntó: señor Llovera, ¿usted es agudo, grave o esdrújulo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------------------&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Fotografía: Yanny Montilla (El Nacional, Caracas, 16-12-2009)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://luisbarreralinares.blogspot.com/"&gt;PARA CONECTAR CON MI PÁGINA PERSONAL, CLIC AQUÍ&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-2376644949536098048?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/2376644949536098048/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=2376644949536098048&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/2376644949536098048'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/2376644949536098048'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2009/12/manuel-con-b-de-bermudez.html' title='Manuel con B de Bermúdez'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/Szf8gG7RIqI/AAAAAAAAACw/viQeYic3v8s/s72-c/Manuel+Berm%C3%BAdez+Foto+Yanny+Montilla+Archivo+El+Nacional.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-7483850004990467879</id><published>2009-09-05T15:51:00.004-04:30</published><updated>2009-11-16T20:59:12.057-04:30</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Títulos doctores nobiliarios'/><title type='text'>Entre títulos, titulados y tratamientos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/SqLI05PurwI/AAAAAAAAACo/mriD7Er5EnI/s1600-h/Caricatura+hombre+invertido+con+toga+invertido.png"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 269px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/SqLI05PurwI/AAAAAAAAACo/mriD7Er5EnI/s320/Caricatura+hombre+invertido+con+toga+invertido.png" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5378081716079341314" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Suelo recordar un pequeño cartel que un legendario director del diario venezolano &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Últimas Noticias&lt;/span&gt;,  con quien colaboré algunos años, Nelson Luis Martínez, tenía en el lado derecho de su escritorio, como para resolver las dudas de quien llegare a visitarlo y no supiera cómo tratarlo: “Ni Doctor ni Licenciado, simplemente Nelson Luis”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y lo repito cada vez que puedo porque la actitud de aquel Señor (con mayúscula y sin ínfulas) que fue Nelson Luis contrastaba notoriamente con  las de otros señores/señoras (con minúscula y muchas ínfulas) con quienes he mantenido vínculos relacionados con el periodismo u otras actividades. No soportan que se les llame por su nombre o que simplemente se les apele con el tratamiento respetuoso de señor Fulano o señora Mengana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O me llamas doctor, licenciado o maestro o no te dirijas a mí –parecen decirte con la mirada fulminante y los labios retorcidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cada vez que me topo con alguno-a de esos sujetos o sujetas que ansían un doctorado o una licenciatura delante de su nombre, no tengo más remedio que evocar el siguiente diálogo parecido al que alguna vez escuché en una película mexicana:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El funcionario llama a uno de sus colegas:&lt;br /&gt;-Aquí estoy, dígame, doctor.&lt;br /&gt;-Le digo doctor. Necesito que me llame, licenciado, a…&lt;br /&gt;-Lo llamo licenciado. Y ahora usted dígame para qué me llamó, maestro.&lt;br /&gt;-¡Para qué me llamó maestro!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, en las interminables longanizas de tráfico capitalinas, me detengo a escuchar algunos programas radiales de entrevistas en ciertas emisoras, principalmente de Caracas. Y entonces capto que ya no son solamente los títulos de doctor y licenciado los tratamientos anhelados por alguna gente que piensa que “el título hace al monje”. También hay quienes, por haber sido alguna vez embajadores, ministros,  presidentes o parlamentarios, suelen quedarse con tales títulos aun muchos años después de haber dejado el cargo para el que alguna vez fueron designados o electos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos conductores-as de programas de radio/televisión  no dudan jamás en hablar de “el embajador tal” (que ya no es embajador), la ministra equis (que alguna vez pasó por un despacho ministerial, y ahora es ama de casa) o el presidente cual (cuyo lapso presidencial cesó hace ya bastante tiempo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Habrá que aclararles que tales tratamientos no aluden a títulos permanentes sino a cargos? Y, aunque también es cierto que no siempre el asunto proviene de los aludidos, ellos nada hacen para que no se les trate con tales vocativos. Como quien dice: se hacen los pánfilos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y con esto de los títulos y titulados, es imposible no aludir a los abogados. Siendo los profesionales supuestamente formados para velar por el cumplimiento estricto de las leyes, parecieran comenzar a transgredirlas desde el mismo momento en que reciben el título de A-BO-GA-DOS. Acabo de vivir la experiencia de un muy joven “Licenciado en Derecho” (título obtenido en el extranjero, revalidado, según él, en el país) quien casi a la fuerza exige que se le anteponga el “doctor” antes de su nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco olvido las veces en que algún abogado de la universidad ha preguntado a alguno de mis colegas con verdadero título de Doctor ( en Química, en Matemáticas, en Física o en Letras) cuál es su especialización, “¿en qué rama del derecho trabaja usted, colega?”. Sin dejar de mencionar a aquellas personas que, a sabiendas de que alguna vez hemos obtenido algún doctorado aunque sea en dominó, nos llaman para solicitar una consulta legal o el remedio para alguna enfermedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Doctor no es sinónimo de profesional universitario. No es una condición. No es un cargo ni público ni privado. El doctorado es un título académico otorgado por una universidad. Y claro que hay abogados, médicos, ingenieros, psicólogos, economistas y muchos otros profesionales que en efecto son doctores debidamente titulados. Por lo general, justamente a quienes poco les importa que se les apele con ese título por delante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La situación nos recuerda el chiste del limpiabotas (bolero, lustrabotas, betunero, sacalustres) a quien acude un antropólogo recién egresado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Se los limpio, doctor?&lt;br /&gt;-Sí, bien pulidos.&lt;br /&gt;-¡Claro que sí, doctor!&lt;br /&gt;-Si te apuras, mejor, tengo una cita de trabajo.&lt;br /&gt;-Tranquilo, mi doctor.&lt;br /&gt;-Oye, ¿y cómo sabes tú que soy doctor, si me acabo de graduar?&lt;br /&gt;-¡Fácil, doctor, en esta vaina todo el mundo es doctor!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este asunto de los doctorados a diestra y siniestra parece guardar alguna relación con el valor social que en algunas sociedades europeas han tenido y tienen los títulos nobiliarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabemos que todavía hay países europeos  que viven bajo gobiernos encabezados por un rey o una reina. Y que la descendencia directa y colateral, la parentela y algunos otros, claman por tener en su haber algo que certifique que son “marqueses-as“, “condes-as”, “duques-as”, “infantes-as”, para no aludir a los “principados”, “vizcondados”, “señoríos “ y “baronatos”. Y así hay que llamarlos cuando te diriges a ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En nuestro caso tropical, habría que hacerlo con dos títulos sucesivos: “El  doctor y vizconde de Quisiro”, “La doctora y Duquesa de Achaguas”, “El doctor y príncipe de los Puertos de Altagracia”.  Para no decir nada de los casos en que, en algunos mercados negros y no tan negros, hasta puedes comprar legalmente un título de nobleza… y hasta un doctorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, nuestras estirpes criollas suplen la carencia de tales denominaciones alcurniosas, asumiendo que todos los universitarios somos integrantes de una “vasta casta”, la de los doctores. Casi podría decirse que algunos sueñan con la posibilidad de ascender alguna vez y pasar de la nobleza criolla de los doctorados a la aberrante nobleza europea de los títulos nobiliarios (no tildarme de “resentido” por favor, soy sobrino de una Condesa, mi tía Eloína). No es extraño entonces que desde hace algún tiempo la gente haya intuido ese oculto y ancestral deseo y en estos días se esté imponiendo otro tratamiento que nos acerca a la tan deseada sangre azul: “mi rey”, “mi reina”, “mi príncipe” o “mi princesa”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Referencia de la imagen: &lt;/span&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 10"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 10"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CLUISBA%7E3%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt; 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Entre un bolero cantado a media luz y una buena resaca producto de la trashumancia por lugares que rinden culto al Dios Etilo, nominación tropical con que mi tía Eloína alude al Baco romano o Dionisos de la antigua Grecia, Amengual no permite que un personaje suyo pase por una página sin haber realizado obligatoria parada en un tugurio, botiquín, taguara, bar o terraza donde calmar la sed que generan no sólo los aburrimientos o conflictos cotidianos sino también las penurias de la vida urbana contemporánea. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:100%;" &gt;Y si no hay lugar apropiado en el recorrido que hace el personaje, pues cualquier línea del texto es propicia para que una botella de caña clara, de ron, de güisqui o de cerveza, amainen las gargantas cansadas de quienes se mueven en el interior de sus relatos. En suma, casi todos sus personajes son beodos empedernidos. Los que no beben en la entrada, lo hacen a la salida, en público o en privado, con motivos o sin ellos, no importa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:100%;" &gt;Ésa es la primera idea que en mi memoria de lector han dejado las dos novelas suyas que hasta el presente conozco. De la primera, &lt;i style=""&gt;El pozo de la historia&lt;/i&gt; (2006) no voy a decir nada por cuanto no es la estrella de esta crónica. Apenas puedo recordar entre mis anotaciones la vida movediza, desgreñada, ora abrupta, ora irónica e incluso humorística, de un estudiante de psicología y empleado del Archivo Histórico con nombre de compositor de boleros: Rafael Hernández. Y lo digo porque justamente ése ha sido otro de los ganchos al hígado de mis pupilas que Mario ha logrado conectarme con su segunda novela, titulada &lt;i style=""&gt;El cantante asesinado&lt;/i&gt; (Caracas: Bid&amp;amp;Co, 2009). En pleno tono de bolero, el autor casi nos insinúa de entrada “Voy a contar la historia de un cantante…” Y, como los buenos narradores, comienza matándolo en la primera página para dedicar el resto de la novela a contarnos la vida accidentada de Álex Aldao: cantante excepcional convertido primero en mendigo y después en cadáver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi caso particular de lector silvestre, no hay quien hable o escriba de boleros, de música popular y de los ambientes nocturnos que no logre engancharme en sus propósitos. Y si el protagonista es “borracho, parrandero y jugador”, no hay en mi caso más remedio que acudir a la lectura. Por eso me he paseado esta vez por la historia de Álex Aldao. No voy a describir la novela completa porque, aparte de fastidioso y aguafiestas, &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;rompería con el hechizo que significa leerla sin conocer nada de su contenido. Diré sólo que conmueve verdaderamente, no sólo la vida atrabiliaria y misteriosa del protagonista, sino también el poder encantatorio de que el autor ha provisto al personaje para ofrecernos su historia de vida. Por similitud fonética, pareciera obvio que un guitarrista e intérprete como Aldao &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;sea un EN-CANTANTE, o si se prefiere, un cantante que ni siquiera venido a menos y convertido en piltrafa humana perdió &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;la facultad que lo emparentaba al flautista de Hamelín, con la diferencia de que no sólo era capaz de encantar a ratones y niños, sino a cualquier ser viviente que se detuviera a escuchar su voz y su guitarra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:100%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En &lt;i style=""&gt;El cantante asesinado&lt;/i&gt;, Mario Amengual toca varios perfiles de la novela contemporánea y sale bien librado. Lo primero que hace es incurrir en el filón de lo policial, al convertir a un abogado (Ricardo Delgado) en el detective insidioso, obsesivo y pertinaz que busca resolver un crimen que muy poco hubiera interesado a cualquier otro. Con tanta clientela adinerada y poderosa, no son muchos los abogados contemporáneos a quienes podemos ver dedicados a aclarar el asesinato de un indigente. En segundo lugar, el contexto de la novela se mueve en el terreno de hurgar dentro de la psicología de unos personajes que cargan con una vida que parece significar muy poco para el resto de la sociedad: los indigentes y sus propios conflictos sociales, familiares y hasta políticos que, aunque no lo parezca, los padecen. Viven cotidianamente la rutina de una especie de sociedad civil subterránea y hasta podría decirse, suburbana: son los habitantes de una ciudad miserable ubicada dentro de la misma urbe de concreto que los mira con indiferencia, a veces incluso desconociendo que pueden llegar a ser &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;tan perversos como cualquier ser humano. Lo demuestra el modo como compiten por sus espacios y también la conducta y el celo que asumen cuando se ven amenazados. Y como al imbuirse en ese submundo pierden hasta sus nombres, pues terminan siendo nominados mediante apodos generalizantes como el Indio, el Oriental, la Tía Mayor, la Tía Menor, el Niche y el Chivo Eléctrico. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:100%;" &gt;&lt;span style=""&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Podría yo añadir que la propuesta de Amengual en esta ocasión trae como valor agregado el desarrollo de una historia de amor, casi de telenovela. El personaje principal transcurre prácticamente por todas las páginas del texto enamorado perdidamente de una chica, Mariane, tan buena ella como inmejorable es la voz del cantante. Y digo “buena” para no decir “buenota”, “buenísima” o “podrida de buena”. Acudo a la propia descripción del narrador para evidenciar la figura de la Mariane, a quien algún personaje referencial de la historia bautizara como “la hembra majestuosa”. Y no sin razón, véanla:&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;            &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:100%;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;        &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27pt; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“…espléndida figura de 1.72 m; dos piernas largas, robustas, torneadas, cintura estrecha, piel suave, entre pálida y ligeramente bronceada, redondos senos en plena correspondencia con su saludable delgadez, la firmeza de sus piernas, el ancho de sus hombros, y un rostro en el que su boca carnosa y su nariz perfilada no opacaban sus almendrados ojos color café ni su cabello negro azabache, liso y grueso, que caía como una tranquila cascada sobre sus hombros,” (pp. 31-32). &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:100%;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27pt; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:100%;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27pt; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:100%;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;¿Para qué más?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:100%;" &gt;Si alguien está interesado en contactar a esta estupenda chica, invitado está a visitar la novela. Seguramente Álex Aldao, el “cantante encantador” no tendrá problema en presentársela, pero sí lo tendría si usted llega a interesarse por tal monumento. Precisamente, el más grave incidente que vive Aldao es que no puede aspirar a una chica de tal naturaleza para él sólo y ella misma decide partirse y repartirse, ofreciéndose a otro personaje apodado el Portugués Renegado, con lo que la trama de la novela cae en otro ángulo explotado por el autor, el del tri-ángulo amoroso, que, para no hacer la trama tan simple como eso, termina convirtiéndose en un cuadrángulo al que se incorpora una dama entradita en años que será de mucho interés para la investigación del asesinato por parte del abogado Ricardo Delgado.&lt;span style=""&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:100%;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:100%;" &gt;Y también en el asesinato tiene mucho que ver la nocturnidad. Aldao es un cantante que en realidad mata tigres de toda naturaleza con sus melodías, pero, para mí, es obvio que su fuerte es el bolero. Tanto lo es que incluso el narrador llega a contagiarse del discurso propio de ese género musical y a veces describe circunstancias y pasajes con frases que muy bien pudieran ser parte de la letra de un bolero arrabalero, de esos que no rasguñan pero sí desgarran. Hay muchos, pero permítaseme citar apenas unos pocos ejemplos:&lt;span style=""&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:100%;" &gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“Álex albergó la &lt;u&gt;esperanza inútil&lt;/u&gt; de que Mariane estaba con el Portugués Renegado por temor…”( 42).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“…la felicidad era un beso en el abismo” (46)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“…lo dejó descargarse, [y] acusarla de &lt;u&gt;inconstante, pérfida y sin sentimientos&lt;/u&gt;...” (47)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“…se trataba de un castigo por haber renunciado a su familia y preferir las&lt;u&gt; intermitencias de una mujer voltaria”&lt;/u&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt; (50).&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;u&gt;Mariane fue esa tormenta&lt;/u&gt;, ese temblor de la tierra, ese toque de insensatez advenedizo…” (51).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“La &lt;u&gt;entrega y el deseo&lt;/u&gt; fueron su templo, su oración y su rito…” (59)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“..él &lt;u&gt;se rendía al encanto de sus besos y a la miel de su lujuria&lt;/u&gt;” (65).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“Yo puedo ser… tu virgen de burdel, tu diosa prostituta, tu princesa corrompida y zalamera.” (81).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:100%;" &gt;Si a esto uniéramos los nombres de algunos de los cantantes que con sus figuras adornan las paredes del bar orillero La Jumará (Agustín Lara, Daniel Santos, Olga Guillot, Toña la Negra, Tito Rodríguez, entre otros) y los títulos de algunas piezas que desfilan por las páginas de la novela (“Noche de ronda”, “Taboga”, “Qué te pedí”, “Déjame llorar”…), pues nadie podrá dudar que también &lt;i style=""&gt;El cantante asesinado &lt;/i&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;es un tributo al ambiente tropical del bolero, que llega incluso a emular el estilo de sus letras clásicas. Imagine entonces un coctel de esta naturaleza aderezado por la nocturnidad brumosa en que se mueven los personajes y&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;el ambiente de un botiquín de buena muerte (La Jumará) en el que el abogado Ricardo Delgado suele reunirse a conversar sobre la vida de Aldao con el maestro Lira, quien fuera el primer guía musical del futuro cantante durante su paso adolescente por un correccional.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:14;" &gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Esto y mucho más es esta breve novela cuyo ritmo narrativo invita a la lectura de un solo trago fondo blanco en la que la miseria, la decadencia, las zancadillas amorosas, la traición y la música popular sirven de escenografía para mostrar la existencia nómada, la pasión obsesiva y la muerte planificada en la oscuridad de un cantante que, como en el bolero, pudo haber sido y no fue. Una vez que, de interrogatorio en interrogatorio, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ricardo Delgado ha puesto en claro la historia y la causal del asesinato del cantante, sencillamente ha demostrado, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;en plena consonancia con el Dios Etilo al que se entregan todos los personajes de Amengual, que “no hay bar que por bien no venga.”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;*Texto de "presentación en sociedad" de la novela &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El cantante asesinado&lt;/span&gt; (Caracas: BID and Co, 2009). Caracas: 14 de mayo de 2009.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;a href="http://luisbarreralinares.blogspot.com"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;PARA CONECTARSE CON MI PÁGINA PERSONAL, CLIC AQUÍ&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-size:14;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-9081298893807506274?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/9081298893807506274/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=9081298893807506274&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/9081298893807506274'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/9081298893807506274'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2009/05/la-novela-de-un-cantante-encantador.html' title='La novela de un cantante &quot;encantador&quot;*'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/ShR3ivGHo8I/AAAAAAAAACg/y7JbQn5iKWA/s72-c/Cantante+asesinado+Car%C3%A1tula.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-3990540931364169286</id><published>2009-03-20T17:20:00.003-04:30</published><updated>2009-03-20T17:28:35.437-04:30</updated><title type='text'>Celulares, cedulares, celulosos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/ScQPy9PuFqI/AAAAAAAAACA/-Z1UA4at7QY/s1600-h/telefono_ocupado+en+la+poceta.png"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/ScQPy9PuFqI/AAAAAAAAACA/-Z1UA4at7QY/s320/telefono_ocupado+en+la+poceta.png" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5315390828312401570" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nadie lo duda, ni siquiera los que se han quedado en lo que Alvin Toffler denominó “la segunda ola” de la Humanidad, la época de la imprenta convencional, la radio, la televisión y, en general, los &lt;span style="font-style: italic;"&gt;mass media&lt;/span&gt;. La tecnología es buena, sus avances son importantes, su alto nivel de especialización ha contribuido a solventar muchos problemas del pasado de la raza humana. Y ningún invento sustituye a otro u otros, sencillamente se acumulan y, claro, llega un momento en que lo anterior termina siendo pieza de museo. Pensemos, por ejemplo, en la utildad que puede tener hoy el telégrafo frente al correo electrónico. Inevitable. El fax sigue allí en reposo, campeando, pero ya hay momentos en que lo pensamos como propio de la historia de las comunicaciones. No obstante…, siempre un “no obstante”, cómo dudarlo, también los avances tecnológicos nos mueven el piso de las costumbres, se aparean con la incertidumbre y más de una vez ponen “patas arriba” nuestra cotidianidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aceptamos la nueva tecnología sin rollos, nos valemos de sus ventajas, nos encanta la velocidad con que opera. Sin embargo, también es cierto que hay ocasiones cotidianas en que desearíamos que desapareciera para volver a la época de las cavernas. Principalmente, cuando nos acogota y nos saca de nuestras fronteras de la racionalidad.  Es decir, cuando por alguna razón rabiamos debido a  esa tendencia “leguleyomurphica” que hace que las dificultades se multipliquen cuando estamos precisamente en dificultades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dígame usted si no le ha ocurrido que le haya sonado el teléfono celular en las situaciones rutinarias más inverosímiles en que pueda usted encontrarse. Digamos que siguiendo el consejo de mi hijo menor (internauta, cibernauta, ficcionauta, virtualnauta, y todo lo que lleve ese sufijo posmoderno relacionado con el ciberuniverso “-nauta”), uno ha asumido que el celular es como la cédula. Por eso mi tía Eloína prefiere llamarlo “teléfono cedular”, cuando no “artefacto celuloso”, por ser tal vez el núcleo tecnológico de la contemporaneidad. En el mundo de hoy, su existencia casi responde abiertamente al lema promocional de una conocida tarjeta de crédito: no se puede salir ni vivir sin él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De cada cien personas que deambulan por el centro de la ciudad, por lo menos ochenta van con el celular pegado a la oreja como si fuera un apéndice de la audición. Unos ríen, otros gritan, algunas llevan rostro severo, depresivo o feliz. No importa a dónde vayan ni cómo vayan (en auto, a pie, en carretilla, en burro, en carroza o en limosina), casi todos o todas van dejando que su existencia se difumine a través de las celdillas de las antenas receptoras y repetidoras de señales “celulatosas”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todo se confabula para que uno o una no lo deje ni para ir al retrete. “Por si alguna emergencia”, es la excusa preferencial del gran colectivo. Y justo el retrete es el lugar en que con seguridad no dejará de sonar. Existe una misteriosa conjunción de constelaciones entre los celulares y el baño. Pareciera que la familia, los amigos, los allegados, los vendedores de cualquier vaina, las oficinas de cobranza, etc. adivinan telepáticamente que anda usted en labores de vaciado y limpieza intestinal para antojarse de marcar su número de celular  en ese preciso instante en que usted está al borde del abismo, tratando de ejecutar con total dignidad la tarea a la que se ha dispuesto cuando acude a la letrina a sentarse en la poceta. Habrá que pedir a la RAE la eliminación de la palabra “excusado” para referirse al baño porque ya ni para excusarnos servirá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dígame además si no le ha ocurrido que está metido o metida en un tráfico infernal, tratando de poner su automóvil en retroceso o buscando evadir algún obstáculo, para que justo en ese segundo crucial le suene en su bolsillo el bolero, la ranchera, el vallenato o la pieza rapera con que ha programado la señal de repique de su teléfono. Asegúreme, usted, dama contemporánea, moderna, inteligente, dispuesta, emprendedora, trabajadora, si no ha sudado la gota gorda en más de una oportunidad al intentar conseguir dentro de la caja de Pandora que es su bolso carrielero (su “cartera” decimos en Venezuela) el bendito celular que repica y repica y se esconde más en la medida en que más usted desea capturarlo dentro de aquel almacén de chino para responder a la llamada que alguien le está haciendo. Y una vez que, luego  de mucho esfuerzo y temblequeo, lo ha conseguido, pues ahora debe repetir la operación desespero a fin de buscar ¡ los lentes que le permitan leer el número de la llamada entrante!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ley de Murphy, sin duda, mientras más ansíe encontrar el equipo de marras, mayor dificultad tendrá para lograr su propósito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada digo de las diversas situaciones tragicómicas en las que la desesperación y los nervios  se apoderan de nosotros, al intentar acallar los chillidos del teléfono. Y el bendito equipo que no se apaga. Pongo ejemplos vividos y vivientes que son ya cotidianos en el siglo XXI. Si se ha olvidado usted de apagarlo o ponerlo en silencio, es casi seguro que su celular suene:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras usted está en misa, todo está en un pasmoso silencio, y el sacerdote está levantando la ostia hacia el cielo. ¡Cuántas miradas le llegarán como flechas imparables!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Justo en el instante en que alguien quiere contarle el chisme más importante de la semana. “Aló, mamá, soy Fulanito, olvidé decirte que me pidieron papel carta y plastilina para la clase de mañana” (son las once de la noche).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el mismo minuto en que estamos intentando convencer al vigilante de tránsito de que no veníamos simultáneamente conduciendo y  “hablando por teléfono”, y de que no hay razón para la multa,  la mordida o el matraqueo que estamos tratando de evadir. “¿El señor Tal? Lo estamos llamando para decirle que se ganó un viaje con todos los gastos pagos y…”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el momento preciso en que su nueva conquista está a punto de decirle que sí acepta salir con usted a comer, ir al cine y acceder a otros asuntos privados que sólo conciernen a ambos. “Aló ¿Luis? Hermanazo, tenía ganas de hablar contigo, vale, coño,  qué de tiempo ¿no?...”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio de un corneteo en el que usted sabe que no escuchará absolutamente nada de lo que le digan por mucho oído biónico que crea tener.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En situaciones en que vienen usted y su pareja cargados ambos con bolsas de mercado, sin ninguna mano libre ni posibilidad de agarrar aquel aparato para responder. La escena clímax de este tipo de evento es que a ambos, cargados hasta con bolsas en la boca, les suenen sus respectivos equipos simultáneamente. Ha pasado, lo aseguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No digo nada del mágico segundo del orgasmo, porque bien merecido se lo tiene si usted no ha tenido con su pareja o parejo la gentileza de apagar el bendito aparato cuando ambos han aceptado que la vida no es sólo trabajar, comer, beber y que también hay momentos de coyunta corporal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y dígame  además si quien lo está llamando no rabia porque usted no ha sido capaz de responder “¡inmediatamente el teléfono!”. ¿Para qué carrizo tienes un celular si no lo respondes? Es una pregunta frecuente en el ámbito de la familia, los amigos y los cobradores. Todos y todas esperan que  tengamos la mano, el dedo “cliqueador” y el oído prestos para responder en cualquier situación, a cualquier hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, que la tecnología ayuda, salva, conforta. Pero también jorunga la paciencia y una vez que hemos caído en su maraña, pocos harán muy poco para salvarnos, disculparnos o excusarnos de no poder responder las llamadas a tiempo.  Y eso que nada he relatado acerca de esos nuevos equipos multifuncionales que permiten hacer casi todo a través de ellos. No pasará mucho sin que salgan los teléfonos celulares que traigan hasta una lavadora virtual o una pareja o parejo incorporada-o. Será el tiempo de la total esclavitud porque ya no habrá excusa posible para convencer a los otros de la razón por la cual no pudimos atender su última llamada. La vida toda será una celda, una celda conectada a una antena.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://luisbarreralinares.blogspot.com/"&gt;PARA CONECTAR CON MI PÁGINA PERSONAL, HAGA CLIC AQUÍ&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:78%;" &gt;Fuente de la imagen:&lt;/span&gt; &lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;http://www.elmero.net/wp-content/uploads/2008/04/telefono_ocupado.png&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-3990540931364169286?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/3990540931364169286/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=3990540931364169286&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/3990540931364169286'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/3990540931364169286'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2009/03/celulares-cedulares-celulosos.html' title='Celulares, cedulares, celulosos'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/ScQPy9PuFqI/AAAAAAAAACA/-Z1UA4at7QY/s72-c/telefono_ocupado+en+la+poceta.png' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-5812452860013686526</id><published>2008-11-26T21:07:00.010-04:30</published><updated>2008-12-06T19:31:59.688-04:30</updated><title type='text'>DE LAS ACADEMIAS, LÍBRANOS, SEÑOR</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/SS39jQNsOrI/AAAAAAAAABs/HgbdaoDyu0E/s1600-h/aula+de+clae+caricatura+sobre+aula+virtual.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5273149520810359474" style="margin: 0px auto 10px; display: block; width: 320px; cursor: pointer; height: 275px; text-align: center;" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/SS39jQNsOrI/AAAAAAAAABs/HgbdaoDyu0E/s320/aula+de+clae+caricatura+sobre+aula+virtual.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;meta content="text/html; charset=utf-8" equiv="Content-Type"&gt;&lt;meta content="Word.Document" name="ProgId"&gt;&lt;meta content="Microsoft Word 10" name="Generator"&gt;&lt;meta content="Microsoft Word 10" name="Originator"&gt;&lt;link href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CLUISBA%7E3%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C10%5Cclip_filelist.xml" rel="File-List"&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} p.MsoHeader, li.MsoHeader, div.MsoHeader 	{margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 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También se sabe del enfrentamiento recurrente entre Ramón del Valle Inclán y la Real Academia Española, hasta el punto de que también ese autor hiciera gala de su ingenio para mofarse de aquella institución en su &lt;i&gt;Farsa de la enamorada del Rey&lt;/i&gt; (1920). Bien sabido es que esas instituciones que se llaman Academias de… han recibido recurrentemente innumerables críticas, sobre todo de aquellos que las miran desde fuera como templos dedicados a la holgazanería o a la adulancia colectiva entre sus miembros. Muchas leyendas se han elaborado en torno de lo que son no sólo las Academias, sino también los Académicos.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Dicha situación de leyenda, de fábula, de imaginería, ha contribuido a crear la imagen que usualmente tiene la gente común de lo que es un Académico. Me referiré exclusivamente a los Académicos de la Lengua, por ser el terreno con el que he mantenido mayor contacto.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Es usual que la gente idealice a un Académico como un centenario anciano sabio calvo (o con peluca o cabello teñido) que casi masca el agua&lt;span style="font-size:0;"&gt; &lt;/span&gt;y utiliza para ver unos lentes de cristal muy grueso, si todavía no lo ha vencido la presbicia o, en su defecto, una inmensa lupa con la que es capaz de percibir hasta los gazapos idiomáticos del Papa. Se trata de un señor que supuestamente sabe absolutamente TODO acerca de la lengua y/o la literatura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Su papel fundamental pareciera ser el de  una especie  de &lt;b&gt;policía lingüístico&lt;/b&gt; de mucha experiencia cuya palabra sobre lo que se dice o escribe&lt;span style="font-size:0;"&gt;  &lt;/span&gt;y  lo que se debe decir o escribir es definitiva. Incontestable.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;“Cazadores de gazapos que se amuchiguan en lenta turbamulta”, decía el venezolano Jesús Semprum de los críticos. Lo mismo podemos decir que piensa el común de las personas que son los Académicos de la Lengua.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Su presunta sabiduría es tanta que supuestamente conoce todas y cada de las palabras que han existido, existen y existirán en la lengua de la cual es Académico. O sea, una mezcla de Superman verbal, Hombre Biónico gramatical y Mujer Maravilla lexicógrafa cuya fuerza total reside en la lengua.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Cada vez que alguien confronta un dilema de tipo lingüístico, cada vez que el chamo no sabe cómo responder a la tarea de Castellano y Literatura, cada vez que algún gobernante comete algún desliz (o algo que se considere un desliz), pues no queda más remedio que acudir al Académico más cercano para solventar el asunto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Tanto es así que fíjense que la gente de verdad cree que un académico de la lengua es un señor que, como dice el ya anciano lema de la Real Academia Española:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;“Limpia, fija y da esplendor”.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;De acuerdo con esas creencias (a todas luces falsas), un académico debería ser más efectivo que un detergente, un lavaplatos extrafuerte: casi un infalible e irrefutable quitamanchas: “Limpia, fija y da esplendor”. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Esa misma tradición hace que un Académico viva en permanente riesgo de que cualquier cosa que haga, diga o juzgue pueda ser utilizada contra él mismo.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;No importa el lugar o el medio donde se encuentre, un Académico puede ser víctima del acoso generalizado por parte de cualquiera que albergue alguna duda sobre el uso del idioma. Si va al dentista, por ejemplo, no es extraño que&lt;span style="font-size:0;"&gt; &lt;/span&gt;mientras le taladra una muela, al odontólogo se le ocurra preguntarle:&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; text-align: justify;"&gt;-¿Por qué en Venezuela decimos &lt;b&gt;diábetes&lt;/b&gt; y no diabetes?&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Con qué cara puede responderse a esa pregunta por muy Académico que se sea, sobre todo en tan humillante y comprometedora situación como la de tener que dejarse enloquecer por el chillido de un taladro.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;En el supermercado u otros espacios, nunca falta la cajera, el ama de casa, el vecino o el profesional amigo que, nomás avistar a algún Académico conocido,&lt;span style="font-size:0;"&gt; &lt;/span&gt;lo increpen con sus dudas. Nadie le pregunta por la familia o por los amigos comunes, sino por el lenguaje.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Es usual además que los demás crean que los Académicos no asistieron a una escuela normal, de esas donde los chicos hacen diabluras con el lenguaje. Suponen que en esa escuela particular y casi única a la que supuestamente asisten los futuros Académicos de la Lengua les enseñan a ser siempre eufemísticos (palabra dominguera). Y no siempre se puede. A veces es necesario ser absolutamente disfemístico (otra palabra más dominguera todavía).&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;¿Por qué? Porque por muy “eufemístico” y por muy Académico que se sea,&lt;span style="font-size:0;"&gt; &lt;/span&gt;no hay nada más cursi y más ridículo que utilizar algunas palabras fuera de contexto, cuando las situaciones reales y concretas implican sacar a flote las que realmente se necesitan. Acudo a los ejemplos:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;¿Qué pensaría usted de algún señor Académico que en su caminata tropieza con el filo de alguna pared, se lleva un terrible golpe en la frente marchita e imitando a Batman y Robin exclame: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt; text-align: justify;"&gt;-¡Oucht!, ¡córcholis!, ¡sambombas!, me he lesionado la parte que cubre el lóbulo frontal de mi cavidad craneana.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt; text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;O, que el mismo señor llegue a su casa, abra la puerta, ponga rostro serio y, con entonación de actor de telenovela de los años sesenta, le reclame a la dama que convive con él:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt; text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt; text-align: justify;"&gt;-Querida cónyuge: me dirijo a ti formalmente con el propósito de participarte que no estoy contento con que por las noches estés visitando lugares de hospedaje ocasional con otros caballeros.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;En fin, posiblemente ésa es la imagen con la que se ha idealizado tradicionalmente a los Académicos. Seres imperturbables que presuntamente siempre hablan con el diccionario y la gramática en la mano y jamás como lo hace la gente común en todas partes.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color:black;"&gt;Acompaña a esa imagen errada el hecho de que además la gente piensa que un Académico debe ser más serio que una estatua o que una foto de papel moneda, que se le han secado las neuronas de la risa &lt;/span&gt;de tanto pensar en los asuntos de la lengua y, en consecuencia, se ha distanciado de la cotidianidad de las demás personas.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Y la realidad es que una persona que por alguna razón ingresa a una Academia no deja de ser lo que ha sido durante su vida previa. Al contrario, si se toma esta nueva función como debe ser, creo que se le potencian las facultades para la escritura, sigue siendo un hablante-escritor cualquiera que posiblemente ahora está más pendiente de algunos asuntos a los que antes prestaba poco interés. Por ejemplo, vivir permanentemente pegado de un diccionario buscando palabras raras para no pasar por ignorante o al menos sorprender cuando alguien le pregunte sobre términos como “mordaga”, “sinecura” “mastaba”, “pavitonto” o “supercalifragilisticoespiralidoso”.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Un académico o Académica de la lengua de esta época es alguien que cree en la creatividad del lenguaje y no critica a los hablantes cada vez que ante cualquier pregunta responden “¡Sí va!” o “¡Dale, dale, pues!”; que no percibe como aberraciones lingüísticas esos mensajitos de telefonía celular que parecen códigos cifrados, en los que los usuarios despachan buena parte de las vocales y convierten todo en una secuencia de puras consonantes, a veces incomprensible para otros, pero efectivísimas como mensajes de emergencia; que no se asombra cuando algún pescador del oriente del país le dice con plena sonrisa que el político Fulano de Tal es un “picardioso”, porque no sólo es pícaro sino también tramposo. En fin, un Académico es una persona de mente siempre joven que cree,&lt;span style="font-size:0;"&gt; &lt;/span&gt;como diría Aquiles Nazoa,&lt;span style="font-size:0;"&gt; &lt;/span&gt;en los “poderes creadores del pueblo” y disfruta al escuchar que un popular vendedor de refrescos de&lt;span style="font-size:0;"&gt; &lt;/span&gt;malta fría, se comporta como un creativo publicitario cuando, para promocionar su producto, va por toda la calle gritando a todo pulmón:&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;-¡Toma malta, maltirízate!&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Un Académico de este tiempo es alguien que se asombra cuando algún orador improvisado, médico, abogado, profesor de sociología o de lingüística,&lt;span style="font-size:0;"&gt; &lt;/span&gt;está explicando el asunto más enrevesado del mundo, con un vocabulario y una sintaxis que no comprende nadie, y termina su discurso diciendo: “¡Eso es todo, así de sencillo!”&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Un académico moderno, abierto, humilde, es aquel que se preocupa por cada aspecto de la lengua, pero también disfruta cuando lee o descubre frases como las siguientes:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color:red;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;[Valla publicitaria de una conocida marca de güisqui]:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;“Disfruta de los mejores momentos de la vida sin excesos. Sólo si eres mayor de edad” &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;[Aviso en baño de bar de carretera]: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;“Favor bajar la palanca hacia arriba”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;[Declaración de ministro]:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;“No hay desabastecimiento sino distorsión en la cadena de distribución”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;[Lema de mi tía Eloína]&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Que un hombre de noventa años orine sin quejarse, es casi “micción imposible”&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://luisbarreralinares.blogspot.com"&gt;PARA CONECTAR CON MI PÁGINA PERSONAL&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-5812452860013686526?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/5812452860013686526/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=5812452860013686526&amp;isPopup=true' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/5812452860013686526'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/5812452860013686526'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2008/11/de-las-academias-lbranos-seor.html' title='DE LAS ACADEMIAS, LÍBRANOS, SEÑOR'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/SS39jQNsOrI/AAAAAAAAABs/HgbdaoDyu0E/s72-c/aula+de+clae+caricatura+sobre+aula+virtual.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-186629818179933276</id><published>2008-08-02T10:59:00.001-04:30</published><updated>2008-08-02T11:18:52.291-04:30</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='herencias'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fortunas inesperadas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Premios virtuales'/><title type='text'>De herencias virtuales y otros premios electrónicos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_kpptgi0yMwA/SJSBCft5WgI/AAAAAAAAABQ/rR7-wu5kOpA/s1600-h/Leo+hipersensor.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer;" src="http://bp0.blogger.com/_kpptgi0yMwA/SJSBCft5WgI/AAAAAAAAABQ/rR7-wu5kOpA/s320/Leo+hipersensor.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5229946947157711362" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;En algún lugar de la jerga que ha venido naciendo para ser aplicada a todo lo que se relaciona con la Internet y los espacios virtuales, suele utilizarse la palabra &lt;b style=""&gt;metamedio&lt;/b&gt; para referirse al hecho de que en la pantalla de un computador converge todo lo que en algún momento del “mundo real” constituyó un soporte independiente. Sonidos, imágenes y palabras se aglutinan en el más sencillo de los sitios del cibermundo para recordarnos que a partir de la www la vida cambió. Todo es mucho más extraño y distante de lo que alguna vez imaginamos. Difuso, pero distendido, diletante, divertido y diversificado. Para quien no se haya dado cuenta todavía, la realidad se volvió pura ficción y lo ficticio es ahora parte del mundo cotidiano en que nos corresponde vivir.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Suerte para quienes hemos visto llegar el siglo XXI. No tenemos todavía los autos voladores (imprescindibles en la congestionada Caracas de hoy); no se hizo rutinaria la vida de aquella familia llamada “Los supersónicos”,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;ni tampoco hemos podido apreciar las cajas mágicas que esperábamos pudieran teletransportarnos a cualquier otro lugar del planeta. Pero con la “fundación” del sistema intergaláctico virtual ya hemos aprendido que todo es posible y que cualquier hecho de la imaginación se queda corto ante lo que allí podemos hacer o lograr. Por ejemplo, como en los cuentos de hadas y las telenovelas, cualquier desheredado pobretón puede volverse rico de cuna de un segundo para otro. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Ha sido mi caso, ya lo verán. Abstenerse envidiosos, por favor.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;El hecho concreto es que esta duda melódica de hoy se aviene con las magias y maravillas de la correspondencia electrónica. Esa fulgurante y milagrosa nueva manera de cartear que me ha vuelto rico, acaudalado e hipermillonario en ese abrir y cerrar de mensajes electrónicos que a diario puede uno recibir desde el más remoto lugar del mundo ¿real? A los hechos me remito para evitar que se piense que he comenzado a desvariar o que he escrito en febril estado de alucinación. Nada de eso. Echo mi cuento y ustedes me dirán. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Un banquero súper comprensivo, generoso y desprendido (especie que creíamos inexistente hasta que llegó la &lt;i style=""&gt;web&lt;/i&gt;) me escribe desde Abuja (Nigeria) para notificarme que, sin yo saberlo, soy el afortunado único heredero de una señora que luego de ser notificada de una salvaje enfermedad que devorará su cuerpo en menos de una semana, ha decidido que sea yo, el humilde venezolano hijo de Amelia, la persona destinada a recibir, una vez fallecida ella (la señora desconocida), su cuantiosa fortuna que incluye no sólo cantidades astronómicas en metálico depositadas en un banco nigeriano, sino también sus amplios lotes de tierras productivas y todas las edificaciones que ella alguna vez heredó de su ricomacpático esposo, desaparecido antes en un accidente aéreo. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Pero digamos que no he tomado la decisión de responder afirmativamente a mi banquero correspondiente porque tengo además otra oferta que también me trae de cabeza. A juzgar por el origen de la formal carta electrónica, la noticia procede de la “fiera Albión”, está fechada en julio 28 de este año y en ella un señor con nombre de inventor de teléfonos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;(Mr. Alexander Grahan Bell) me conmina a una muy rápida respuesta a su solicitud, nada despreciable si pienso en lo poco que hoy rinden los bolívares en Venezuela.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Me explico.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Se trata de la bicoca de ¡cien millones de libras esterlinas! que el firmante (supuesto empleado de alto nivel de un banco inglés) ha “descubierto abandonada” en su agencia, sin que nadie pueda cobrarla, porque su titular y toda la familia directa e integrantes de sus ramas colaterales fallecieron el año pasado en el hundimiento del crucero en el que vacacionaban. También desprendido y nada mezquino, el gerente ha decidido que sea yo, el hijo de José Ramón, la persona destinada a compartir aquella montaña de billetes que llevan la imagen altiva de la reina del &lt;i style=""&gt;United Kingdom&lt;/i&gt;. Y eso sin hacer demasiado, apenas conectarme con él a través de un vínculo electrónico cuyas señas me envía. Mi ganancia no sería excesiva si yo hubiera heredado a Aristóteles Onassis, pero considerando que no es así, con sólo aceptar y aportar la información solicitada, según mi remitente, me correspondería un modesto quince por ciento (15%) de la cantidad total. Es decir, la pequeña suma de quince millones de &lt;i style=""&gt;pounds&lt;/i&gt;. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Lo estoy pensando. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Y pido a los lectores que no me llamen idiota. Usualmente paso por tal, pero no lo soy tanto. Como dice mi hijo menor “me hago el trujillano” nada más, no significa que lo sea. Aclaro: lo estoy pensando porque la oferta más tentadora apenas la acabo de recibir ayer: bastó mi humilde dirección electrónica para que dentro de ese biombo imaginario y universal que es la Internet saltara mi nombre como acreedor de&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;la impensable suma de ¡cien millones de dólares estadounidenses! (U.S.$ 100.000.000,00). Igual que un kino nacional pero en inglés y más barato. Producto de la rifa que una lotería universal ejecuta cada mes entre los que nos comunicamos a través de correos electrónicos. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Hombre, que me he ganado el premio gordo de alguna parte del cibermundo&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;sin hacer absolutamente nada, sólo por responder a diario mi correspondencia electrónica. No podía ser de otra manera. Antes lo pronosticó muchas veces mi tía Eloína: “las fortunas existen, sólo faltan quienes acudan ‘a por’ ellas”. Recordando una vieja cuña oficial alfabetizadora, muy difundida en tiempos de la cuarta república venezolana, el dinero virtual clama por la presencia de quienes lo aspiran: ¡Acude, te estamos esperando!&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Y, claro, ahora sí es verdad que me cuesta tomar la decisión. Nadie me ha dicho que debo escoger una de las tres opciones, pero como pretendo ser justo con mi suerte, no soy capaz de aceptar los tres ofrecimientos y hacerme hipersupermillonario obsesivo y avaro. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;No hay derecho, quiero dejar dos de las opciones para que se beneficien otras dos personas, que bien lo necesitarán. Me basta con una sola de las ofertas. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;De modo que escribiré a mis tres beneficiarios para decirles que he decidido transferir virtualmente dos de las fortunas ganadas con el sudor de mis dedos sobre las teclas, y propondré para recibirlas a las dos primeras personas que dejen aquí sus comentarios y que me demuestren que de verdad necesitan tales cantidades. ¡Escriba ya! No olviden poner sus datos completos, desde el nombre y la cédula de identidad, hasta la cuenta bancaria donde desean que les sea depositado el dinero, los exigen en todas las correspondencias que comunican sobre &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;estas sumas astronómicas que uno puede ganarse con sólo navegar por la red. ¡Escriba ya!&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Lo he dicho al comienzo: en ese &lt;b style=""&gt;metamedio &lt;/b&gt;que es la red de redes, cualquier cosa es posible. Hasta la riqueza súbita, ilógica e inmediata. Créalo. No &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;meta&lt;/span&gt; ni &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;medio&lt;/span&gt; ¡Escriba ya!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-186629818179933276?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/186629818179933276/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=186629818179933276&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/186629818179933276'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/186629818179933276'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2008/08/de-herencias-virtuales-y-otros-premios.html' title='De herencias virtuales y otros premios electrónicos'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_kpptgi0yMwA/SJSBCft5WgI/AAAAAAAAABQ/rR7-wu5kOpA/s72-c/Leo+hipersensor.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-8325506541980476123</id><published>2008-06-24T15:46:00.000-04:30</published><updated>2008-06-24T16:10:03.746-04:30</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='egotecas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='escritores'/><title type='text'>Los escritores como personajes</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/SGFWdbrCTHI/AAAAAAAAAA8/sRIraB1QGyI/s1600-h/IlustraciÃ³n+para+escritores+como+personajes.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5215544907116203122" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/SGFWdbrCTHI/AAAAAAAAAA8/sRIraB1QGyI/s320/Ilustraci%C3%B3n+para+escritores+como+personajes.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Siempre me he preguntado cuán interesante sería conocer las memorias más recónditas, lo más cotidiano de algunos editores en su relación con los autores. Creo que usualmente algunos autores son personajes para la obra de otros escritores. Por lo que me han revelado mis pasantías por algunas editoriales, sospecho que la verdadera personalidad del creador se desnuda ante los editores y ante ciertas audiencias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Puede parecer perverso pero, como narrador y crítico, me interesan también las vidas personales que se salgan un poco de lo público y predecible, esas conductas inéditas que reflejan lo que, por pudor o timidez, el escritor como persona esconde ante los demás, sus manías, sus peticiones a veces insólitas, sus perversidades ante la obra de los otros. Y también las virtudes y defectos o desviaciones que se esconden detrás de las páginas pergeñadas por quien escribe un libro y acude a un editor para que lo haga público y pueda llegar a los lectores. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es decir, conocer un poco más de esa “intrahistoria” que subyace a la relación escritor-editor-lectores, ni tan dulce ni tan amarga, como se las puede suponer desde afuera. Hay creadores apacibles, gentiles, corteses, fastidiosos y repelentes. Pero cuando son fastidiosos y repelentes lo son con alevosía. Independientemente de su edad y su escasa o abundante obra, se creen la tapa del frasco, no cesan de marcar el teléfono, suelen creer que el editor sólo existe para ellos, sin importar hora ni ocupaciones. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Supongo, por ejemplo, que algún editor y lector se habrán topado más de una vez con ejemplares de escritores de quienes no desean recibir una llamada telefónica ni un mensaje de correo electrónico. Presumo que incluso no faltará el editor que se vea obligado a sacrificar algún libro publicable por evitar el simple hecho de tener que firmar el contrato con un ser intratable, intolerante y vanidoso. Igual, presumo que hay lectores que jamás acudirían ante la presencia del autor de un libro que los ha cautivado, sólo para no perder la imagen que de él se han creado a través de su escritura.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y es que a veces, a lo mejor sin darnos cuenta, los escritores podemos llegar a parecer insufribles ante las otras personas. Hay editores y lectores que a lo mejor admiran la obra de un escritor-a, pero también intuyen (al escucharlo o leer sus entrevistas) que como persona se trata de un patán o “patana”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Para citar algún caso hipotético, pienso en aquellos que, una vez publicadas sus obras, luego de ruegos y más ruegos al editor, no cesan de hacer llamadas a la editorial porque sus libros no están permanentemente en las vitrinas de las librerías. “Inocentes” de que, por deformación profesional y comprensible excusa de mercadeo, en el mundo entero, los libreros suelen exhibir sólo lo que se vende rápido y está destinado a ocupar lapsos muy breves en los anaqueles.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y el corolario infaltable: ante el llamado para algún evento promocional, casi nunca los autores fastidiosos y repelentes tienen tiempo; paradójicamente siempre parecen estar ocupados en algo más importante que sus propios libros. O sólo aspiran narcisamente a promoción en el exterior. No les interesan los lectores nacionales porque sienten que ya los han conquistado sin ningún esfuerzo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“Las vanidades del mundo /las grandezas del imperio/ se esconden en el profundo /silencio del cementerio”. Son versos perversos pero certeros, pertenecientes a un célebre enterrador de Los Puertos de Altagracia, apodado Titán, el sepulturero. Dignos para “chapear” a quienes se pasan la vida edificando sus egotecas sobre falsos presupuestos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Digamos que hay editores maulas y otros que realmente no lo son, pero todos necesitan sobrevivir, tarea que no es fácil en un mercado bibliográfico tan oscilante y deprimido como el venezolano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, eso no justifica que el autor o autora siempre deba pensar que no es que sus libros no se venden sino que el editor lo estafa permanentemente. Sabemos que hay editores locales y foráneos que no reportan todo lo que venden. Y que incluso existen los que pagan un desmirriado y a veces diezmado porcentaje con base en el precio de costo y no en el precio de venta al público. Pero eso tampoco significa que constantemente nuestros volúmenes sean &lt;em&gt;best sellers&lt;/em&gt; por los que los lectores se desviven apenas salen al mercado. Y sin que tengamos que mover ni un dedo. No acabamos de entender que a veces la “fama” de un escritor no pasa de los linderos de sus amistades y conocidos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En fin, que cada vez que le hablo en secreto de mis tratos con algunos autores y autoras venezolanos-as, de sus llamadas recurrentes, de sus oscilaciones de carácter y temperamento volátil, de sus creencias egocéntricas, de sus inclinaciones a telefonear a los jefes para no tratar con subalternos; cada vez que me entero y la entero de anécdotas relacionadas con el modo como se comportan íntimamente algunos escritores venezolanos ante sus editores y ante los lectores; de cómo viven llamando a la prensa para que los entrevisten, de cómo envían reseñas positivas sobre sus propios libros a los amigos periodistas, de la manera como insisten obsesivamente para que la tele y la radio vayan a su casa, del modo como se valen de las nefastas relaciones de poder para publicar cuanto escriben; de las exigencias a veces insólitas que hacen, mi tía Eloína me insta a que, con base en un anecdotario que ya pica y se extiende, escriba un libro de ficción que presuma de memorabilia y desnude metafóricamente esas conductas secretas acumuladas en los rostros más íntimos de algunos creadores locales. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y en estos días he pensado que no es ni mala la idea. Total, ya lo he dicho y escrito en varias ocasiones: la escritura de ficción es la mejor terapia que existe para quien la practica: puedes matar sin asesinar, exaltar sin adular, ajusticiar al adversario frente a un paredón de palabras y hasta conquistar amores sin necesidad de caer en incómodas situaciones de confesión directa ante la dama o el caballero por la o el que te desvives. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De modo que, en nuestro trato con los editores y lectores, los escritores debemos cuidarnos de no convertirnos en pasto literario, en alimento para otros escribas. Debemos saber que los otros escritores son tan “peligrosos” con sus teclas como nosotros creemos que lo somos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;Fuente de origen de la ilustración: http://www.imaginaria.com.ar/18/5/autores-ChantiPersonajes.jpg&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-8325506541980476123?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/8325506541980476123/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=8325506541980476123&amp;isPopup=true' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/8325506541980476123'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/8325506541980476123'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2008/06/los-escritores-como-personajes.html' title='Los escritores como personajes'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/SGFWdbrCTHI/AAAAAAAAAA8/sRIraB1QGyI/s72-c/Ilustraci%C3%B3n+para+escritores+como+personajes.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-8048085086448739405</id><published>2008-04-06T17:17:00.002-04:30</published><updated>2009-12-29T11:06:40.375-04:30</updated><title type='text'>El martirio de ingresar a la universidad</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/R_lFxRxuGeI/AAAAAAAAAA0/C0fMVesihBY/s1600-h/Mareos+2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5186253158781688290" style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left;" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/R_lFxRxuGeI/AAAAAAAAAA0/C0fMVesihBY/s320/Mareos+2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/R_lFkBxuGdI/AAAAAAAAAAs/q5Ii8BR7wE4/s1600-h/est%C3%83%C2%B3mago+y+agua.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5186252931148421586" style="margin: 0px 0px 10px 10px; float: right;" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/R_lFkBxuGdI/AAAAAAAAAAs/q5Ii8BR7wE4/s320/est%C3%B3mago+y+agua.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En estos días he tenido una conversación con un aspirante a Bachiller. Debo confesar que su relato no hizo más que confirmar lo que siempre he pensado de las llamadas pruebas de admisión que ejecutan algunas universidades a la hora de precisar quiénes tienen las habilidades y destrezas suficientes para ingresar a sus recintos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chamín me contaba acerca de los horrores padecidos por él, desde que en septiembre pasado inició su quinto año de bachillerato en un instituto modesto, pero privado. Lo primero que reseña mi interlocutor es la retahíla de consejos, reclamos, premisas y regaños consecutivos provenientes de su grupo familiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te compré varios problemarios para que hagas ejercicios por las noches- le dijo la madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tienes que estudiar matemática, si no, te jodiste- le ha repetido su padre cada día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Deja de leer tanta pendejada en Internet y dedícate a los números, es lo más pelúo- le aconsejó su hermano, ya estudiante universitario de Comunicación Social.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si fallas en mate, te dan matica‘e café- le dijo una de sus tías, que por cierto es contadora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, no hay día en que algún miembro de su familia inmediata no le haya mostrado la preocupante situación de tener que ingresar al mundo universitario nacional. A criterio de mi joven amigo, prácticamente ha tenido que seguir dos planes de estudio en paralelo. Nomás comenzó el año escolar en el liceo, su madre lo inscribió también en un instituto de esos que dictan los llamados cursos “propedéuticos” preuniversitarios, con la finalidad de que pudiera llenar los vacíos que le fueran quedando en sus estudios formales “de matemática”. Todas sus diversiones habituales han debido entrar en un largo reposo, debido a que la única mira en que se ha convertido su tardía adolescencia es la universidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y decir universidad y números casi pareciera ser lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora en estos días, hace poco le llegó la hora decisiva, el momento en que por fin debería definirse su futuro. Las largas colas de las preinscripciones han culminado en la asistencia a distintas pruebas internas de admisión. Y lo que ellas significan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico describe contextos que paran los pelos. Hileras de muchachas y muchachos atemorizados, nerviosos, pálidos, algunos francamente aterrorizados, parecían ir al patíbulo y no a una simple prueba de admisión. Eso me relata. Y detrás de ellos, multitudes de padres y madres dispersos por todos los espacios de las universidades, con unos rostros de preocupación parecidos a los de los familiares cuando despiden a soldados y soldadas que se marchan a la guerra. Tristes, apesadumbrados y seguros de que muchos de ellos no regresarán con vida o volverán todos maltrechos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin decir nada de los aprestos relativos a “primeros auxilios” que rondaban por esos ambientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero igual salí jodido, profesor, como me dijeron que cada respuesta mala anula dos buenas, dejé todos lo de “mate” en blanco. No me gusta esa vaina y si los respondía seguro me clavaban peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como docente universitario, no he sido ajeno a la situación descrita por mi joven amigo. Y, más allá de lo que se ha discutido sobre las pruebas de ingreso a las universidades, he llegado a preguntarme si será normal esa pavorosa y terrorífica situación en que para algunos se ha convertido dicha actividad. En los tiempos en que yo debía asistir como jurado a estas “olimpíadas académicas”, también fui testigo de desmayos, diarreas incontenibles, bajadas o subidas de tensión, descompensaciones y otros males ocasionados por el pavor que genera en la persona saber que se está jugando su futuro frente a unos cincuenta o sesenta ítemes y que dicho asunto será resuelto en las dos o tres horas en que debe desarrollar aquello. Y ya sabemos que ese terror está muy vinculado al hecho de que lo que más temen los aspirantes es fallar en lo que tiene que ver con las llamadas “habilidades cuantitativas”. Si vamos a lo esencial, también la parte correspondiente a “conocimientos” depende de cálculos y más cálculos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo digo porque, de verdad, en el calor de la disputa sobre estos asuntos de “inclusión” y “exclusión”, me he preguntado varias veces si no será la terrofilia generada alrededor de Pitágoras uno de los factores que más ha incidido en que las pruebas de admisión se hayan convertido en “el coco” de algunos aspirantes a bachilleres y en el fetiche de reconocidos universitarios. Desde dentro de las universidades estamos en la obligación de preguntarnos muchas cosas frente a este fenómeno y de aceptar que, nos guste o no, tal y como han venido administrándose, algunas pruebas de admisión sí son excluyentes y limitativas. Su propia filosofía así lo determina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tales casos, el destino depende de unos percentiles y cortes. Todo gira alrededor de una cifra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante algún tiempo estuve implicado en esto de los modelos de pruebas y también me llegué a plantear más de una vez el asunto relacionado con la presencia abrumadora de la matemática y todo lo relativo a la resolución de problemas en esos sistemas de medición. Aún a riesgo de que se me malinterprete, parece obvio que ha existido una corriente cultural y un paradigma científico que tiene a la matemática como el eje del universo. Si al salir del bachillerato no tienes habilidades de esas que se denominan “cuantitativas” casi pasas a ser considerado un “guateperro”, como suele decirse en el oriente del país. A juzgar por lo que rige a eso que se denomina las “ciencias duras”, todo el universo pareciera girar en torno de ecuaciones, teoremas, productos notables, números binarios, propiedades, funciones trigonométricas, raíces cuadradas, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y eso, a mi parecer, ha incidido en las pruebas, en su diseño, en sus contenidos y en su operatividad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es un azar publicitario que buena parte de los institutos que dictan los tan “productivos” propedéuticos lleven precisamente nombres que suenan y resuenan en el universo de los números: Newton, Galileo, Gauss, Leibniz, Kepler, Volta, Einsten... Tampoco lo es que el mayor porcentaje de ejercicios contenidos en esos instrumentos de evaluación impliquen habilidades y destrezas relacionadas con procesamientos matemáticos (directos o indirectos). Hasta algunos ítemes vinculados al manejo de “habilidades verbales” y “espaciales” tienen que ver con eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De las varias pruebas que llegué a evaluar alguna vez, muy pocas estaban relacionadas, por ejemplo, con procesos relativos a otros fenómenos, si se quiere más cualitativos, pero también humanos, como la reflexión, la opinión, la argumentación, el ambiente, la vida comunitaria, la actitud crítica, las comunicaciones, entre otros. A mi juicio también muy importantes si los relacionamos con algunas carreras universitarias existentes o futuras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quiero decir con ello que deba erradicarse la “mate” -como la llaman los estudiantes- de toda prueba de admisión. Sin embargo, tampoco estoy seguro de que el mundo gire exclusivamente todo en torno de esa sola y única disciplina que, si bien es auxiliar indiscutible de muchas ciencias, no es propiamente &lt;strong&gt;La ciencia&lt;/strong&gt;. Y que me disculpen mis colegas matemáticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco estoy seguro de que un bachiller que falle en alguna prueba no pueda llegar a ser un buen profesional, incluso en alguna carrera que tenga los dígitos como eje fundamental. Una diarrea originada por la terrofilia que rodea estos ambientes puede ser la causa de que el respondiente confunda circunstancialmente a Pitágoras con Calígula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-8048085086448739405?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/8048085086448739405/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=8048085086448739405&amp;isPopup=true' title='16 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/8048085086448739405'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/8048085086448739405'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2008/04/el-martirio-de-ingresar-la-universidad.html' title='El martirio de ingresar a la universidad'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/R_lFxRxuGeI/AAAAAAAAAA0/C0fMVesihBY/s72-c/Mareos+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-7726912944394217733</id><published>2008-02-15T20:14:00.000-04:30</published><updated>2008-02-15T20:39:56.058-04:30</updated><title type='text'>¿Cuál es el más macho de los sexos?</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/R7YyzeN2ULI/AAAAAAAAAAk/reGwwtPbeDM/s1600-h/mujer+musculosa.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5167373482320089266" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/R7YyzeN2ULI/AAAAAAAAAAk/reGwwtPbeDM/s320/mujer+musculosa.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El rollo de la posmodernidad sexual y la confusión de los géneros traen a mi tía Eloína de cabeza. A fin de seguir ocultando sus canas, acudió hace poco a uno de esos lugares “unisex” que otrora se llamaban salones de belleza y se ha quedado completamente “estupefaciente” con lo que allí vio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi se le pasma la mollera al ver herido su ancestral machismo femenino y observar a varios hombres pechugones y musculosos haciéndose colocar mascarillas en el cutis o pidiendo que les curasen el acné con cremas frías. Machos de nuevo cuño, ejemplares desinhibidos de este siglo XXI confuso y difuso en el que pronto ya no sabremos distinguirnos por el género con el que hemos nacido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le aclaro a mi parienta que no se asombre, que su concepción de lo masculino se mantiene todavía en una época de charros mexicanos gritones, cananas que cruzan el pecho, pobladas cejas y espesa barba. Le insisto además en que eso que ella considera un síndrome de la machumbre esfumada es ya parte de nuestra cultura contemporánea y que nadie debe aperplejarse ante la presencia de hombres que van adquiriendo hábitos que antes pertenecieron exclusivamente al sexo femenino, ni tampoco de mujeres que poco a poco, desde que pudieron vestir pantalones, se han ido sumergiendo en lo que alguna vez tipificó a los integrantes de la pandilla de Adán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos sabemos que ya no es extraño que, desde presidentes y ministros serios y muy formalotes, hasta doctos profesores, escritores célebres, artistas de renombre, ejecutivos de alto coturno y muchos otros integrantes del género masculino, acudan a la estrategia de teñirse las canas sin ningún tipo de resquemor ni falsos complejos que les aminoren la hombría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paralelamente a cierto furor generalizado entre los hombres jóvenes por rasparse el coco y andar completamente calvos, cada día es mayor el número de individuos “maduros” que recurren a la estratagema del bisoñé para taparse los despojos que les va dejando la inevitable calvicie natural, acontecimiento que en otro tiempo pudo haber constituido delito de leso sexo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni hablar de quienes acuden a modernos y modernas estilistas para que les inyecten el cutis con botox, les barnicen las uñas y, ahora, en contraposición al clásico charrismo de mis tiempos infantiles, hasta exigen que les dejen barba, bigotes, axilas y otros lugares pudendos como pómulo de lampiño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mito de Sansón ha muerto arrastrado por la publicidad: hoy día no falta el tipo cuadradote, fornido y pechugón que se rasura las axilas para evitar aquel pelero que, de acuerdo con la sabiduría ancestral de nuestros abuelos y abuelas, ha sido por siempre símbolo de la virilidad absoluta. Por sus afeites los conoceréis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así como los tacones han sido desde tiempos inmemoriales la excusa de ciertos ejemplares masculinos pequeños para deslastrarse del chinche de la baja estatura y sentirse más esbeltos, menos rechonchos y más rechulos, ya la edad no es excusa para que las personas (“varonas” o “hembros”) se engarcen zarcillos en las orejas, en la nariz o en los pezones, cuando no simpáticos dijecitos en el ombligo o pulseritas en los tobillos, en franca señal de presunta rebeldía contra la supuesta y atávica discriminación cultural de los sexos. Como lo mismo han hecho desde siempre la mayoría de las damiselas, es obvio que ya casi vamos siendo iguales pero no tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuerpos masculinos absolutamente despojados de la molestosa pelambre. Machos remachos que ahora se han antojado por hacerse remaches. Figuras femeninas desquiciadamente peludas y quiludas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aparte de esto, a nadie que se considere individuo o individua posmo le da ninguna vergüenza mostrarse públicamente como militante de un amaneramiento exagerado y es obvio que, con tal arremetida hiperconfusa, la radio, la tele y los otros medios ya no tienen miramientos en destacar a ciertos ejemplares como prototipos habituales de la sociedad contemporánea. Algunas damas públicas fuman, vociferan, gesticulan y asumen sin miramiento pose de Kamba el salvaje o de El Dragón chino. Por su parte, ciertos caballeros no temen parecerse a la dulce Luisa Lane o la refinada Penélope que en las historietas de la tele es perseguida por un apestoso zorrillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Definitivamente, Eloína, no es fin de mundo. Sólo que los tiempos están cambiando. Más que en el año de la rata o en época de Mercurio retrógrado, pareciera que estamos viviendo tiempos de Géminis acelerado. Lapso en el que cada sujeto o sujeta social se muestra ante los demás con dos rostros absolutamente opuestos. Severos y rudos militantes comunistas de los sesenta del siglo pasado ya no tienen empacho en tener hoy un color distinto de cabello para cada mes del año. Finas y delicadas damas de sociedad de los tiempos de Maricastaña, han dejado de lado su característica sifrinería para asumir bruscas y rudas conductas que las acercan a los rústicos comportamientos de quienes en otro tiempo fueron su contraparte, los supuestos hombres recios y regañones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenga paciencia entonces y no se asuste el día que sus hijos varones grandototes, criados con Nenerina y a fuerza de MacDonald’s, le confiesen que han comenzado a depilarse las piernas o a inyectarse esteroides para abrir paso a sus prominencias corporales. Tampoco si sus chiquillas le aseguran alguna vez que su estilista y "psiquiatra" favorito les ha aconsejado seguir un tratamiento infalible para ganar musculatura, ensanchar las espaldas y fortalecer los bíceps.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin decir nada de los movimientos desaforados que desde hace algunos años han clamado por la igualdad de los sexos. Sólo que, a juzgar por lo que está pasando, ya casi vamos siendo iguales pero distintos. Una paradoja. Ellas como nosotros, nosotros como ellas. Cambiar todo para que nada cambie.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-7726912944394217733?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/7726912944394217733/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=7726912944394217733&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/7726912944394217733'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/7726912944394217733'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2008/02/cul-es-el-ms-macho-de-los-sexos.html' title='¿Cuál es el más macho de los sexos?'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/R7YyzeN2ULI/AAAAAAAAAAk/reGwwtPbeDM/s72-c/mujer+musculosa.gif' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-8687494942729031614</id><published>2008-01-08T17:49:00.000-04:30</published><updated>2008-01-08T18:02:10.383-04:30</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='metro'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor involuntario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tecnologías'/><title type='text'>Un metro de amor</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/R4P3yuhfUTI/AAAAAAAAAAc/pj_UvVxnIDc/s1600-h/plaza-venezuela-subway.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5153234849495994674" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/R4P3yuhfUTI/AAAAAAAAAAc/pj_UvVxnIDc/s200/plaza-venezuela-subway.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aunque cada vez que aparece alguna novedad, mostramos total reticencia hacia las nuevas tecnologías, ellas parecen ejercer una maléfica venganza posterior volviéndose imprescindibles, inevitables, ineludibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ejemplo, aunque no siempre fue parte de la cultura humana, es difícil imaginar el mundo sin electricidad. Hoy día tenemos la seguridad de que los bombillos y los electrodomésticos siempre estuvieron ahí, esperando por nosotros&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por perversiones y obsesiones relacionadas con la modernidad, muchos habitantes de este siglo XXI somos reacios imaginar la vida sin aditamentos tecnológicos como la televisión, el teléfono, el fax o la nevera. Ni hablar de la tecnología comunicacional contemporánea y sus vínculos ya inevitables con el computador, los &lt;em&gt;ipods&lt;/em&gt;, los teléfonos celulares y los llamados &lt;em&gt;pendrives&lt;/em&gt;. Aunque su edad es todavía la de un adolescente temprano, hay quien cree que el mundo sin Internet y sin el correo electrónico sería de un vacío existencial absoluto. De suicidio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retomo estas reflexiones cada vez que debo entrar en ese mundo misterioso y subterráneo que es el metro. Una vez adentro, pongo a rodar mis fabulaciones e imagino lo que sería nuestra cotidianidad urbana sin ese medio de transporte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ejemplo, pocos saben lo que ese chorizo tubular significa en la vida de un peatón gozón. Y no tanto por aquello de llegar más temprano o más rápido o por la ventaja que ofrece de poder almorzar en casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más que eso, para muchos habitantes de las ciudades modernas, el metro es un mundo de vagancias y extravagancias en los vagones. Una aventura diaria vinculada al amor y sus regodeos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante eso que los venezolanos llamamos las horas pico, tiempo de abrumante y abundosa afluencia de pasajeros, los larguruchos vagones son para ciertos pasajeros el más barato y menos riesgoso mercado de amor citadino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy tempranito, a eso de las seis y treinta de la mañana, puede usted ingresar en la lujuria de los túneles eróticos. Bañado, perfumado y planchadito para la ocasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como si fuera un hábito ancestral, de siempre, se sumerge en una cascada de gente. Camina ligerito por unos pasillos en los que los cuerpos se desplazan, se medio tocan, se trastocan, se turban y se masacran a caricias anónimas. Sólo se escucha el ruido marcial de los tacones de quienes más adentro serán su “pareja colectiva”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Taca taca taca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llega vuesa merced al andén y se dispone a entrar al vagón. Allí se inician los segundos coqueteos para el acto amoroso mañanero. Apenas se coloca entre la multitud que lucha por aproximarse a la raya amarilla, siente los segundos amapuches por todo su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como para entrar en calor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el calor de verdad comienza al ingresar a empujones lentos al tren y tener que permanecer de pie. La situación lo obliga primero a levantar los brazos y agarrarse de lo primero que consiga, para no caerse. Una excusa muy bien pensada por los tecnólogos para incitarlo a quedar liberado o liberada de la cintura hacia abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, sin anestesia, siente una mano furtiva que le roza el tren trasero (o el delantero). Busca con la vista en la multitud aglomerada dentro del vagón al autor o autora del escarceo y, como no adivina, casi se ve en la obligación de sonreír con pasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después vendrán otros toques técnicos cuya intensidad será mayor durante las frenadas leves, antes de llegar a cada estación. Si su viaje es corto, digamos entre dos o tres estaciones, su rato de placer durará lo mismo que dura un gallo apurado cuando cumple con la gallina. Pero si va de un extremo a otro de la ciudad, requerirá de muchos aditivos afrodisíacos para aguantar el recorrido hasta el final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el viaje siente usted las durezas y flaquezas de los espacios aledaños. Oye como quejidos silenciosos las respiraciones cortadas de sus vecinos y vecinas y los jadeos dispersos de la contienda, que por cierto parece anónima porque nadie se da por enterado, aunque todos la viven. Cada cual prefiere mantener la mirada perdida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Percibe además los sudores olorosos o los hedores sudorosos y nada puede hacer para evitarlo. Ni lo intenta. Como si fueran parte de su rutina, los ignora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Usted ha aceptado las reglas desde el mismo momento en que entró en el juego de ese acto sexual comunitario y silencioso. ¿Qué remedio?. Si se le ocurre protestar, igual la murmullante rechifla de respuestas ante su queja será colectiva (“toma un taxi”, “cómprate un carro”, “vete en avioneta”, etc.). Lo cierto es usted sabe de sobra que, aun cuando entró fresquito y aromático, saldrá bien arrugado y menos perfumado, a veces oliendo a mono, o a santo, de acuerdo con los vecinos o vecinas que le hayan servido de pareja anónima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llega entonces a su destino y sale casi flotando de la inofensiva máquina del sexo que es el metro. Recuerda que venía para su trabajo y siente la sensación de haber tenido relaciones extramaritales con cientos de personas sin rostro a quienes no volverá a ver hasta el día siguiente, y sin los riesgos implícitos en el contacto directo. Una forma barata y muy práctica de evitar las contrariedades propias del amor libertino en estos tiempos. Una manera eficaz de “acopularse” sin los dolores de cabeza de los preservativos o los extraños aparatos. Un modo práctico y ligero de hacer el amor sin ir a la guerra y sin necesidad de ver la fisonomía ni los gestos de su pareja, porque casi siempre todo se lleva a cabo a sus espaldas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O sea, en la urbana y cotidiana actividad de estos días el metro es un carro de amor, un termo-metro gratuito, sin riesgos, candente y anónimo que parece haber estado siempre allí, esperando por usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De manera que si usted es “peatón de a pie” y usa este medio de transporte, imagine lo triste y acongojada que sería su rutina de ir al trabajo si el mismo faltare en su vida. Aunque dentro de él lo estrujen y lo repujen. Así es la venganza de la tecnología.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-8687494942729031614?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/8687494942729031614/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=8687494942729031614&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/8687494942729031614'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/8687494942729031614'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2008/01/un-metro-de-amor.html' title='Un metro de amor'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/R4P3yuhfUTI/AAAAAAAAAAc/pj_UvVxnIDc/s72-c/plaza-venezuela-subway.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-8633776681665724918</id><published>2007-11-14T16:41:00.000-04:00</published><updated>2007-11-14T16:55:50.459-04:00</updated><title type='text'>¿Des-abastecimiento o des-ajuste?</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Siempre he sospechado de aquellos sujetos y sujetas que utilizan el lenguaje para impresionar a los demás. A veces no saben ni siquiera lo que están diciendo, pero lo dicen abierta y públicamente. Sin anestesia. Quienes escuchamos nos quedamos ora impresionados, ora sospechosos, casi siempre patidifusos, a veces incluso imposibilitados de reaccionar. Se trata de ciertos profesionales a quienes les corresponde hacer de hablantes públicos, pero desconocen las normas implícitas en tal actitud comunicativa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un hablante público es una persona que habla para muchos, a veces sin saber exactamente quiénes son o serán los integrantes de su audiencia. Eso implica una responsabilidad que, si no se asume como lo que es, puede provocar efectos perversos. La gente suele aceptar y repetir, incluso sin estar conciente de ello, mucho de lo que escucha o lee de quienes desde importantes posiciones públicas hablan o escriben para grandes audiencias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aunque parezca demasiado pronto, dentro del contexto del comercio venezolano han comenzado las encuestas prenavideñas a los dueños de supermercados, en relación con las expectativas hacia lo que esperan del mes de diciembre. Nunca hemos escuchado o leído que algún comerciante tenga esperanzas positivas en torno a esto, pero esta vez la situación se pinta patética. Siempre en dichas encuestas hay reporte de escasas ganancias, cuando no de pérdidas, incluida la posibilidad de quiebra. No obstante, a toda hora, usted ve cada local repleto de gente. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hay además un fenómeno muy particular al que en ese ambiente suele denominarse “ajuste de precios”. Motivado por la inminente llegada de un anunciadísimo proceso de reconversión monetaria, los precios han venido cambiando hacia arriba semana a semana. En el comercio nacional, nadie ha conocido jamás ajustes hacia abajo. Para un consumidor cualquiera, todo “ajuste” proveniente de la macroeconomía constituye sencillamente un desajuste de su microeconomía. Por el contrario, ajuste en términos de quien invierte para obtener ganancias exorbitantes significa no sacrificar en lo absoluto esos márgenes. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Me motiva esta duda el hecho de que, aparte de los ya inevitables ajustes pre-decembrinos, ahora complementados con los pre-reconversión, nos estamos acostumbrando en Venezuela a la ausencia de productos que no son precisamente alimentos de lujo. No es que no hay caviar o salmón ahumado. No es que se consigan ingredientes para preparar un &lt;em&gt;fondue&lt;/em&gt; o unas codornices en sarcófago. La “escasez”, el “desabastecimiento” o el “acaparamiento” (todo depende de quien responda la encuesta) está muy cerca de nuestra necesaria alimentación cotidiana. En cuanto a la leche, se argumenta que ahora la culpa es de los chinos, nación que según parece ha decidido contratar todas las ubres del mundo entero, sin importarle que quede algo para el resto de los niños del universo. Parece más bien un cuento chino porque basta con viajar a otros países de la región y ver los anaqueles repletos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No faltará el encuestado que dentro de poco salga a demostrarnos que la carencia de huevos es asunto de gallos y gallinas en huelga de sexos caídos o bajas en la libido de las ponedoras. En cuanto a las sardinas, se dirá que su ausencia en el mercado se relaciona con que los pescadores no reciben dólares para adquirir los “insumos” con que alimentan a los peces. Y, claro, no hay azúcar porque no hay caña y no hay “caña” porque escasea el güisqui. ¿Cuentos de camino?.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo curioso de esto es que la publicidad cotidiana, que no cesa, insiste en que comamos huevos, en que la leche es necesaria para el crecimiento y las sardinas son las mejores amigas del colesterol malo, al tiempo que la carencia de glucosa en el cuerpo, implica poca energía y, si no hay energía, pues no se podrá pasar del dicho al lecho. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El colmo de esta situación es que la conseja permanente de la calle es: ¡ Pssss!, ¡hey! ¡compren comiiiida!”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ley de la comunicación de la que al parecer se valen quienes quieren hacernos creer que, como en el mundo bizarro de las historietas de Superman, si todo funciona al revés, es posible que terminemos creyendo que es así por naturaleza. No hay, pero igual usted debe consumirlos. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-8633776681665724918?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/8633776681665724918/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=8633776681665724918&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/8633776681665724918'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/8633776681665724918'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/11/des-abastecimiento-o-des-ajuste.html' title='¿Des-abastecimiento o des-ajuste?'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-4401511651835558737</id><published>2007-10-24T11:53:00.000-04:00</published><updated>2007-10-25T15:56:03.274-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rafael Bolívar Coronado literatura venezolana'/><title type='text'>¿Se llamaría de verdad Rafael Bolívar Coronado?</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;“El lenguaje del llanero es uno de sus muchos detalles pintorescos. Y gentiles. En esto es marcadamente andaluz, sus exageraciones, sus embustes, su propensión a la burla y la guasa, delatan a leguas el abolengo de los vaqueros de las riberas del Guadalquivir”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esta cita corresponde a la segunda edición (1944) del libro &lt;em&gt;El llanero&lt;/em&gt; (&lt;em&gt;Estudio de Sociología Venezolana&lt;/em&gt;), publicado por primera vez en España (editorial América, volumen 24 ¿1918?), cuyo entusiasta propietario fuera el escritor, editor y diplomático venezolano Rufino Blanco Fombona. Dicho volumen aparece firmado por el escritor venezolano Daniel Mendoza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La misma editorial “reeditó” un libro intitulado &lt;em&gt;Letras españolas, primera mitad del siglo XIX&lt;/em&gt; (volumen 43), firmado por el ilustre académico venezolano Rafael María Baralt. El volumen 25 de la Biblioteca de Ciencias Políticas y Sociales corresponde a las &lt;em&gt;Obras científicas&lt;/em&gt; de Agustín Codazzi.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En realidad, ninguno de los tres escritores referidos arriba era el autor verdadero (o al menos no el autor del contenido total) de los citados volúmenes. Detrás de cada autoría (re)conocida en esos libros y en muchos otros estaba la sombra (perversa para algunos, genial para otros) de quien ha sido a mi juicio uno de los más originales y menos (re)conocidos escritores de la literatura venezolana. Un hombre que, a lo mejor, sin proponérselo, desveló para nuestra historia literaria el misterio de la importancia de la literatura para la vida pública: si no eres nadie dentro del mundo literario, poco puedes hacer para ser visto como escritor. De ese modo, a través de esos mismos recursos de lenguaje con que caracteriza al llanero venezolano ( con “sus exageraciones, sus embustes, su propensión a la burla y la guasa”), el verdadero autor de tales volúmenes pondría en tela de juicio la noción del escritor que desahoga su ego a través de la literatura. Y lo haría mediante la parodia de proponerse a sí mismo como el único escritor venezolano “con más de seiscientos nombres”. Así lo ha bautizado Rafael Ramón Castellanos en su libro sobre este curioso personaje, publicado en 1993. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Treinta y nueve años de “ruidosa” vida fueron entonces suficientes para que Rafael Bolívar Coronado (1884-1924) ocupara el espacio escritural de 656 heterónimos o seudónimos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En honor a la verdad, aparte de habérsele reconocido después de muchos años su autoría de la letra de lo que popularmente se conoce como nuestro segundo Himno Nacional, el joropo &lt;em&gt;Alma Llanera&lt;/em&gt; (parte de la zarzuela del mismo nombre, con música de Pedro Elías Gutiérrez, pieza musical consagrada por la sabiduría popular para despedir a los últimos borrachos de las fiestas), nuestra canónica y siempre cuidadosa y conservadora crítica literaria ha soslayado su nombre. Lo ha mostrado más bien como un farsante o timador de identidades, baluarte venezolano de la literatura apócrifa. No es entonces un escritor conocido por la vía de lo que sí podemos suponer como obras propias (&lt;em&gt;Corazón. Memorias de una niña rubia&lt;/em&gt;, 1918; &lt;em&gt;Memorias de un semibárbaro&lt;/em&gt;, 1919) sino como el primer burlista de algunos de nuestros más connotados hombres públicos de la letras. Y esta actitud rebasa a mi juicio los límites de la guasa y la charlatanería, porque implica una severa crítica al &lt;strong&gt;establisment&lt;/strong&gt; político de su momento y sus particulares maneras de consagrar a los escritores a través de la adulancia, cuando no de los cargos diplomáticos, hábito muy común durante la dictadura de Juan Vicente Gómez, durante la cual le correspondió actuar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Apreciemos su justificación ante tal actitud: “Como yo no tengo nombre en la República de las Letras, he tenido que usar el de los consagrados, porque yo no puedo darme el lujo de que me salgan telarañas en las muelas”. Es decir, o escribo con pomposos nombres ajenos o me muero de hambre. Y para corroborar tan sencillo argumento, asumió para sí la función de ficcionauta recurrente; sujeto social que vive por, para y dentro de la ficción. Una maravilla, pues. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Espíritu absoluto de rebeldía, luego de obtener un poco relevante premio literario local, Bolívar Coronado se marcha a España estimulado por el gobierno del dictador y, una vez allí, lo primero que hace es volverse opositor del régimen y aliarse con el sindicalismo de la izquierda española. No obstante, para sobrevivir económicamente, debe valerse de sus dotes de escritor y es cuando, aupado por la editorial América inicia su mejor etapa de farsa para comenzar a escribir con nombres prestados. Sus escritos calzarán entonces la firma de múltiples autores, algunos vivos, otros fallecidos, muchos inventados, inexistentes. Valga mencionar sólo otros de los tantos nombres públicos locales de que se valió: Andrés Bello, Francisco Lago Martí(sic), Enrique Soublette, J.A. Pérez Bonalde, Jacinto Gutiérrez Coll, Joaquín Antonio Crespo, Juan Santaella, Juan Vicente Gómez, Pío Gil, José Antonio Calcaño, Arturo Uslar Pietri.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A su propio editor, Rufino Blanco Fombona, lo parodió mediante diversos apelativos como Fomborino Blanco Rufián, Rabino Fombo Blancona, Rufino Mata Blanconi, Rufino Negro Assesin, Ventura Blanco Fombona. Por cierto, se cuenta que Blanco Fombona anduvo en busca del plagiario con intenciones de enviarlo a apropiarse de nombres de escritores del otro mundo. Afortunadamente nunca lo localizó. Y esto sin decir nada de los nombres de escritores extranjeros con que también se cubrió (Cervantes, Unamuno, Sor Juana Inés, Ricardo Palma, Amado Nervo…). O del modo como parodió al cónsul venezolano en Barcelona, adulante de Juan Vicente Gómez, Alberto Urbaneja, quien lo persiguió incansablemente y acusó de conspirador ante las autoridades españolas de la época (Urbano Cabroneja, Alberto Mierdaneja, Alberto Cabroneja).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Fuera del campo literario, Bolívar Coronado aportó unas apócrifas crónicas sobre la conquista y colonización de América y las atribuyó a heterónimos como Juan de Ocampo, Mateo Motalvo de Jarana y F. Salcedo Ordóñez.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sus parodias autorales fueron tan ajustadas que logró incluso que “sus obras” fueran referenciadas por importantes investigadores posteriores, hecho que conduce a la conversión de la ficción en verdad pública. Así, Bolívar Coronado hizo gala de su sátira total hacia la institucionalidad literaria. Pero su arremetida no sólo iba dirigida a los escritores de cuyos nombres se apropió, también los editores estaban en su mira: “Ellos necesitaban nombres famosos: yo necesitaba trabajar para salir de apuros que comenzaban a hacerse también famosos”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En las bibliotecas españolas todavía pueden consultarse “sus obras”; en el universo de la literatura venezolana todavía hace falta fijarse no sólo en su capacidad para la apropiación de nombres ajenos sino también para estudiar su inmersión desenfadada en la fantasía, la burla y la farsa con que asumió el rol utilitario de la literatura. Todo con el fin de sobrevivir dentro de un universo en el que un escritor ignorado, desconocido y genial, un autor que no ejerció ningún cargo en la administración pública ni fue un político relevante, igual ocupó los puestos de muchos otros a quienes parodió. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Rafael Bolívar Coronado es entonces un nombre para recordar en estos tiempos en que la red ha puesto en juego las vanidades egocéntricas propias de la autoría individual y el celo indiscutible y desbocado de muchos autores para que sus nombres se vuelvan famosos y brillen. Un auténtico y genial escritor de ficción que bien merece una duda melódica. Hoy ni siquiera estamos seguros de que su nombre verdadero fuera Rafael Bolívar Coronado.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-4401511651835558737?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/4401511651835558737/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=4401511651835558737&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/4401511651835558737'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/4401511651835558737'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/10/se-llamara-de-verdad-rafael-bolvar.html' title='¿Se llamaría de verdad Rafael Bolívar Coronado?'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-1442368463312323902</id><published>2007-09-29T17:44:00.000-04:00</published><updated>2007-10-01T11:52:00.884-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Libros Bolero Venezuela Felipe Pirela'/><title type='text'>Felipe Pirela, BOLERISTA DEL UNIVERSO</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_o8ZrYC7ugiM/RqofuxDjXzI/AAAAAAAAAAk/pbFgwr4ikzU/s200/Libro+Felipe+Pirela+056.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_o8ZrYC7ugiM/RqofuxDjXzI/AAAAAAAAAAk/pbFgwr4ikzU/s200/Libro+Felipe+Pirela+056.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_o8ZrYC7ugiM/RqogKBDjX1I/AAAAAAAAAA0/zAo8lhadNJM/s200/Libro+Felipe+Pirela+147.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Muchos de mis amigos más cercanos saben que soy adicto convicto y confeso a la música de rocola, que no tengo vergüenza al expresar mis gustos por lo popular (el lenguaje, la música, la cultura en general) ni por esos cantantes que sin mucho esfuerzo aparente se van volviendo parte de nuestra vida. Con ellos vivimos, padecemos, soñamos y pensamos el mundo. Y si alguien me forzara a escribir tres nombres venezolanos ineludibles en ese inventario, pues respondería sin ambages que son FELIPE PIRELA (en el más alto pedestal del podio), ALFREDO SADEL Y LILA MORILLO. Palurdeces o aberraciones de clase de las que no he podido desprenderme, pero que además proclamo con orgullo. En el caso de la música, soy rocolero obsesivo compulsivo ¿y qué?. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hoy confieso que admiro mucho más a Felipe Pirela, que me he metido en su vida y he rememorado los tiempos en que aspiraba a escribir una novela o un cuento que lo fijara definitivamente en la memoria de este país. Que le dijera a otros de lo que se han perdido quienes no lo han escuchado o no se han familiarizado con los boleros que consagró esa voz mágica, maravillosa, misteriosa, envolvente, única. Gracias Felipe.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;También he creído siempre que, como a los escritores, a cada cantante popular que ha sido marginado por sus propios congéneres, le llega su sábado. Y al menos yo creo que estamos disfrutando hoy la plena hora de Pirela. Gracias Luis Ugueto, aunque no nos conocemos, creo que la admiración por “Pipito” (como le decían familiarmente a Pirela) nos acerca.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aterrizo entonces con esta duda melódica para manifestar, sin importarme si resulto cursi, estrambótico o hiperbólico, la plena satisfacción y contentura que he respirado desde que (en agosto pasado) comencé a leer el libro &lt;em&gt;“Lo que es la vida” Felipe Pirela&lt;/em&gt; (Caracas: El perro y la rana, 2006). Me lo obsequió mi entrañable amigo y compañero de andanzas Cigilberto Ramírez, auténtico y muy sincero cultor de (y por) lo venezolano. Y desde que lo hizo, no hemos hecho más que comentar a nuestros amigos el acierto fabuloso de su joven autor, Luis Ugueto, a quien tenemos que agradecer las 319 páginas sin desperdicio ninguno en las que, a partir de una incuestionable y amplísima investigación documental, nos muestra completa, sin fisuras, sin complejos, sin compromisos, con altos y bajos, la vida de “El bolerista de América”. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El autor del libro se ha metido de verdad en la trayectoria vital de este innegable ídolo nuestro (nacido en Maracaibo, en 1941, y lamentablemente asesinado por una oscura y, a mi juicio, todavía misteriosa mano, en Puerto Rico, 1972). Ugueto ha colocado a Felipe en el justo sitial de gloria que como héroe musical nuestro le corresponde. El libro despierta inquietudes, gratifica, incita a la curiosidad. La manera como presenta la secuencia de entrevistas realizadas a diversos personajes que conocieron de cerca a Pirela le otorga a su escritura una atmósfera de narración majestuosa de la que se hace difícil desprenderse. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y si a eso se le suma la profusa y muy bien hilvanada documentación de prensa, pues nada, el libro se vuelve una fuente inagotable de presencias de Felipe. Su veloz y muy exitosa carrera como cantante se nos confunde con una vida accidentada, marcada por la envidia y cierto egoísmo de un contexto en el que marcó pauta frente a otros grandes cantantes, signada por la fatalidad de un matrimonio a todas luces infeliz, impregnada por múltiples desprecios y agravios sufridos dentro del patio, salpicada de algunas actitudes sospechosas en el entorno del cantante, y también, claro, de voces y presencias amigas que contribuyeron a su éxito. Aparte de aludir a las preocupaciones recurrentes por el destino de su hija Lennis Beatriz Pirela (en la foto, con el autor del libro), de sus hermanos y de su madre coraje, doña Lucía Morón González, desde siempre confiada en la voz privilegiada del hijo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero Ugueto no ha escrito sólo la vida de un cantante al que admiramos y hacemos más nuestro en la medida en que vamos avanzando en los capítulos del libro. Ha mostrado además la aureola de falsedades, las pequeñeces de algunas personas de nuestro ambiente musical y político, ha desvelado algunos entretelones del mundillo venezolano d ela farándula, cuando no una radiografía de traiciones, zancadillas y ratapeludeces emanadas del entorno. Y, sobre todo, ha consagrado para las futuras generaciones, la figura majestuosa, imponente, de nuestro mejor bolerista, requeteadmirado e idolotrado en otras latitudes (Puerto Rico, México, Colombia, por ejemplo) pero, vaya paradoja, no pocas veces dejado de lado hasta ahora entre nosotros. Gracias, Luis Ugueto, con investigaciones obsesivas e impecables como la suya, se contribuye de verdad a configurar una imagen realista, sin tapujos, del país que hemos sido, somos y podremos ser. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo que es la vida, mi admirado Felipe, qué maravilla que entre nosotros haya comenzado a llegar por fin tu sábado. No me cansaré de repetir y reiterar mi agradecimiento por ese sendero hacia la ruta vivencial de ese héroe musical en el que logra sumergirnos el libro. De ahora en adelante habremos de llamarlo a grito sostenido y con orgullo sincero El BOLERISTA DEL UNIVERSO.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;------------------&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;------------------&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#3333ff;"&gt;Nota: La fotografía inserta en esta duda procede del blog del autor del libro (&lt;a href="http://elboleristadeamerica.blogspot.com/"&gt;http://elboleristadeamerica.blogspot.com/&lt;/a&gt;). La dirección he localizado a través de la publicación de una entrevista en el semanario Todos adentro. Caracas, 28 de julio de 2007, p.7.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#3366ff;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-1442368463312323902?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/1442368463312323902/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=1442368463312323902&amp;isPopup=true' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/1442368463312323902'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/1442368463312323902'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/09/felipe-pirela-bolerista-del-universo.html' title='Felipe Pirela, BOLERISTA DEL UNIVERSO'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_o8ZrYC7ugiM/RqofuxDjXzI/AAAAAAAAAAk/pbFgwr4ikzU/s72-c/Libro+Felipe+Pirela+056.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-2187728532096941585</id><published>2007-08-16T20:52:00.001-04:00</published><updated>2007-08-16T21:13:36.746-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='discriminación'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='controles'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='abusos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='seguridad'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='aeropuertos'/><title type='text'>Torturas aeroportuarias del siglo XXI</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Viajar por avión en estos tiempos se ha convertido en un verdadero martirio porque, al parecer, algunas tipologías de pasajeros nos hemos vuelto sospechosos de cualquier cosa, sin saberlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Día a día salen nuevas normas impuestas desde los centros corporativos donde se gerencian las supuestas medidas de seguridad de la aviación comercial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, para algunas personas, cada vez se vuelve más incómodo atravesar las entradas de los aeropuertos. Sobre todo, si tienen aspecto de indígena, piel de color o facha de árabe en fuga. En promedio, las medidas van desde quitarte los zapatos, el reloj, el cinturón, los abrigos, y cuanta prenda de vestir pueda generar resquemor en alguno de los (generalmente) poco amables funcionarios de seguridad. Y como si eso no fuera suficiente, después de la desvestida inicial y del &lt;em&gt;escaneo&lt;/em&gt; total del equipaje, te confronta un señor o señora que con rostro bastante duro y actitud de mandón te conmina a ponerte “manos arriba” (como en las series de televisión) y rastrea todo tu cuerpo con un aparatito de forma fálica que más bien parece haber sido elaborado para probar el umbral de tus cosquillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viene luego el susto mayor. Algún policía ubicado justamente a la entrada de esa especie de chorizo acordeonado que conduce hacia la nave te pasa de nuevo las manos por todo el cuerpo y, dependiendo de su “intuición”, te obliga o no a acudir a una solitaria habitación en la que te conmina a desvestirte de nuevo totalmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, cuando crees que han concluido todas las sobadas y humillaciones posibles, aparece de nuevo el fantasma de la requisa en el momento de llegar a tu aeropuerto de destino. Pareciera que a todos los funcionarios de inmigración se les ha educado para que sospechen que acudes a otro país con la finalidad de convertirte en inmigrante ilegal. De modo que nunca falta el largo cuestionario que debes responder, en el que incluso hemos vivido la fantasía de que se nos inquiera si alguno de nuestros abuelos habla o hablaba inglés o, en el caso de llegar a algún aeródromo antillano, si sabes donde quedan en Caracas las esquinas de Madrices y Sociedad. A veces me ha provocado gritarles a tan particulares gendarmes que vivo en un país de donde no deseo marcharme y que jamás me ha tentado la marruqueñería de ser tildado de extranjero en otro lugar o de creer ingenuamente en la presunta felicidad total que se logra en ciertas “naciones desarrolladas”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algún misterioso decreto ha dejado muy claro que cualquier objeto que portes durante el vuelo puede convertirse en una peligrosa arma para someter a la tripulación. De allí la nueva modalidad según la cual no puedes llevar contigo pasta dental, desodorantes en crema o gel, jabón, afeitadoras de cualquier naturaleza ni ningún tipo de líquidos. Uno se imagina a algún humilde pasajero amenazando con saña al piloto mientras le coloca en frente una pasta de jabón al tiempo que le indica: ¡Si no desvías el avión, te obligaré a bañarte durante una semana completa!. O agarrando a la azafata y apuntándole con el envase de desodorante: ¡O te lo pones en tus axilas o me bajo del avión!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última novedad que acabo de vivir en ese ambiente de zozobra que me ha convertido en candidato a sospechoso la acabo de padecer en el aeropuerto de Lima. Primero, porque, según los funcionarios de Alan García, durante el paso por las casetas donde con máquinas y manos te revisan hasta el codo, los viajeros no pueden portar botellines de agua para calmar su sed, aunque curiosamente sí pueden comprarla bien costosa cuando están dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esta vez ha habido una guinda que corona el pastel, la excusa perfecta para esta duda melódica de tiempos vacacionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto mi esposa como yo llevábamos sendos frascos de perfume en nuestros respectivos equipajes de mano. Pues, les cuento que un policía macho masculino, cruce de quechua originario con entonación argentina porteña, decomisó el mío, pero no el de ella y me indicó que para poder pasarlo debía transportarlo en una “bolsa de ziploc”. Para quienes no lo saben, &lt;strong&gt;Ziploc &lt;/strong&gt;es una de las marcas de esas bolsitas que tienen una especie de cierre hermético que puedes abrir de manera muy fácil. Por eso nunca comprendí la razón por la cual el portar un perfume deja de ser sospechoso si lo llevas metido en un empaque de esa naturaleza. Ni tampoco por qué la bolsa debe ser de esa marca. Asuntos del capitalismo y los tratados comerciales, supongo. Pero viviré toda la vida con esos enigmas porque nadie supo ofrecerme razones valederas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por supuesto que tampoco sabré jamás por qué la regla aplica al perfume masculino y no al femenino. A menos que dependa del sexo del guardia que revise tu equipaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No he dicho que (con mucho orgullo) tengo rasgos indígenas que heredé de mi madre, mi abuela, mi bisabuela y mi tatarabuela timoto-cuica. Y, al parecer, ello me convierte en sospechoso recurrente para cualquier tombo del mundo universo. Pero igualmente, también heredé de dicha etnia el arte de insistir mentalmente en reiterados deseos para alguien que (de cualquier manera) nos ha ofendido o maltratado. Por eso mismo, desde mi regreso he estado imaginando la escena de un policía peruano que se pone mi perfume antes de salir a ver a su novia y aquello le ocasiona una picazón alérgica que no le dejará vivir en paz durante varios días. Sin saber por qué, se le formarán unos inmensos rosetones y llagas que le harán recordar mi porte de timoto-cuica sonriente. Que así sea.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-2187728532096941585?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/2187728532096941585/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=2187728532096941585&amp;isPopup=true' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/2187728532096941585'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/2187728532096941585'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/08/torturas-aeroportuarias-del-siglo-xxi_16.html' title='Torturas aeroportuarias del siglo XXI'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-2739217090745635742</id><published>2007-07-19T21:05:00.000-04:00</published><updated>2007-07-19T21:22:38.587-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Dietas posmodernas'/><title type='text'>Dietas posmodernas o como ser un cadáver light</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;De mi época de adolescente recuerdo muy bien los antojos de mi tía Eloína por tomarse diariamente un medicamento que se denominaba &lt;strong&gt;Dianobol&lt;/strong&gt; o algo parecido. Por supuesto que a esa edad muy poco me interesaban los componentes de aquello, pero sí me llamaba la atención la rígida disciplina con que mi parienta se engullía aquella mínima pildorita blanca. Por otra parte, ella no se conformaba con seguir sola aquel tratamiento automedicado por la sabiduría popular, sino que lo ofrecía también a sus dos más jóvenes hijas expósitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde mi actitud de buscarle respuesta a aquel misterio, y desde mis deseos de inmiscuirme en lo que no me concernía (pero me llamaba la atención porque si algo he sido en mi vida es investigador policial frustrado), elaboré algunas hipótesis relacionadas con el propósito de tal hábito. Lo primero que pensé fue que podría tratarse de un anticonceptivo. Asunto que descarté muy rápidamente. Y lo descarté porque a los pocos días escuché comentar a Eloína que ella tenía “matriz infantil”, lo que desde siempre le había impedido concebir hijos. De allí que sólo tuviera "descendientes" adoptivos o expósitos. Y de allí también que no precisara de anticonceptivos para coyuntarse con sus maridos de turno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi segunda hipótesis giró entonces en torno a la posibilidad de que el medicamento de marras sirviera para embellecer a las mujeres, porque sólo las damas del pueblo lo consumían religiosamente. Hasta que constaté que había algunas vecinas cuya fisonomía poco agraciada no mejoraba para nada por muchas tabletas que hubieren ingerido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día escuché sin querer una amena conversación entre las expósitas y unas amigas. Descubrí por fin que el objetivo de las pildoritas era lograr unos quilitos que las pusieran a tono con el ideal de cuerpo vigente para la época. Tiempos en que ser flacuchento-a era motivo para muchos comentarios despectivos. Si lucías delgado, lo primero que pensaban y murmullaban los desocupados del pueblo (por cierto, casi todos sus habitantes) era que padecías alguna enfermedad incurable o, en el caso más benigno, que estabas pasando el hambre hereje. Flaco o flaca eran entonces sinónimos de “pobre”, casi de “indigente”. He allí la razón para que las damas quisieran entonces ser un poco más gorditas de lo que eran. Los hombres desconfiaban de las chicas “palilludas” o “garranchos” –como las llamábamos- y en consecuencia todas las féminas aspiraban a que sus carnes demostraran que económicamente estaban en la buena y, en consecuencia, físicamente, estaban además bien buenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y lo comento en la duda de hoy porque ahora, en estos tiempos de “capitalismo salvaje”, de estimulación casi desenfrenada del consumo, las cosas cambian tan rápido que todos dependemos del modo como los grandes fabricantes decidan movilizar ese fenómeno que los “terconomistas” llaman mercado. Si bien ser flaco era en aquellos tiempos un pecado de lesa humanidad que denunciaba tu condición de “pelabolas” o de “desahuciado”, pues en esta época la flacura voluntaria es aspiración de una catorcera de habitantes del planeta. Y nótese que he escrito “flacura voluntaria” porque hay otro tipo de delgadez originada por el hambre involuntaria que nadie quiere para sí ni desea para sus semejantes. La gente quiere tener bajo peso porque ahora el pecado es ser (o parecer gordo). Se cuentan por miles las personas que, más allá de reales padecimientos o de razones médicas obligantes, quieren ser “palilludas” para sentirse bien consigo mismas y para ser bien miradas por los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, la moda actual es tomar medicamentos para rebajar, o simplemente no comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dice, por ejemplo, que hay unas tabletas que deben consumir quienes padecen de elevados niveles de glicemia en la sangre. Pues no se consiguen en el mercado porque algún laboratorio descubrió que además adelgazan y entonces se han convertido en la dieta preferida de una multitud de muchachitas que quieren seguir siendo “garranchos” a cualquier costo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada digo de la ya archiconocida costumbre de alimentarse como un marrano o marrana para luego regocijarse en vomitar lo consumido. Ni de las personas que pasan las veinticuatro horas del día con apenas una zanahoria o un plato de repollo hervido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque en este extraño universo bizarro en el que vivimos, las ideas y algunos postulados “científicos” parecen cambiar de acuerdo con los intereses de la oferta y la demanda. Un día las bebidas alcohólicas son malas para la salud, pero al siguiente aparece el reporte de alguna institución cuyos investigadores han concluido con sus experimentos que beber es bueno para mejorar la hipertensión y que los pueblos con más alto promedio de consumo anual de cerveza, vino, ron o vodka, pues han alcanzado unas mayores expectativas de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Igual pasa con otros productos. Primero “se demostró”, por ejemplo, que el azúcar refinada era lo mejor para la salud, ahora no hay dieta en la que no se nos indique que el azúcar es más sana mientras menos haya sido sometida a procesos de refinación industrial. Y en cuanto a los edulcorantes químicos, te hacen permanecer delgado o delgada, pero por otra parte se dice que desencadenan procesos cancerígenos. La promesa subyacente es que serás un cadáver delgado. No es poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resultado de estos cambios relacionados con las bondades y daños de la alimentación y las dietas cargan de cabeza a la gente y no han hecho más que generar un total descocamiento en todos y todas. De allí que haya personas que quieren aumentarse algunas partes del cuerpo, pero, paradójicamente, igual añoran rebajarse otras. Si usted come tomate, pues seguramente será muy bueno para combatir los radicales libres, aunque malísimo para el ácido úrico. La leche proporciona calcio para las damas menopáusicas pero igual les puede aportar piedras en los riñones. El vino es bueno para la salud, mas sus taninos pueden dejarlo o dejarla estéril. No podemos vivir sin consumir hidratos de carbono, sin embargo, no faltan quienes insistan en que se convierten en azúcar y luego en grasa y la grasa es mala compañera del sistema venoso. No coma carne, le indica su nutricionista, consuma pescado (aunque se puede contaminar con mercurio) o pollo (que transmite unas hormonas que pueden estimularlo a cambiar de sexo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Locos, orates, descocados, todos estamos desquiciados, a punto de tirar la toalla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparte de que ahora todo alimento (¡hasta la sal!) tiene su versión &lt;em&gt;light&lt;/em&gt;, la consigna posmoderna preferida es “ser gordo o gorda es malo”, sobre todo si se lo dice a usted un médico barrigón y fumador que pesa 150 kilos, y quien, sin miramientos, le asigna a sus pacientes una dieta en la que deben obviar las carnes, las pastas, las harinas, los granos, los lácteos, los cítricos, los vegetales, las bebidas alcohólicas.... O sea, coma piedras &lt;em&gt;light&lt;/em&gt; y sea “vivo”, sálvese muriéndose de inanición. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-2739217090745635742?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/2739217090745635742/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=2739217090745635742&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/2739217090745635742'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/2739217090745635742'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/07/dietas-posmodernas-o-como-ser-un-cadver.html' title='Dietas posmodernas o como ser un cadáver light'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-8974123928540267859</id><published>2007-07-04T16:35:00.000-04:00</published><updated>2007-07-04T17:15:02.475-04:00</updated><title type='text'>Entre ficcionautas y jurados literarios</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;A Rayda Guzmán, en Barcelona, España&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pertenezcamos o no al gremio de los descreídos, los escritores y escritoras latinoamericanos vivimos adornados por una aureola de ese cierto desparpajo e indiferencia con que suele condimentarse la (des)creencia en los procesos burocráticos y administrativos. Basadas en generalizaciones y estereotipos pasados de moda, algunas personas creen que de verdad todos somos seres que permanentemente vivimos “caídos de la mata”, que no somos hombres o mujeres mortales de este mundo y que, muy poco tenemos que ver con la cotidianidad que rodea al resto del universo. Hay incluso quienes creen que ese “apendejamiento” nos acompaña cuando por alguna razón debemos actuar como jurados de concursos literarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribo esto pensando en el modo como, a veces, sin darnos cuenta, contribuimos a alimentar estos mitos y leyendas. Y es que no por azar, somos lo que somos: &lt;strong&gt;ficcionautas&lt;/strong&gt;. La palabra la tomo del vocabulario de una entrañable filósofa venezolana a quien conocí hace poco y a quien he dedicado esta duda. Vivimos en y por la ficción, la padecemos y además la estimulamos. Por eso somos ficcionautas. Nuestro admirado y desaparecido Denzil Romero habría dicho que a veces hacemos esto de la ficcionáutica para “mentir sin culpa”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tema viene a duda en el momento en que reflexiono sobre los concursos literarios y los concursantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que me solicitan formar parte de un jurado, mi tía Eloína me recuerda que, si acaso, tendré un amigo o amiga más (el ganador o ganadora), pero me echaré encima al resto de los participantes. Razón no le falta, pero igual le recuerdo que en este continente tan particular los escritores estamos casi obligados a actuar como “toderos”: las circunstancias nos obligan a multiplicarnos para ser profesores, críticos, jurados, editores, correctores, autores, lectores y hasta distribuidores o vendedores de libros al mismo tiempo. Acepta mi parienta que, aunque es patética y triste, no es extraña en Latinoamérica la imagen del autor que va de evento en evento, con su bolsita debajo del brazo, regalando y voluntariamente dedicando a otros algún ejemplar que además ha sido imaginado, escrito, corregido y financiado por él mismo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No obstante, de todos, el rol más riesgoso es el de jurado, de allí que muchos se nieguen a serlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre me ha llamado la atención el desparpajo con que algunos colegas se vuelven concursantes genéticos. Es decir, no hay certamen nacional en el que no participen. Pequeño, mínimo, grande, regular. No importa. Y a veces en varios con el mismo libro. En ocasiones lo hacen con la excusa de que es la única manera de ser reconocidos o publicados. Comprensible, pero… A veces, cuando percibo que esta actitud se ha prolongado a lo largo de quince o veinte años o más, me parece que participan otros ingredientes como la egolatría y el narcisismo. Los casos son múltiples, suficientes ya para una futura &lt;em&gt;estereotipología&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Naturalmente tengo que dejar claro que también durante varios años fui partícipe muy activo y recurrente de certámenes literarios. Y hasta llegué a ganar algunos, pero igual, como es obvio, no cogí pizarra en una buena cantidad de ellos. De manera que creo que los concursos son una institución necesaria. Considero también que muchos de ellos, la mayoría, son objetivos, y además me enorgullezco de haber participado como autor en varios, y de haber tenido como compañeros de jurado a verdaderos adalides de la transparencia, en otros. Tampoco dudo de que haya premios “amañados”, e incluso los (pre)destinados a ciertos autores, pero al menos a mí no me han convocado para que destaque a fulano o zutano. Se dice que eso lo hacen algunas editoriales u otras instituciones por razones comerciales, políticas o ideológicas. No lo he vivido. Pero, además, cuando son acertados, los libros suelen defenderse solos, independientemente de jurados e intenciones extraliterarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo además que la “edad de los concursos” es una etapa necesaria en un escritor, pero no debe durar toda la vida. Tiene que existir un momento en que le pongamos punto final, al menos en aquellas ofertas destinadas a quienes están comenzando. Porque, por muy jóvenes y vigorosos que nos sintamos, en algún momento estamos obligados a dejar de ser “promesas”, “novísimos” o “escritores jóvenes”. Y de no ser así, terminaríamos escribiendo sólo para jurados, a la espera de que nos “descubran” y lancen al estrellato. Así envejeció un personaje de uno de mis cuentos que terminó "lanzándose al estrellato él mismo", desde la altura de un edificio. La literatura ejercida con responsabilidad es mucho más que eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acepto también que cada vez aspiremos a ganar algún galardón que supere al que antes hemos obtenido. Como escritores responsables, estamos obligados a jerarquizar los concursos a los que deseamos postularnos. Más de una vez lo he comentado: bien merecida tiene su “mención de finalista” aquel autor o autora ya veterano(a) y muy reconocido que ha sido “vencido-a” por alguien que está comenzando. Y también me parece trucado el anexar a la plica una pequeña nota que indique “si no me dan el premio único, por favor, no me otorguen menciones porque me asesinan el texto”. El “único” asesino en tal caso es el propio autor veterano que se aventura a que le ocurra eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como participante en algún concurso, no se me habría ocurrido jamás utilizar como seudónimo una juntura de las primeras sílabas de mi nombre y apellidos: lubali. Tampoco me habría atrevido a firmar mis textos en la última hoja y a pasar luego un leve brochazo con borrador blanco, que facilitare leer el nombre del autor al trasluz. Ni mucho menos acotar al principio del texto un epígrafe o prólogo que provenga de lo que haya(n) escrito algún(os) jurados. No coincido con quienes desglosan un libro completo en los quince o veinte cuentos que contiene y los remiten (con quince o veinte seudónimos diferentes) a un certamen en el que se premiará un solo cuento, verbigracia el Concurso de El Nacional o el de SACVEN. Creo que se confunde en estos casos a la literatura con la lotería de animalitos de Valera. Igual podría opinar de aquellos o aquellas que someten una misma novela, libro de poemas, ensayos o cuentos, a varios concursos simultáneos. Incluso, hubo quien alguna vez agregó a su texto un colofón del mismo modo que lo había hecho con todos sus libros ya publicados. Es decir, no llamó perro al jurado pero le mostró el tramojo de su trayectoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los casos referidos los he padecido como jurado o me los han referido escritores muy cercanos. Y conservo un interesante archivo antológico alusivo al tema. Nada digo de quienes se hacen los suizos al ignorar cláusulas de las bases y alegar luego (si ganan) no haberles “parado mucho” porque presuntamente “los escritores somos distraídos”. Simples ficcionautas que escribimos y ya. No estamos pendientes de esas “minucias” administrativas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, claro, como digo eso, defiendo a la mayoría. Aquí he referido como ejemplos sólo las excepciones, no la regla. Afortunadamente. Y entiendo que en tales casos excepcionales y minoritarios, los concursantes genéticos confían en la ignorancia del jurado. Como alguna vez confió un otrora joven escritor de Valencia, al enviarnos como suyo un texto de Virgilio Piñera que, por no conocer, estuvimos a punto de premiar. Nos salvó la providencia y la cultura literaria de un escritor amigo a quien por casualidad comentamos aquel texto sin saber quién era su autor(a). O sea, igual que los escritores auténticos, también algunos jurados tienen a veces un ángel que los ilumina. Y no siempre son tan “distraídos” como se cree.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-8974123928540267859?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/8974123928540267859/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=8974123928540267859&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/8974123928540267859'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/8974123928540267859'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/07/entre-ficcionautas-y-jurados-literarios.html' title='Entre ficcionautas y jurados literarios'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-4160065993150288473</id><published>2007-06-20T19:11:00.000-04:00</published><updated>2007-06-20T19:52:31.391-04:00</updated><title type='text'>Parir (dudas) bien vale una musa</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El cuento es del magnífico narrador venezolano José Rafael Pocaterra (1889-1955). Su título “El ideal de Flor”.  El personaje principal es femenino. Se llama Flor: “…ella lee, muchísimo, toca el piano y suspira en la ventana que da a una callejuela desierta, cuando el plenilunio es un pavón de plata sobre el panorama oxidado y triste del poblacho”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Flor es empedernida lectora provinciana de las secciones literarias de los diarios de la capital. Los recibe a través de un digno antecedente del correo electrónico: una vieja mula utilizada para distribuir la correspondencia de pueblo en pueblo. En uno de esos diarios, la chica descubre la poesía fulgurante de un nuevo poeta de nombre J. P. Soto Longo. “Excelso sonetista” de quien además descubre un día la fotografía que, si bien no lo muestra como lo imaginaba, le ofrece la existencia de una “melena crespa” que ella atribuye a “defectos del fotógrafo”. Ante las palabras fulgurantes del bardo, se imagina celosa impenitente de las chicas “rubias y ardientes” delineadas en los versos por el poeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, Flor “construye” de su escritor preferido una imagen ideal, suya de ella nada más (rubio, caballeroso, elegante, conquistador de flor en el ojal). Viaja a la capital, busca desesperadamente encontrar la presencia real de su autor favorito, pasa el tiempo y, ya resignada a que jamás ocurrirá el encuentro, casi a punto de regresar, justo en la mesa vecina del restaurante donde le hacen la despedida, escucha “una voz agria, aguardentosa, colérica y llena de desprecio” de alguien que se niega a pagar lo que ha consumido y discute airadamente con el mesonero. Era la voz de su poeta ideal, que ahora se le mostraba como un picardioso sinvergüenza y tracalero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por alguna razón mi tía Eloína me ha recordado estas imágenes del cuento de Pocaterra y lo ha relacionado con la magia que genera la literatura. Todo esto, a raíz de la suspensión temporal que hube de hacer de mis dudas melódicas. Para ello se juntaron principalmente dos factores: primero,  unos fastidiosos achaques visuales que sacaban a mis pupilas de circulación y, segundo, un breve viaje que me obligó a posponerlas por una semana más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aclaro esto porque algunos generosos lectores y amigos escribieron a mi buzón electrónico, preguntando por la ausencia de comentarios de mi parienta. Ya conocen las razones y vaya mi formal solicitud de excusas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo del relato pocaterriano del comienzo viene por otro lado. En este lapso de receso,  ante la impotencia que adquirimos cuando algo perturba nuestra vista, nos dedicamos a imaginar los rostros, el aspecto físico, las manías y otros aditamentos de aquellos que nos leen y a quienes no hemos visto nunca físicamente. Desde una atalaya virtual, apenas tenemos idea colectiva de aquellos a quienes por cualquier razón les llega nuestra escritura. Pero igual sabemos que, muy a pesar de la foto que agregamos a la derecha de nuestro texto, también los lectores prefiguran ideas sobre cómo seremos, qué hacemos, cómo hablamos. Por cierto que, desde la inevitable vanidad humana,  la fotografía puede ser engañosa. Buscamos para ella nuestra mejor y más favorecedora pose, nos maquillamos de egolatría antes de decidir cuál, casi le rogamos al fotógrafo que haga milagros con nuestro físico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, somos como somos, sin poder evitarlo, y es mejor que los lectores imaginen. Que también para eso es la escritura. Y en estas lides de cómo nos imaginan, las sorpresas son gratas hasta la saciedad. Resumo algunos ejemplos de la época en que esta columna tenía su versión semanal impresa (sin fotografía) en algunos diarios caraqueños . Sólo la palabra servía de nexo semanal entre este sobrino y quienes tenían a bien leerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una historiadora de la Universidad Central de Venezuela, exnovia de un amigo entrañable y casi hermano, me vio en persona por primera vez y se sorprendió, sin ninguna intención por ocultarlo. Según ella, yo representaba en “La duda melódica” a un tipo altísimo, fortachón, de unos cien kilos, catire, ojos azules, rico, recio y mandón. Apenas supo que era yo, exclamó: ¡¿Eres tú?! ¡¿Tan chiquito?! Después agregó no ser racista, excluyente ni interesada, pero obviamente nos había mostrado el tramojo de su ideología.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un vendedor de automóviles supuso antes de conocerme que se trataba de un autor “borracho, parrandero y jugador”, que cada día llega tardísimo a su casa y tiene por lo menos cien mujeres en su historial, cuando no tres o cuatro simultáneas. Nada machista el amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un estudiante de postgrado, según él, lector asiduo de las crónicas del diario donde yo escribía, jamás imaginó que aquel personaje de pequeño formato a cuyo curso estaba asistiendo en ese semestre era la misma persona (“jodona”, dijo) que escribía “La duda melódica”. Muy a pesar de tener ambos el mismo nombre. “Soy Géminis”, le dije.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una recepcionista de un hotel de la isla de Margarita comentó al leerlo en la tarjeta de presentación que yo tenía el mismo nombre que utilizaba como seudónimo la gente que escribía “La duda melódica”.&lt;br /&gt;Etcétera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por supuesto que no faltan los que piensan que los cronistas somos un ejército de mercenarios que recibimos fortunas inmensas por lo que escribimos. Ignoran que hay personas e instituciones privadas que solicitan nuestros “servicios” y se asombran cuando les preguntamos  cuánto nos pagarán por alguna charla, conferencia, corrección o taller. O sea, no nos consideran dignos de cobrar algo por lo que hacemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La confesión más graciosa que he escuchado es que algunas personas creen que nos damos el lujo de pagarle a un equipo para que se ocupe del artículo de cada semana. No dudo que haya  columnistas que así lo hicieron o lo hagan, pero igual tenían o tienen fortunas que heredaron de alguien. A los demás, a la mayoría de quienes hacemos este ejercicio periódico de buscar contacto con los lectores, antes por la prensa convencional, ahora  través de la red,  pues los “millardos” nos llegan en satisfacciones:  cuando en la calle, en la universidad, en los bares de buena y mala muerte, en las oficinas públicas, en el aula de clases, en cualquier lugar donde se lea lo que borroneamos, e incluso ahora a través de la mensajería electrónica, la gente (nos) comenta el tema de la semana (bien o mal, no importa).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que sí aspiramos es que no nos ocurra jamás lo que a Flor, el personaje del maestro Pocaterra, porque lo peor que puede pasarle a un escritor es decepcionar a alguien que ha tenido la gentileza de leerlo. Bravo entonces por los lectores. Gracias a ustedes, parir (dudas) bien vale una musa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y gracias a quienes imaginaron que, durante este largo mes de ausencia involuntaria de la red,  mi tía Eloína me había castigado por alguna impertinencia. Como dijera un señor banquero de aquellos que huyeron con el dinero de los ahorristas en los noventa: aquí estamos y aquí seguimos. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Volveremos ahora quincenalmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-4160065993150288473?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/4160065993150288473/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=4160065993150288473&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/4160065993150288473'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/4160065993150288473'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/06/parir-dudas-bien-vale-una-musa.html' title='Parir (dudas) bien vale una musa'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-6014069353626438999</id><published>2007-05-16T15:46:00.000-04:00</published><updated>2007-05-16T21:15:34.881-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía Walkott'/><title type='text'>Derek Walkott ¿En Caracas?</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Suele mi tía Eloína pedirme que de vez en cuando me dedique en estas entregas semanales a dar noticias o impresiones sobre el acontecer cultural o culturoso del país. No es mi hábito, pero esta vez me salgo del redil para complacerla y ofrecer las dudas que nos causaron las recientes intervenciones del poeta y Premio Nóbel de Literatura (1992) Derek Walkott, quien, en compañía de otro Nóbel de la Paz (2006: Muhammad Yunus) acaba de visitar el país, invitado por BANESCO en su ya conocido programa “Palabras para Venezuela”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este par de Premios Nóbel aceptaron visitarnos y eso es, naturalmente, una deferencia. Gracias a ellos y a la institución que hizo posible la visita, tras el furor de una contundente campaña publicitaria que, como es natural, despertó muchas expectativas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muhammad Yunus dedicó buena parte de su discurso a demostrarnos cómo prestar dinero a los pobres para fortalecer en ellos la responsabilidad del crédito y la productividad del trabajo creativo, poniendo énfasis en la solución de problemas sociales. Y lo hizo bien, muy bien, incluida cierta sazón de humor que para nada disminuyó la profundidad de su discurso, hiladísimo, muy narrativo, convincente y contundente: no es poca cosa adjudicar microcréditos a una millonada de mujeres pobres, hacia las cuales su banco tiene preferencia obvia y confesa. Punto a favor de los economistas. El célebre fundador del &lt;em&gt;Grameen Bank&lt;/em&gt;, de Bangladesh, demostró que no es un “terconomista” común y corriente. Bravo por él. Nos vio (a la audiencia) como gente, así nos habló y así nos sintonizamos con su palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el contrario, menos consistente y convincente fue la intervención de Derek Walkott. Luego de una mínima y casi imperceptible introducción, leyó un fragmento de un largo poema suyo, acompañado por ese magnífico músico y guitarrista venezolano que es Miguel Delgado Estévez. Esto lo hizo el poeta muy bien, cómo dudarlo. Le puso melodía, le puso cadencia, le puso emoción y entonación ajustadísima a su fragmento declamado en inglés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para decir la pura verdad, hubiéramos preferido que lo leyera sólo en su lengua materna, sin la intermediación “traductolectora” del señor que, luego de la lectura pausada, fascinante, del poeta, se dedicaba a “transmitirnos” el contenido en español. Todo el esfuerzo del autor se venía abajo cada vez que el traductor intervenía. Dice Eloína que en realidad no intervenía, más bien “interfuñía”, transgredía, violentaba la magia lírica mediante una lectura totalmente plana y desentonada, desencajada, desventurada, “destrozadora”, en fin todos los &lt;strong&gt;des-&lt;/strong&gt; con significado negativo posibles en lengua española. Sin decir nada de algunos pretéritos simples terminados en “ese” que se le deslizaban, como si jamás hubiera asistido a la escuela (vinistesss, corristesss, etc.).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La poesía de Walkott perdió ese día buena parte de su magia y su fulgurante esfera de imágenes vueltas añicos por un mal lector que además no estaba traduciendo sino leyendo de un papel. Y, obvio, esto para nada concierne al autor que, como hemos dicho, en su lectura en inglés se lució. Ni es su culpa ni él escogió (suponemos) al “intermediario”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que sí le compete al autor es que los escuchas, participantes pasivos en el evento, que éramos muchísimos, nos quedamos esperando un discurso posterior un tanto más sustancioso, algo que nos dijera un poco más de su manera de pensar el mundo. Dice mi parienta que limitarse apenas a leer un poema, ya traducido y conocido, después de la campaña que “repletó” los espacios del auditorio, sin que sobrara ni una sola silla, pues como que no encaja mucho. La encuesta inmediata que hicimos &lt;em&gt;in situ&lt;/em&gt; lo ratificó: Aparte del poema, la gente aspiraba a un poco más de reflexión, algo más de otra cosa que nos dijera por qué alguien es un Nóbel de Literatura, por qué un Nóbel es un hablante público consustanciado con el mundo, con sus problemas y con los problemas de la gente que vive el día a día, sobre todo, en una realidad como la caribeña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nada de eso ocurrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esto sin olvidar el folclórico detalle de cierre ofrecido por el pequeño cortejo de venezolanos selectos que lo acompañaba durante el brindis final. Unos cinco o seis escritores robacámara que rodeaban al poeta, monopolizándolo, sin permitir que nadie se le acercara. Una especie de espontáneo “anillo de seguridad” que se añadió a las expectativas frustradas, para impedir que los mortales tuvieran la oportunidad de preguntar algo sobre aquello que no habían escuchado y tanto habían esperado desde hacía varios días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche la literatura y la poesía dejaron pasar la oportunidad. Como para que se siga pensando que los escritores vivimos en las nebulosas. Como si el poeta no hubiera estado entre nosotros.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-6014069353626438999?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/6014069353626438999/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=6014069353626438999&amp;isPopup=true' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/6014069353626438999'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/6014069353626438999'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/05/derek-walkott-en-caracas.html' title='Derek Walkott ¿En Caracas?'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-3416205059182326688</id><published>2007-05-09T15:54:00.000-04:00</published><updated>2007-05-09T16:04:36.730-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='léxico'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Economía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='terconomistas'/><title type='text'>Terconomistas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Según mi tía Eloína, el mundo comenzó a girar de manera extraña desde el mismo día en que se  fundó la Economía como ciencia. ¿Ciencia de qué? Pues de activos, de pasivos, de curvas que suben y bajan, de precios y contraofertas, de mercado y de mercadeo, en fin, de números y de acciones que suben e índices que bajan.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El prototipo del economista tropical que ha sido pasante del FMI o del Banco Mundial es un señor de corbata negra y  rostro duro, lo que se dice un hombre aparentemente pasivo y circulante que vive hablando de activos fijos. Su mayor obsesión de espíritu parece ser la liquidez. No hay nada sólido ni gaseoso en su rutina profesional de bolsas y acciones. Suele hablar mucho de productividad, pero en ciertos casos sólo pareciera producir recurrentes opiniones negativas acerca de los planes y proyectos presupuestarios en los que no ha participado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Casi todo economista moderno es asesor o consultor de algo o de alguien. Vive de consulta en consulta y , entre una asesoría y otra, pues lee e interpreta cifras y presupuestos que casi siempre resultan en rojo para el común de la gente. Perciben en las encuestas y sondeos lo que nadie es capaz de captar. Y usualmente esperan que nos quedemos con la lengua afuera, luego de escuchar sus pronósticos sobre ahorros y gastos. Lo hacen a uno sentirse una caja de conversión de sorpresas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Fije usted su atención cada vez que alguno de estos profesionales declare por la tele o por la prensa escrita y percibirá que, casi como fórmulas de encantamiento, dejan escapar como quien no quiere la cosa tres o cuatro términos que plasman al que escucha o al que lee: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;       “La hiperinflación traerá un déficit estanflacionario reversado por el superhábit de la indexación macroeconómica del gasto público”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es natural que al intentar descifrar este tipo de expresiones superespecializadas, termine uno creyendo que de verdad hay detrás un complejo mundo de teorías apretadísimas y métodos infalibles. Se imagina uno a sí mismo como un impotente gusanillo incapaz de consumir cálculos y expulsar números, un pequeño e insignificante cascajo que perecerá bajo las sesudas formulaciones salidas de los consultorios económicos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin olvidar que un economista que se precie de serlo, uno salido de la propia escuela de economía de alguna institución gringa, como, por ejemplo, la de la Universidad de Chicago, no acepta ni que se le refute ni que se le discuta lo que a su propio parecer tantas neuronas le ha costado deducir. Algunos se ponen entonces tercos hasta el punto de enrojecer sus cachetes y comenzar a argumentar con el manual de Adam Smith o John Keynes en la mano. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Según mi parienta, esos, más bien deberían llamarse &lt;strong&gt;terconomistas&lt;/strong&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si vamos a la realidad y nos sentamos frente a nuestra propia situación de ciudadanos comunes y corrientes, pues encontraremos que mientras los más reputados economistas (que, por cierto en el caso venezolano siempre son los mismos en la radio, en la televisión, en los medios impresos y hasta en la Internet) hablan de ”libre mercado”, nosotros sentimos el peso de su léxico detonante cuando acudimos al “mercado libre”. Y temblaríamos si sale alguno a decir que va a mejorar la situación porque suelen expresarse de retruque: algo andará mal en nuestras vidas cotidianas si algún  economista vislumbra cierto “crecimiento de la economía”. Igual que pasa cuando dicen que la masa de dinero no está para bollo de gasto corriente,  o que nuestro cuerpo mortal y pedestre no puede alimentarse con “dinero inorgánico. Debemos aprender a interpretarlos y a saber que cuando dicen “crecimiento de gastos fijos” quieren decir “presupuesto hogareño en declive”. Economía, toda una ciencia que asusta, pues.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-3416205059182326688?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/3416205059182326688/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=3416205059182326688&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/3416205059182326688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/3416205059182326688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/05/terconomistas.html' title='Terconomistas'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-2293767389612436137</id><published>2007-05-02T16:40:00.000-04:00</published><updated>2007-05-02T19:30:33.613-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='sexos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cerebro'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='géneros'/><title type='text'>Sesos y sexos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El calificativo humorístico y no pocas veces discriminatorio de “seso débil”, atribuido durante mucho tiempo a las integrantes del bando femenino, comenzó a derrumbarse desde el mismo día en que una doctora de nombre Sally Shaywitz (co-directora del Centro de Estudio para el Aprendizaje y la Atención, de la Universidad de Yale, especialista en dislexia), demostró con sus experimentos que a la hora de poner en práctica los recursos verbales, las damas son mucho más diestras que los varones porque se valen de ambos hemisferios cerebrales simultáneamente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se ha argumentado además que si bien es cierto que ellas se fijan más en lo superfluo, los hombres somos la auténtica torta a la hora de utilizar las neuronas para distinguir tonos de voz y melodías. Por eso a veces no diferenciamos entre un regaño y una caricia. &lt;em&gt;Si es hombre…es bruto&lt;/em&gt; era el lema de un conocido programa radial venezolano, animado por un par de chicas apodadas &lt;em&gt;Las cuaimas&lt;/em&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Desde hace tiempo, este asunto ha tenido verdaderamente preocupada a mi tía Eloína, no tanto por ella sino por su marido de turno, quien, educado al estilo de la vieja guardia machista, siempre ha estado plenamente convencido de la presunta superioridad absoluta de los varones a la hora de esculcar los territorios cerebrales u otros lares de la humana anatomía. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Eso de que las chicas son capaces de poner en funcionamiento la razón y los sentimientos de un solo guamazo, no convence demasiado a mi “tío político”. Su frustración se ha agigantado cuando además leyó en un reportaje que hay partes del cerebro femenino que son de mayor tamaño que sus equivalentes en los del sexo opuesto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Comprendo que ellas sean expertas en el arte de las escenas emotivas y lloronas –dice el don- pero no por eso debemos creer que nosotros somos insensibles hasta la médula e incapaces de identificar las cosas por el tamaño.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al margen de lo que opine mi colérico casi pariente, este rollo de sesos y de sexos se está complicando en estos tiempos, y quizás más de lo que hubiéramos querido tanto nosotros como ellas. Cierta anécdota referida hace tiempo en un artículo de la famosa revista gringa &lt;strong&gt;Nature &lt;/strong&gt;indicaba que un conferencista de Pensylvannia, había estado a punto de ser linchado por un grupo de fúricas damiselas, cuando lo oyeron decir que las diferencias de género vienen genéticamente programadas desde las propias circunvoluciones cerebrales y que se localizan en el “lóbulo temporal”, el “cuerpo calloso” y la “comisura anterior”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ante la posibilidad de que esto fuera cierto, la catorcera de feministas que lo escuchaba se levantaron al unísono de sus asientos y, utilizando precisamente sus ventajas cerebrales para manifestar emociones sin tapujos, le cayeron a codazos al inofensivo investigador, quien debió ser protegido por los agentes de seguridad del local y marcharse con su “cerebridad” a otra parte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De acuerdo con sus propias declaraciones a la prensa, el rollo que se les planteó a las chicas atacantes fue el siguiente. Si ambos hemisferios no son iguales en los integrantes de ambos sexos y si fuera verdad que vienen genéticamente preparados para hacer sentir, actuar y expresarse de manera distinta, entonces podría darse al traste con los muchos años de lucha por la igualdad de los géneros en todos los ámbitos. Ya no podría echarse la culpa a los caballeros por ser “olvidadizos”, debido a que el que nace con las neuronas del recuerdo torcidas nunca sus ramas enderezará. Se abriría además la posibilidad de que cobremos en casa muchas deudas eternas y pendientes. Por ejemplo, las esposas de los chicos parranderos nunca habrían tenido verdaderos motivos para echarlos del hogar cada vez que hubieran olvidado dormir en su propia cama. Puestos ante cualquier tribunal familiar, podrían argumentar masculina y muy “científicamente” algo como lo que sigue: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Bueno, suegra, ya la neurología ha demostrado que uno como varón no se fija en los superfluo sino en lo principal. Se me olvidó dormir con su hija por culpa de un &lt;em&gt;cuerpo calloso&lt;/em&gt; que no aguanta dos pedidas. Entienda usted que si esto ocurre, cualquiera puede perder el &lt;em&gt;lóbulo temporal&lt;/em&gt; en alguna &lt;em&gt;circunvalación&lt;/em&gt; de esta ciudad.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-2293767389612436137?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/2293767389612436137/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=2293767389612436137&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/2293767389612436137'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/2293767389612436137'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/05/sesos-y-sexos.html' title='Sesos y sexos'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-6171443434026856758</id><published>2007-04-25T16:46:00.000-04:00</published><updated>2007-04-25T17:40:10.810-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='anonimia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='crítica literaria'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='blogósfera'/><title type='text'>Crítica literaria y llanto literatoso</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Los Perdomo&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Los últimos días se han tornado verdaderamente interesantes para reavivar el proceso de nuestra siempre vapuleada crítica literaria local. Se retoman las discusiones de siempre y casi regresamos al mero principio de los comienzos. La crítica seria y responsable se confunde con el lamento borincano de los criticones. La chispa de una discusión que ya es cíclica y recurrente en Venezuela, se ha disparado otra vez debido a la presencia de un nuevo intento por hacer  comentarios críticos acerca de la literatura local.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo comenzó hace ya unas tres semanas, cuando un mensaje de correo electrónico invitaba a la visita de una nueva página virtual dedicada a la crítica literaria. Me refiero a  &lt;strong&gt;Los Perdomo C.A.&lt;/strong&gt; Bienvenida toda iniciativa que aspire a poner orden en este berenjenal en el que –ya lo he dicho antes- se ha venido repitiendo hasta la saciedad que no hay crítica, que todo se limita a la “fastidiosa pedantería académica para especialistas”. Mas cuando alguien intenta otra posibilidad, aparecen nuevos motivos para perpetuar el llantén de los llorosos. Por eso he dicho otras veces que la crítica es una familia suicida. La aniquila el chingo y la remata el sin nariz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas ingresé en el &lt;em&gt;blog &lt;/em&gt;me encontré con dos tipos de opiniones bastante contrapuestas. Unas muy ponderadas (positivas o negativas, no importa) y otras más bien dedicadas a la ofensa gratuita, al descrédito y hasta a la descalificación de los propósitos, cuando no a la chanza de algunos “opinantes anónimos” que no escriben ni sobre las reseñas ni sobre los libros reseñados, sino sobre otros asuntos muy personales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay incluso un comentario que en tono de broma intenta mezclar a mi tía Eloína en la discusión. Nada podemos decir ni ella ni yo a su autor o autora anónimo-a. Lo aceptamos porque mi parienta es un personaje público y nadie la ha mandado a meterse en este boscaje confuso, brumoso y polémico que es el mundillo de la literatura. Además, no sabemos quién es el o la comentarista: “Perro que no conocemos, no le jorungamos la cola”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;La última vez&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Con otros cuatro escritores, dos de acá, dos extranjeros, participé como jurado en la última versión del Premio Adriano González León. Justamente, ése en el que, por la vía del seudónimo, se premió la novela &lt;em&gt;La última vez&lt;/em&gt;, que resultó ser del periodista Héctor Bujanda y que ahora ha publicado la editorial Norma. Si a ese resultado llegamos como colectivo y yo lo suscribí complacido y sin ningún tipo de miramientos,  pues no puedo estar de acuerdo con los juicios emitidos en Los Perdomo acerca de la novela. Aunque creo que es su derecho formularlos. Pero tampoco la defenderé, como esperan algunos,  porque &lt;em&gt;La duda melódica&lt;/em&gt; no es una defensoría de nada. No me corresponde. Sólo soy vocero de Eloína Padrón. Y de vaina. De nadie más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No comparto los argumentos, insisto, pero eso no me impide reconocer que son coherentes, hilvanados, pensados.  Bastantes veces he repetido (incluso en esta misma página) que los escritores venezolanos, sobre todo los que sólo se sienten “escritores de ficción” –aunque “matan tigres” con otros géneros y con otras actividades- han pasado la vida clamando por la existencia de la crítica literaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en cuanto a si la crítica se hace anónima o no, mediante seudónimo o firma explícita, pues son opciones que ofrece la red y cada cual tiene derecho a escoger la suya. Lo que sí es cierto es que, desde esta casi milagrosa &lt;em&gt;blogósfera&lt;/em&gt;, ha surgido una posibilidad de distanciamiento entre el crítico y los autores u obras que se comentan y ello, sin duda,  promete un desarrollo interesante para fortalecer la evaluación y divulgación de la literatura. Sobre todo, con escasos compromisos afectivos o personales. Para la crítica, la anonimia o seudonimia posibles en la red han facilitado el oficio de los suicidas del pasado desde dos perspectivas contrapuestas: un sano, responsable y (hasta donde se puede)  equilibrado anonimato, o una reprochable y deshonesta actitud de retaliación. Si por cualquier razón se desea ser invisible, esperemos que prevalezca la primera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que eso nos interesa a todos, incluido ese colectivo lloroso y quejoso que, explícita o implícitamente,  se ha pasado la vida negando a la crítica.  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-6171443434026856758?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/6171443434026856758/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=6171443434026856758&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/6171443434026856758'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/6171443434026856758'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/04/crtica-literaria-y-llanto-literatoso.html' title='Crítica literaria y llanto literatoso'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-4212745347497937593</id><published>2007-04-11T15:11:00.000-04:00</published><updated>2007-04-11T16:01:47.455-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='español'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Venezuela'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='corrección'/><title type='text'>¿Quién corrige a quién cuando hablamos?</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 200%;"&gt;Aprovecho que estamos en el mes del idioma para (entro) meterme en asuntos propios del español que hablamos en Venezuela. Y lo hago a partir de una pregunta recurrente de amigos y estudiantes: ¿Cómo actuamos lingüísticamente los venezolanos cuando hacemos uso del español? &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 200%;"&gt;Pues nada diferente de como lo hacen otros conglomerados sociales, incluso aquellos que hablan otra lengua o una variedad distinta de la nuestra. Si posteriorizamos (“aspiramos” dicen algunos) las eses a final de sílaba o de palabra, a veces en exceso, es cierto, ( “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;laj cosaj ejtán bajtante mejorej&lt;/span&gt;”) o algunos de nuestros hablantes abusan en ocasiones de las llamadas muletillas (“&lt;span style="font-style: italic;"&gt;o sea&lt;/span&gt;”, “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;okey&lt;/span&gt;”, “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;digamos&lt;/span&gt;”, “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿sabes?&lt;/span&gt;”), no se trata de fenómenos exclusivamente nuestros. ¿Quién se preocupa por la tendencia de los galohablantes a omitir las vocales de final de palabra o por la frecuencia con que los anglohablantes contraen las frases y a veces reducen sus expresiones a conglomerados de puras consonantes?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 200%;"&gt;Lo que sí abunda en todas partes son los correctores espontáneos. Sin ver el techo de vidrio en el que cobijan su habla particular, son muchos los hablantes públicos de nuestro medio (escritores, docentes, comunicadores sociales, políticos, gobernantes, parlamentarios, etc.) que se quejan recurrentemente de lo mal que hablamos y de la manera en que presuntamente contribuyen “los otros” a deteriorar el idioma. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 200%;"&gt;Si en realidad existiera de nuestra parte, como colectivo, una tendencia al desgaste, a la descomposición del español, la responsabilidad no sólo recae en quienes han tenido menos acceso la educación formal. Muchos podríamos ser los implicados&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y no sólo aquellos que no están de nuestro lado o no utilizan el lenguaje como esperamos que lo hagan. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 27pt; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Entre quienes se rasgan las camisas y las comisuras&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;“defendiendo el cuerpo herido del idioma”, no es difícil detectar hábitos verbales que distan mucho del uso adecuado. Cito ejemplos que he atrapado al azar en la prensa, la radio, la televisión, la publicidad y la lengua oral cotidiana: entre otras cosas, abunda el abuso de las eses exageradamente pronunciadas (para contraponerlas precisamente a las “esesss possssteriorizadassss”). Por otra parte, pareciera que en las escuelas de teatro,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;locución y comunicación social sobrevive algún duende oculto que insiste en que se pronuncia “labidentalmente” toda palabra que comience por &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;V&lt;/span&gt; (vida, voy, venga…), articulando así un segmento fónico inexistente en el español. No es errado pronunciar esa &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;v &lt;/span&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;v&gt;&lt;/v&gt;&lt;/b&gt; corta (o “uve” como dicen los peninsulares) como &lt;b style=""&gt;[b]&lt;/b&gt;. La falla más bien radica en insistir en una forzada y artificial pronunciación que casi obliga a morderse con saña el labio inferior. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 36pt; line-height: 200%;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Recordamos además la intromisión&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;recurrente de una [&lt;b style=""&gt;k]&lt;/b&gt; en palabras como “piscina”, “absoluto”, “etcétera” y “escena” (que muchos gratuitos correctores suelen pronunciar como [piksína], [aksolúto], [eksétera] y “[ekséna”]. Por otra parte, expresiones como “darse cuenta que”, “pensar de que”, “motivado a”, “habemos”, “haiga” y “vinistes” (algunas de ellas censuradas por unos y aceptadas por otros) se han vuelto parte del habla la cotidiana de muchos de nuestros hablantes públicos. Sin decir nada de giros y palabras tan comunes en la oralidad  de estos días como “dividí” ( &lt;i style=""&gt;digital video disc&lt;/i&gt; ) y “cidí” (&lt;i style=""&gt;compact disc&lt;/i&gt;), “timoshon” (&lt;i style=""&gt;Text-motion&lt;/i&gt;), “pendraiv” (&lt;i style=""&gt;pen drive&lt;/i&gt;), “full empleo” (empleo total) “jaquear”&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y “desjaquear” (del inglés &lt;i style=""&gt;hacker&lt;/i&gt;). Hay otros ejemplos que, por haber sido escuchados de hablantes públicos irresponsables (hipercorrectores gratuitos), se extendieron originalmente como bromas populares&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y han comenzado a escucharse o leerse cual si fueran auténticas frases originales. Por ejemplo, “popol vuh” (por &lt;i style=""&gt;vox populi&lt;/i&gt; ), “mato grosso” (por &lt;i style=""&gt;grosso modo&lt;/i&gt;), “equidistante” e “inverosímil” (por equivalente e indiferente).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 200%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 200%;"&gt;Mención aparte merecen los lugares comunes de algunos de nuestros redactores de noticias. No son pocos los que insisten en repetir expresiones harto gastadas y a veces hasta redundantes como “testigo ocular”, “vital líquido”, “tricolor patrio”, “imágenes elocuentes”, “lapso de tiempo”, “mortal suicidio” o “sucesos de proporciones incalculables”. Y ni hablar de aquellos que ante cualquier expresión que los complazca, cuando desean asentir, sólo pueden expresar “¡Eso es correcto!”. No es extraña tampoco la tendencia a “masculinizar” a través de los medios algunos sustantivos que aluden a profesiones ejercidas por damas: “ella es &lt;u&gt;sicólogo&lt;/u&gt;”, “La &lt;u&gt;médico&lt;/u&gt; forense”, “una &lt;u&gt;ministro&lt;/u&gt; muy enérgica”. Luego de una ardua y muy razonable lucha por la igualdad de género en todos los aspectos, hay incluso damas de notable influencia pública que no aceptan que sus oficios sean expresados con terminación en femenino. Es verdad que hay oficios y profesiones que en femenino suenan casi como malas palabras (miembra, fiscala, concejala, ingeniera, jueza), pero seguirán siendo extrañas al oído mientras más se las rechace.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 200%;"&gt;Y, cuidado, no me refiero a lo que sí pudieran ser consideradas creaciones propias del (in) genio de los hablantes. He escuchado con grata sorpresa como un lúcido pescador del oriente del país, cuando desea expresar que alguien además de pícaro es tramposo, lo llama&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;“picardioso”. Así mismo, algunos jóvenes de hoy utilizan el verbo “mensajear” para referirse exclusivamente a la acción y efecto de remitir notas a través de teléfonos celulares. Igual que me parecen dignas de estudio desprejuiciado esas instantáneas y hermosas respuestas que muchos hablantes de hoy ofrecen ante las interrogantes o peticiones, como “Sí va” o “¡Dale, pues!”. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 200%;"&gt;Aparte de eso, la mitificación histórica de nuestra actividad como profesores o investigadores del lenguaje ha contribuido a crear la idea de que estamos en la obligación de conocer absolutamente todo lo que tenga que ver con su uso, desuso y abuso y, por supuesto, a no equivocarnos jamás. Casi como asumir que los médicos no tienen derecho a enfermarse o que los dentistas están exentos de caries. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 200%;"&gt;Quienes por alguna razón vivimos de la lengua, estamos en permanente riesgo de que cualquier cosa que hagamos, digamos o juzguemos, pueda ser utilizada contra nosotros mismos. Hasta cuando vamos de consulta médica, terminamos siendo consultados. Se nos pregunta usualmente si tal vocablo existe o no, como si fuéramos dioses. Toda palabra tiene existencia desde el momento en que se la utiliza. En el supermercado u otros espacios, nunca falta la cajera, el ama de casa, el vecino o el profesional que nos increpa con sus dudas: ¿Por qué los jóvenes de ahora dicen tanto “cartelúo”, “demasiado buena”, “arrugar” y “burda de”?; ¿cómo hago para que mi hermano no repita tantas veces “coye” o “bicho y bichito”? ¿que me querrá decir mi hija cuando me reclama que la observo con mirada ‘puntofijista’?”. A ese respecto mi tía Eloína suele decir que los chamos de ahora pertenecen a la generación BON-ICO: casi todas las frases de conversación entre ellos comienzan o terminan en “güebón-a” o “marico-a” (¡No güebón, sí márico, sí marica, no güebona!)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 200%;"&gt;En fin, aunque siempre debemos tener cuidado sobre dónde, para qué y con quien utilizamos el idioma, no ganamos nada cultivando irreflexivamente la creencia según la cual los hablantes del español de Venezuela somos como colectivo los peores del ámbito idiomático hispano (a veces autoexcluyéndonos individualmente y con cierta pedantería como la excepción de la regla, creyéndonos los&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;únicos “chéveres” del conjunto corrupto y pervertido). Hay hablantes “eficientes” y “deficientes” en todas partes, en todas las lenguas y en todos los estratos socioeconómicos. Y no siempre algunos procesos idiomáticos son propiamente deformantes o “destructores” del idioma; pueden obedecer a mecanismos naturales de reajuste, al modo como va cambiando la cultura: porque las lenguas no son cuerpos inertes ni cementerios de palabras y frases a las que podemos embalsamar, resucitar o sepultar cada vez que individualmente se nos antoje. Ahí sí es verdad que el soberano somos todos.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 35.4pt; line-height: 200%;"&gt;-----------------------------------------------------&lt;/p&gt;&lt;span style="line-height: 200%; color: rgb(255, 102, 0);font-family:Arial;font-size:10;"  &gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 200%;font-family:Arial;font-size:10;"  &gt;Nota: La duda melódica estrena otra dirección electrónica a la que pueden escribirnos (a mi parienta o a mí): barreralinares@gmail.com&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-4212745347497937593?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/4212745347497937593/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=4212745347497937593&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/4212745347497937593'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/4212745347497937593'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/04/quin-corrige-quin-cuando-hablamos.html' title='¿Quién corrige a quién cuando hablamos?'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-1385670494598818374</id><published>2007-03-28T14:40:00.000-04:00</published><updated>2007-03-28T15:13:46.651-04:00</updated><title type='text'>El  profesor  de  castella(s)no</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;De todas mis  anécdotas de adolescencia, jamás olvidaré la conducta de mi profesor de castellano en el primer año de Bachillerato, en Los Puertos de Altagracia. Largurucho y borrachín, hediondo siempre a ron y cerveza, se autoconsideraba irónico hasta más no poder. Hablaba poco en las clases. Y nos prohibía hacerlo a nosotros. Lo repetía cada vez que nos alborotábamos: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            -Mis estimados alumnos,  en las clases de castellano ¡ NO SE HABLA! &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mediante la técnica del rumor, nos enteramos de que  venía despedido de una empresa contratista de las petroleras, donde había sido “listero” –ocupación que hasta ese día desconocíamos. Allí había tenido por tarea diaria leer y chequear la lista de los obreros. Cuántos entraban, cuántos salían y a qué hora hacían cada cosa que hacían. Pero, claro, para ello debía estar primero que todos los demás. Sin embargo, debido a su rutina de resaca perenne, no era su costumbre llegar temprano a ninguna parte y se había ganado que lo echaran. Se convirtió así en beodo desempleado. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Valiéndose de sus influencias de adeco bebedor, parece que acudió al director, quien no tuvo mejor idea que designarlo formalmente “profesor de la asignatura Castellano y Literatura del primer año” (nuestro grupo). Nada de extraño tenía en Venezuela la tradición de designar de profesor de lengua nativa a alguien que sólo supiera balbucearla. Era parte de la política rutinaria del Ministerio de Educación de esos años. Así llegó nuestro flamante listero al aula. Él a pasar lista y nosotros a responder ¡PRESENTE!.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Para dármelas de lector, lo primero que hice el día que se estrenó con nosotros fue preguntarle públicamente si había leído &lt;em&gt;Sobre la misma tierra&lt;/em&gt; (de Rómulo Gallego, 1943), pero el nuevo profe apenas sabía que Gallegos había sido Presidente de Venezuela en algún momento, nada de que fuera novelista. Tampoco yo era un experto. Ésa era una de las poquísimas novelas que había leído para ese momento y lo había hecho por el azar de la escuela primaria que la puso en mi camino para que me cautivara. Todavía me seduce su lectura, precisamente, por la presencia fugaz que hay en ella de Los Puertos de Altagracia. Al parecer lo avergoncé sin proponérmelo. Se hizo el andaluz y me habló de otras cosas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pero  retrucó e inquirió que, si yo era taaaan leído, qué más conocía, para que el resto lo supiera. Y obviamente se me trancó el serrucho, no era demasiado, como he dicho. Ni siquiera podía yo presumir todavía  de lo que para mí sería pocos años después una cantera de placer: las breves novelas vaqueras de Marcial La Fuente Estefanía y las fabulosas tramas de Agatha Chistie. Así que mi inventario era de lo más sencillo. Después de ése libro del autor de &lt;em&gt;Doña Bárbara&lt;/em&gt; (1929) y de &lt;em&gt;Casas Muertas&lt;/em&gt; (Miguel Otero Silva,1955), apenas recordaba un sabroso volumen pornográfico titulado &lt;em&gt;Tierna era mi carne&lt;/em&gt;, sin que aflorara para mí el nombre de su autora. Lo recordaba escrito por una mujer y no debe haber sido nada importante para los literatos exóticos y exquisitos porque no he conseguido historia literaria que lo reporte, al menos en español. Buena parte de mis compañeros lo conocían y explotaron en risas cuando me oyeron referir el título. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No dije más, pero creo que desde ese momento nació la ojeriza  del profesor hacia mí. Y bien que me la guardó porque su venganza no tardó demasiado en llegar. Supongo que había estado agazapado, esperando algún desliz mío para darme la estocada. Lo hizo y me ridiculizó públicamente, aunque con ello me dio sin saberlo un indicio de que algún día yo podría ser escritor. Es un lugar común que a todos los escritores nos pase algo parecido. Y si no nos ha ocurrido, lo inventamos y ya, lo integramos a nuestra “biografía”. Pero en nombre de la ficción y de mi tía Eloína, juro que así fue. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Según el programa de la asignatura, eran los días de la temática formal sobre el cuento. Entonces, su mejor salida fue ordenarnos la elaboración de un cuento durante las dos horas de clase.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;       -Escriban un cuento mientras yo leo la prensa. Eso sí, un cuento que tenga &lt;em&gt;introducciónudoidesenlace&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            No sé si resulto pedante al decir que no me costaba demasiado aquello. Pensé en una historia posible y, ¡zas!, me dispuse a escribirla: &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;Tonta tuerta&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;              Una chica medio tonta, fea y tuerta, es arrollada por un automóvil conducido por un chofer ebrio (podría haber calificado al conductor con algún sabroso venezolanismo como “borracho e bola” o “vuelto mierda” , “peo”, “curdo”, “jumo”, “guarapeao”, “rascao”, “hecho verga”, “palitroso”, “paloteao”, pero escribí “ebrio” para parecer culto y correcto). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella se vuelve más tonta con el golpe y entonces, a fin de evitar males mayores, sus padres deciden enviarla a la escuela con un letrero en el pecho como distintivo de su condición: “Soy tonta, mansa y tuerta”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;             Fin del cuento, presumía yo, pero…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aquel hombre se fue enrojeciendo más y más en la medida en que iba leyendo mi breve historia. La calva sudorosa le fue cambiando de tonalidades, su semblante oscilaba entre rojo arrechera y blanco furia. Yo lo miraba y creía de verdad que lo había impactado como lector de aquel disparate. Hasta que terminó y, aunque solíamos presagiar sus juicios valorativos según la dirección hacia donde moviera la boca  (torcedura hacia la derecha, aprobado, torcedura hacia la izquierda, reprobado), no movió los labios. Tiró el papel sobre el escritorio y, enfatizando en la primera palabra del título, me ripostó en tono severo: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;        -¡Yo les pedí que escribieran un cuento, no una &lt;strong&gt;tontería&lt;/strong&gt; como ésta! &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Juro que jamás lo supe antes de escribir aquel relato: el profesor tenía una hija que era tuerta y había sido premiada y preñada con un par de gemelos por un chico que se había aprovechado de su “tontera”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            Al final del año, y a sabiendas de que ya medio sabía escribir con cierta coherencia, aunque con pésima ortografía, me salvó en la raya el presidente del jurado examinador. Aprobé con doce.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            Y una vez que supe oficializada y sellada en mi boletín la calificación definitiva (como se acostumbraba en esos días), no resistí la tentación de hacerle ver al profe lo mucho que lo apreciaba. Antes de salir del salón, subrepticiamente, pero con la esperanza de que todos lo vieran, manuscribí con letra grandota una hoja blanca. Sin ser visto,  la dejé caer sobre el escritorio del jurado: “Se busca profesor de castell-asno, listo pero no listero” &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El año siguiente tuve que  solicitar exilio en un liceo de Trujillo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-1385670494598818374?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/1385670494598818374/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=1385670494598818374&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/1385670494598818374'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/1385670494598818374'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/03/el-profesor-de-castellasno.html' title='El  profesor  de  castella(s)no'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-745865226018481360</id><published>2007-03-21T17:00:00.000-04:00</published><updated>2007-03-21T18:49:38.219-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='enseñanza'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='libros de texto'/><title type='text'>Literatura de (j)aula</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;“…maestros, programas y libros de texto conspiran contra nuestros niños”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;(Ángel Rosenblat)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a la literatura de aula, a esa misma que mi tía Eloína llama de “jaula”, por las encerronas en que se busca colocar al estudiante de educación básica y bachillerato cuando se intenta estimular su gusto por la escritura. Juro que yo creía que ese sistema era una especie extinguida, una tendencia ya lejana en el tiempo, pero vea usted que todavía circulan en el mercado libros de texto y de “resúmenes” que intentan hacer más “leve” la literatura en la escuela.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La experiencia sigue gritando que la relación entre enseñar a leer textos literarios y aburrimiento sigue vivita y coleando, en pleno siglo XXI y con la Internet, los juegos de video, los celulares y otros equipos multimedia en frente de nosotros. Esa manía perversa de buscar que un estudiante de educación básica o bachillerato se convierta en cazador de “indicios”, “actantes”, “isotopías”, “personas gramaticales”, o sea el síndrome del lector detective o del escudriñador grafemático, continúa paseándose en varios de los manuales que circulan en el mercado ahoritica, en pleno desarrollo del año escolar. Para no violentar “derechos de autor”, parodio abajo un “objetivo”, una “pregunta de lectura” y una “actividad” que he extraído de textos vigentes: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Objetivo: Analizado el siguiente poema, el alumno comprenderá que para el poeta Fulano de Tal “la vida no vale nada, no vale nada la vida”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pregunta: -¿Hay predominio de elementos narrativos o descriptivos en este texto?.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Actividad: Copia las palabras iniciales de tres comparaciones. ¡¿?!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así, la “enseñanza” que genera tirria hacia la literatura, la que cada día resta lectores en vez de sumarlos, se parece a los buhoneros y a las cucarachas, nada puede con ella. Sin mencionar el acrecentamiento de otro síndrome, el del “clasicismo”, según el cual el año escolar literario debe permanecer repleto de autores que por cualquier razón han llegado a ganar la categoría de “clásicos”. Siguen preocupados algunos de nuestros autores de libros de texto porque los muchachos investiguen, por ejemplo, el origen turbulento de los tobillos ibéricos de Dulcinea del Toboso o la procedencia étnica de los gitanos que llegaron a Macondo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Continúa además en boga la “herejía cronológica”. Aquella que tradicionalmente ha defendido que enseñar literatura es equivalente a relatarla desde Homero hasta lo poquito que se ha salvado del siglo XX. Y siempre se comienza por lo más antiguo, porque se piensa que en esos dudosos predios del arte de la escritura, la antigüedad es proporcional al pedigrí que tiene un libro. No importa cuánto pueda significar para el interés del estudiante. Todavía no se comprende que leer la silva “A la agricultura de la zona tórrida” a los 13 años de edad puede generar traumas irreversibles en la conducta de un adolescente. Qué más da que no se identifique con los temas, la forma u otro aspecto. Atosíguelo con el lenguaje que utilizaron esas autoridades del idioma para que pueda absorber el plasma de la buena lengua. Como si el acercamiento a los textos literarios se redujera solamente al contacto con la lengua y nuestras inclinaciones no estuvieran sujetas a la experiencia de vida. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y ni hablar de la “herejía espacial”, en la que los extremos distan entre un nacionalismo fanático y una xenofilia desbocada. Los clásicos de aquí aunque sean pesados. Los machetes de por allá, aunque no despierten sino aburrición. Y eso de broma, porque cuando se habla de los del patio, generalmente se busca el modelo foráneo del que presuntamente han calcado y reproducido las buenas formas. De allí que ciertos manuales insinúen que Guillermo Meneses se volvió un buen escritor después de haber viajado a Europa y que Julio Garmendia no habría escrito jamás “El cuento ficticio” de no haber sido por su salida al extranjero. Se enseña sin querer queriendo que un escritor local no es regularmente aceptable, si no ha vivido, por ejemplo, en París. Sigue campante la galofilia con que enfermaron nuestra historia literaria algunos modernistas tan aburridos y contradictorios en sus posturas estéticas como Manuel Díaz Rodríguez.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Convertidos en pescadores de isotopías, los cautivos lectores de las ( j)aulas continuarán optando por el tedio, obligados a una tarea de acopio de fechas, nombres, títulos e indicios, y, lo más aberrante, juicios, opiniones e interpretaciones estereotipados, emitidos por otros y reproducidos en las “guías”: “la poetisa de la soledad y la amargura infinitas”, “el narrador de la escoria social iconoclasta y rebelde”, “el ensayista enrollado, hermético y epentético”, “la prosa de tono fluvial incandescente”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Como cuando estudié bachillerato, ¡en el siglo anterior!, se sigue incentivando en el estudiante la idea de que toda la literatura que leen ha sido escrita por muertos, o por viejitos y viejitas que mascan el agua y son inalcanzables, etéreos, gaseosos e infalibles.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-745865226018481360?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/745865226018481360/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=745865226018481360&amp;isPopup=true' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/745865226018481360'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/745865226018481360'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/03/literatura-de-jaula_21.html' title='Literatura de (j)aula'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-4246619000324417357</id><published>2007-03-15T15:53:00.000-04:00</published><updated>2007-03-15T16:10:58.654-04:00</updated><title type='text'>Acólitos anónimos y egotecas hinchadas</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;Los escritores se dividen en aburridos y amenos.&lt;br /&gt; Los primeros son los llamados clásicos.    &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;   José Antonio Ramos Sucre&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No creo que no haya habido algún latinoamericano aspirante a escritor que, habiendo pasado de alguna manera  por las aulas o por otros espacios propios de la academia, no se haya creído alguna vez autor de una obra que cambiará el curso de la historia a partir del surgimiento de su propia producción estética. Y es que resulta casi natural que cualquier escritor que se inicie, y que malviva o sobreviva en el medio académico (donde se estudia formalmente la literatura, su proceso y su historia, donde se habla de revoluciones literarias y estéticas) viva la fantasía juvenil de generar una hecatombre histórica con su obra. Los venezolanos Gallegos, Uslar y Meneses "asomaban la idea" cada vez que se les preguntaba sobre la “salud" de la literatura venezolana. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Paralelamente, todos creen que son “los otros” los que no han logrado revolucionar nada. Y esto ocurre porque, como dice el sociólogo francés Pierre Bourdieu, en ese ambiente, como en muchos otros, “existir es diferir”. Aunque también aclara el mismo autor que esa actitud hacia el cambio de paradigmas es más atinente al joven porque “carece de capital específico”. En esa lucha permanente por mostrarse como parte del universo literario, el escritor apuesta a dos tipos de consagración, la interna, referida principalmente al reconocimiento académico, y la externa, vinculada al éxito de ventas y logro de reconocimiento público. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se cae en el error de pensar que, independientemente de la escritura, por encima de una obra original y contundente,  se puede cambiar el estatus literario hiperdesarrollando con énfasis el síndrome del sepulturero. O sea, matando de boca a toda una tradición, asesinando oralmente, o a través de la ocasional entrevista de prensa, a quien se atraviese (sean individualidades o instituciones). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            Ignoran que las revoluciones literarias contemporáneas (mucho más que las referidas a otras artes como la plástica, la escultura, la música) son apenas sacudones imaginarios en los que, ocurra lo que ocurra, no pasa nada, por cuanto su efecto comunitario, eso que los sociólogos llaman el “impacto social”, es tan pequeño que ni se siente. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Insistiendo en la premisa general de que la literatura no subvierte nada, más allá de la propia palabra literaria, podría yo pensar que, dentro de un espectro de mayor o menor impacto social (consagración externa), y aludiendo exclusivamente a casos venezolanos conocidos por todos,  Gallegos,  Liendo,  Britto García,  de la Parra,  Herrera Luque, Chirinos, Tapia, Denzil Romero y Ana Teresa Torres han sido muchísimo más “subversivos” que autores como Guillermo Meneses, José Balza, Oswaldo Trejo, Antonieta Madrid, Ednodio Quintero o Enrique Bernardo Núñez. Y cuidado, no digo que unos sean mejores ni peores que los otros. No es una valoración lo que estoy haciendo. Sólo que si considero el radio de acción o de influencia de sus obras, sin llegar al bestsellerismo que tanto detestan  algunos (sobre todo los que no participan de él), los primeros han logrado más cercanía con un mayor universo de lectores que los segundos, independientemente de autopromociones, declaraciones de principios o aspiraciones al clasicismo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Agrego además que ese “impacto” no guarda relación directamente proporcional con la abundancia de libros publicados. Ya sabemos de sobra que el continente latinoamericano es abundoso en codornices que ponen huevitos cacareados como si fueran de avestruz y creen que con ello es suficiente para subvertir y cambiar el rumbo de la literatura. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Casi estoy por creer que llegará un momento en que, si la seguimos entendiendo de esta manera, la literatura  no será capaz de subvertirse ni siquiera a sí misma. Cada vez parecen lucir más restringidos los circulillitos en los que se mueve y eso es precisamente lo que me ha llevado a proponer que, sin complejos de ninguna naturaleza y sin pensar que somos la tapa del frasco, hablemos mejor de “élite-ratura”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a Pierre Bourdieu, quien también señala que “...en el ámbito del análisis literario,...no hay crítico, hoy en día, que no se otorgue un nombre de guerra en –ismo, -ico o –logía”. Nos aferramos con adicción a tendencias o movimientos para sentirnos más fuertes, apoyados por la sapiencia de quienes encabezan el pensamiento que seguimos. Por ejemplo, hay quienes se ufanan de ser  &lt;em&gt;postmodernistas focaultianos&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;estructuralistas psicoanalíticos&lt;/em&gt; o &lt;em&gt;narratologistas genettianos&lt;/em&gt;. La misma categoría podría explicarse a  narradores y poetas, puesto que no son pocos los que se ajustan la chaqueta estética, con su nombre de guerra. Y lo hacen colgándose ( a veces sin darse cuenta) de la solapa o el corsé de alguien que supuestamente ya conoce de la consagración interna y externa: así, la “revolución personal” de algunos escritores se ayuda con el apellido del otro:  y entonces, en el espectro latinoamericano,  emergen grupos de &lt;em&gt;garcíamarcados&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;vargasllorosos&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;mutis-lados&lt;/em&gt;, a&lt;em&gt;llendosos&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;mastreteros&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;restreputeados&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;saramagosos&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;fuenteovejunos&lt;/em&gt;,  y etcétera para no abundar. Cada país tiene los suyos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; En el caso venezolano, Manuel Bermúdez ha sido más “globalizador” y suele hablar de sólo de dos categorías más amplias que hablan por sí solas: los que “&lt;em&gt;galleguean&lt;/em&gt;” y los que “&lt;em&gt;octaviopaztan&lt;/em&gt;”. Y el colofón de todo esto es que casi se ha generalizado que, para hacer nuestras hecatombes personales, aunque sean imaginarias, requerimos del apoyo de quien nos cobije, aunque tengamos que negar a otros. A veces sin saberlo, nos volvemos acólitos anónimos. Y la “acolitosis” alimenta nuestro ego.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-4246619000324417357?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/4246619000324417357/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=4246619000324417357&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/4246619000324417357'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/4246619000324417357'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/03/aclitos-annimos-y-egotecas-hinchadas.html' title='Acólitos anónimos y egotecas hinchadas'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-5740751223437584265</id><published>2007-03-07T15:20:00.000-04:00</published><updated>2007-03-07T15:43:23.585-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='lectura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cien años de soledad'/><title type='text'>Beatriz, la bella, en Macondo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Para no repetir alabanzas, loas, halagos y otras especies jalamecáticas, tan típicos y típicas en estos días del cumpleaños de García Márquez, mi tía Eloína me ha recordado el modo como leí por primera vez la novela &lt;em&gt;Cien años de soledad&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Yo estudiaba la primera etapa del bachillerato y tenía una compañera que, aunque de pequeño formato, no sólo era la más buena del curso sino también la mejor alumna, la que parecía tener más recursos, la más intelectualosa y también la lectora más culta. Mis amigos le decían “Culitoapretao”, con lo que aludían no sólo a su situación económica sino también a lo que décadas después conoceríamos como sifrinismo. Sobre todo porque su madre, que estaba tan buenota como la hija, la mimaba hasta la saciedad, comprándole todos los libros que ella deseara.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se llamaba Beatriz. Sabía escribir mejor que todos, leía en voz alta como si recitara y no fallaba en sus curvas de entonación ni una vez. Pero lo mejor de todo (o lo peor, depende) era que también aquella escultura mínima era mi mejor amiga y que, aunque siempre estudiábamos juntos, la timidez me impidió confesarle alguna vez que no andaba con ella por sus rasgos intelectuales sino porque me gustaba. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que Beatriz fue la primera persona de Los Puertos de Altagracia que tuvo en sus manos un ejemplar de &lt;em&gt;Cien años de soledad&lt;/em&gt;. Su madre se la había comprado en Maracaibo, a muy poco de haberse publicado la primera edición, y ella alardeaba con el libro para provocar la maledicencia de mis compañeros. No paraba de hablar de la novela, de los personajes, del lenguaje, de muchas vainas que los estudiantes comunes y corrientes no entendíamos. Hizo ella misma una especie de árbol genealógico de los Buendía, hablaba de Úrsula Iguarán como si se tratara de la vecina, argumentaba sobre la mentalidad fantasiosa de un tal Melquíades (nombre, por cierto, más maracucho que un huevo chimbo). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es decir, nos tenía hasta la coronilla con sus lecciones acerca de la historia macondiana. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por el contrario, mi lectura del momento era un libro cuyo autor o autora olvidé y que se titulaba &lt;em&gt;Tierna era mi carne&lt;/em&gt;. Por el título pueden imaginar de qué iba aquel volumen que yo dejaba colar por debajo de los pupitres para que mis amigos se deleitaran también con las escenas porno que describían a una chica, la protagonista, haciendo el amor con algunos animales (uno cada vez, eso sí).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por la vía infalible del chisme, Beatriz se enteró de mi lectura preferida e inició una campaña de acoso para que yo dejara aquellas “cochinadas” (según ella) y me dedicara a libros a su juicio más fortificantes. Tanta lata me dio que me convenció de que yo también tenía que leer la obra del Gabo, asunto que de verdad no me disgustaba. Sin embargo, por ser para ella “un tesoro”, no podía dejármela para que yo la llevara a casa. Debía leerla en la suya, durante los ratos que nos quedaran libres mientras estudiábamos (o mientras ella estudiaba y yo no hacía más que mirarla de soslayo, babeado por su mini talle perfecto y su sonrisa divina). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Así accedí a la lectura de la novela y debo admitir que quedé “estupefaciente” desde las primeras páginas. No era porno pero cautivaba igual. Mas, como se me hacía difícil culminarla por los escasos momentos que debía dedicarle, un día le propuse quedarme en su casa para avanzar en la lectura. Y me quedé. Sin que se enterara la abuela (que también vivía en la misma casa), entre su madre y ella me pusieron a dormir en el sofá de la sala. Con una luz muy tenue que entraba por la ventana, desde la calle, agudicé mis ojos y logré leer hasta muy avanzada la trama y la noche. Me quedé dormido. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es posible que soñara con Beatriz emparejada con el coronel. O con Amaranta aconsejando a mi compañera para que me aceptara. A lo mejor deambulaba yo por las calles de Macondo persiguiendo a Beatriz como si fuera Remedios, la bella. Quizás repasaba en mi mente soñolienta uno de los pasajes en que más me había fijado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;color:#3366ff;"&gt;“Amaranta se sintió tan incómoda con su dicción viciosa, y con su hábito de usar un eufemismo para designar cada cosa, que siempre hablaba delante de ella en jerigonza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;-&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Esfetafa&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; -decía- &lt;em&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;esfe defe lasfa quefe lesfe tifienenfe asfacofo afa sufu profopifiafa mifierfedafa&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;Un día, irritada con la burla, Fernanda quiso saber qué era lo que decía Amaranta, y ella no uso eufemismos para contestarle.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;-Digo –dijo- que tú eres de las que confunden el culo con las témporas.”&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que, en plena madrugada, medio desperté, casi alumbrado, al sentir un leve ruido y percibir en la oscuridad una imagen que venía hacia mí. En mi enamoramiento adolescente, seguí soñando al creer que era Beatriz que se había escapado de su habitación y venía a otorgarme un sí que yo, por pena, jamás le había solicitado.&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No tuve más remedio que levantarme y, con la urgencia del caso, atender a los requerimientos de aquella sombra. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Motivada por la intuición que dan los años, la abuela se había despertado. Al descubrir de madrugada mi bulto sobre el sofá, se había armado con un palo de escoba y venía decidida hacia donde yo estaba echado, gritando a todo pulmón: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-¡Un ladrón, no joda, un ladrón! &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-5740751223437584265?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/5740751223437584265/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=5740751223437584265&amp;isPopup=true' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/5740751223437584265'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/5740751223437584265'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/03/beatriz-la-bella-en-macondo.html' title='Beatriz, la bella, en Macondo'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-5253814439565101051</id><published>2007-02-28T18:35:00.000-04:00</published><updated>2007-02-28T18:58:49.080-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cálculos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='riñón'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='medicinas-caseras'/><title type='text'>Remedios que sacan la piedra</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/ReYES7OY-JI/AAAAAAAAAAM/xHP8upr3j5A/s1600-h/riÃ±Ã³n+recorte.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5036717956442683538" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/ReYES7OY-JI/AAAAAAAAAAM/xHP8upr3j5A/s200/ri%C3%B1%C3%B3n+recorte.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La gente suele ser sabia en múltiples consejas y amplísima en los más diversos consejos. Al menos en Venezuela, se trata de una conducta que no distingue colores de epidermis ni rangos sociales. Basta con  la ocurrencia casual de un fuerte dolor de espaldas o  la aventura incierta de algún examen médico de rutina en la que a usted le diagnostiquen la presencia de una piedra en el riñón para que le aparezcan de pronto los más diversos  consejeros y consejos en cuanto a lo que deba hacer para expulsarla. Desde el más humilde de los empleados hasta la más encumbrada ejecutiva se vuelven calculistas o calculonas al momento de aconsejarle el remedio más adecuado para su mal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La experiencia más reciente la acaba de vivir mi tía Eloína. Una vez que los sobrinos no creyeron en sus  cuentos para echarle las culpas de sus cada vez más frecuentes dolores de cintura a la ancianidad de un colchón del que no ha querido desprenderse desde hace más de treinta años, hubo de resignarse y aceptar caer, una vez más, en las manos piadosas de un matasanos para que la examinara.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y la verdad se le incrustó como piedra en el zapato (mejor dicho, en el riñón). En medio de una terrible sesión de náuseas generadas por la registradera del galeno, la noticia le sentó como si se hubiera atragantado con una cesta de mariscos en mal estado. Todavía recuerda la cara serísima del batiblanco, quien patibulario, patético y muy cejas torcidas, arrugó la voz para manifestarle que el ecosonograma, la tomografía, la resonancia magnética y las pruebas sanguíneas habían revelado la posibilidad de un diagnóstico que la dejó “estupefaciente”:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;      -Los exámenes lo evidencian- dijo el médico, tratando de ser concreto, conciso y exacto, como suelen enseñarlo en las escuelas de medicina- etiopatogénicamente tienes una litiasis urinaria originada por precipitación de sustancias cristalinas sobresaturadas, de composición química difusa y de origen mucoproteínico con infección por gérmenes ureolíticos. ¡Más claro no canta un gallo!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Obviamente, cuando como paciente escuchas una retahíla de esa naturaleza, comienzas a tratar de recordar si tienes o no al día tu seguro funerario. Sin embargo, mi parienta se tranquilizo cuando otro médico amigo y más terrenal, menos sacerdotal, le aclaró que esa jerigonza inextricable significaba que tenía un piedra en el riñón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aparte de seguir el inútil tratamiento alopático recomendado (antes que tener que recurrir a esa mágica luminiscencia que ahora llaman laparoscopia),  no hubiera pasado nada si a ella no se le ocurre hacer circular la noticia en el edificio donde habita. Descartando la mamadera de gallo del presidente del condominio (“¡Error de cálculo, doña Eloína, cómo se hace!”), cada uno de los vecinos de confianza fue apareciendo en distintos momentos para ofrecerle un consejo acerca del modo más expedito de botar la piedra.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y dada, como es, a creer en las dotes de la sabiduría popular, ella comenzó a aplicarse una serie de remedios de tipo casero que, si bien ayudarían a &lt;em&gt;eyectar&lt;/em&gt; a la intrusa, pudieron también haberla expulsado a ella del mundo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Vecino del 5-B. Cocine barbas de jojoto de maíz amarillo cosechado en luna llena, déjelas serenar por media hora y prepare un batido con ellas al que le agregará una hoja de canela que no haya sido asoleada. Échele después dos cucharadas de aceite de oliva virgen y tómese medio vaso cada noche, antes de acostarse. Dicho y hecho, durante una semana,  diarrea prolongada sin otro resultado. La roca seguía allí intacta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Vecina del 7-C. Consiga un melón verde de 750 gramos que no haya sido sometido al transporte en camión de estacas. Córtelo en triángulos sin eliminar ni la concha ni las semillas, agregue dos vasos de agua, pase todo por la licuadora en la segunda velocidad y tómese un vaso antes de cada comida. Muy bien, estreñimiento severo por seis días y la guaratara allí,  inamovible.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Vecinos del PH1: Corte varias pencas de sábila tierna y mézclelas con catorce dientes de ajo tamaño mediano, comprados en el mercado de coche antes de las cinco de la madrugada, añada agua al gusto y deje reposar por una hora para luego beber un vaso cada treinta minutos hasta que le saque la piedra. Qué va, retortijones intolerables y el peñón de gibraltar como si no fuera con él.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Vigilante de la caseta de entrada. Prepare un té de onoto traído de Escuque, pero que haya sido arrancado de la mata en tiempo de atardecer de día lluvioso. Triture dos huevos de gallina criolla, cáscara incluida, y vierta el contenido en el té de onoto,  métalo en la nevera durante tres horas y cuatro minutos y luego bébaselo en cucharadas, una por una. Heces coloradas, orina color salmón asustado y nada. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Conserje portuguesa. Como ninguno de los anteriores le ha hecho efecto, coloque cada noche un vaso de agua y otro de ron blanco frente a la imagen del Negro Felipe, acompañada de la de la Virgen de Fátima. Rece veintisiete rosarios sin respirar y tenga fe en que expulsará lo deseado y lo indeseado una vez que termine de orar. Negativo, casi se muere asfixiada, sin más logros. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En suma, cada vez ha venido alguien a ofrecerle de buena voluntad el remedio “más efectivo” para desalojar aquella dureza renal. Sin embargo, van ya unos cuatro meses probando recetas diferentes sin que ocurra el esperado milagro naturista que a mi parienta le saque la piedra. Allí sigue. Cualquiera otra  sugerencia medicamentosa para este caso, por favor remitirla a la sección de comentarios de este blog. Ella está dispuesta a seguir probando antes de la opción quirúrgica. Aconséjela.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-5253814439565101051?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/5253814439565101051/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=5253814439565101051&amp;isPopup=true' title='95 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/5253814439565101051'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/5253814439565101051'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/02/remedios-que-sacan-la-piedra.html' title='Remedios que sacan la piedra'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/ReYES7OY-JI/AAAAAAAAAAM/xHP8upr3j5A/s72-c/ri%C3%B1%C3%B3n+recorte.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>95</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-3509642482441648664</id><published>2007-02-21T20:24:00.001-04:00</published><updated>2007-02-21T20:57:02.807-04:00</updated><title type='text'>Humor con amor se paga</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Suele decirse que los venezolanos hacemos humor de cualquier evento, incluidas las desgracias, los sepelios, los divorcios y los gobiernos. Particularmente, no creo que éste sea un atributo exclusivamente nuestro sino una condición que nos ofrece el idioma español en general. Pensemos, si no, en lo aburrido que es hacer humor a la inglesa, a la sueca o a la alemana. No debe ser muy fácil porque, aunque no sea cierto, suele decirse que en los países donde se hablan esas lenguas todo está tan resuelto que los hablantes se divierten suicidándose. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En la mesa, somos adictos a una sola expresión de humor negro cada vez que nos toca comer lo mismo del día anterior. Ante la necesaria resignación, no nos queda más salida humorística y amorosa que complacer a nuestra pareja, madre, hermana o hermano, mirando con sonrisa lastimera la comida vieja, engullendo el primer bocado y exclamando con total hipocresía, pero con aparente rostro de felicidad: “¡Ummm, está mucho mejor que ayer!”. Igual que no faltará jamás quien, después de una parrillada horrorosa, quiera halagar al autor o autora con la expresión “¡Coño, ahora es cuando esa candela está buena!”. Vale, Amor con humor se pega. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Podríamos recordar también nuestros hábitos de hacer con alguien una cita: los hablantes del resto del mundo suelen acordar encontrarse a las cuatro, cuatro y treinta o a las cinco menos cuarto. Nosotros decidimos desde hace tiempo, enloquecer a los relojes y encontrarnos “a eso de las cuatro”, “más o menos a las cuatro”, “entre las cuatro y las cuatro y media”, “a golpe de cuatro”, “por ahí a las cuatro”, “cerca de las cuatro”, “antes de las cinco”, “pasaditas las cuatro”, etcétera, sin precisar jamás con exactitud. Pero todos entendemos y aceptamos. Como dijera Aníbal Nazoa, “&lt;em&gt;A las cuatro y pico en punto&lt;/em&gt;, que en todas partes es un chiste, en Venezuela es una hora que puede corresponder a la realidad”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entre nosotros el melón, el melocotón, la ciruela, la naranja, el zapote, el mamey, la guayaba, la mandarina, el café, el chocolate, el pistacho, no son sólo frutas y vegetales, sino también colores. Así como el mantecado y la vainilla tampoco son sabores de helados o bebidas. Posiblemente el más original de nuestros colores criollos fue perfectamente delimitado hace años por la sabiduría popular: el color de “mono corriendo”. Es posible que nadie sepa definirlo, pero todos estamos seguros de reconocerlo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y en esto del humor lingüístico, no podré jamás olvidar los gritos de un vendedor ambulante de malta helada que alguna vez se paseaba por las calles de El Paraíso. El hombre arreaba su carrito con los emblemas de las principales marcas nacionales de malta y su mejor grito de publicidad era:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;-¡Tome malta, maltirícese, maltirícese!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No hay duda de que era un auténtico creativo publicitario, como también lo es mi ingeniosa tía Eloína, quien, cada vez que su progenitora le reclamaba haber salido con algún caballero a “venderle su cuerpo”, se defendía diciéndole: “¡Madre, te equivocas, no vendo mi cuerpo, lo alquilo!” &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Incluso cuando tenemos alguna dificultad para entender o producir determinada expresión que nos ayude a sobrevivir, acudimos a eso que se denomina los comodines lingüísticos. Son muchísimos, pero valga recordar sólo siete de nuestra jerga diaria. No digo que sean sólo venezolanos, apenas los reporto aquí como frecuentes en nuestro medio. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Me refiero a expresiones como “verga”, “vaina”, “coño”, “carajo”, “coroto”, “bicho” y “cosa”. Ni hablar de los múltiples derivados que de todas ellas emergen. Permítanme nada más acercarme a la definición que da Eloína de la expresión “comodín lingüístico”: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Un comodín lingüístico es una &lt;strong&gt;verga&lt;/strong&gt; del &lt;strong&gt;carajo&lt;/strong&gt;, algo así como un &lt;strong&gt;coroto&lt;/strong&gt;, que no remite a un &lt;strong&gt;coño&lt;/strong&gt; pero permite mencionar con humor cualquier &lt;strong&gt;cosa&lt;/strong&gt; o &lt;strong&gt;bicho&lt;/strong&gt;, incluidas las &lt;strong&gt;vainas&lt;/strong&gt; que no conocemos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ya para cerrar, quiero recordar aquí una anécdota llena de sarcasmo que tiene que ver con mi propia experiencia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;A la espera de la luz verde del semáforo, intentaba yo atravesar una avenida cuando viene un taxi y se detiene justo sobre el rayado destinado a los peatones. Perturbado por aquello, me limité a pasar como pude pero aproveché para golpear con mis nudillos el &lt;em&gt;capot&lt;/em&gt; del carro y hacerle ver al chofer que estaba ocupando el espacio de los caminantes. Pues el conductor se ha enfurecido. Para mi asombro, se baja del taxi una inmensa mole de más o menos 1.90 de alto por 1 metro de ancho cuya corpulencia se disimulaba frente al volante. Sale, manotea bruscamente frente a mi pequeña humanidad y me grita:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;-¡Mire, amigo, la próxima vez que quiera golpearle un carro a alguien, búsquese uno de su tamaño!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-3509642482441648664?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/3509642482441648664/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=3509642482441648664&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/3509642482441648664'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/3509642482441648664'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/02/humor-con-amor-se-paga_21.html' title='Humor con amor se paga'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-1377205196578034849</id><published>2007-02-14T15:09:00.000-04:00</published><updated>2007-02-14T15:21:00.830-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='tecnoanalfabetismo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='teléfono'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='contestadoras'/><title type='text'>Contesta Dora</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;             Mi tía Eloína es  de aquellas personas que escucha su propia voz imitada por un ventrílocuo y jura que la persona lleva un reproductor de casetes en el estómago. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            - ¡Sea guón, no jo!, ¡A mí nadie me hace tragar el cuento de que cualquier &lt;em&gt;picardioso&lt;/em&gt; puede hablar sin abrir la boca y menos con la voz de otro!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            En pleno furor internético cree que el mecanismo del fax funciona por obra y gracia de alguna trampa (lo considera una vulgar máquina de escribir que se traga y vomita las hojas escritas). No distingue todavía entre la pantalla de un monitor de computadora y un televisor. Tiene miedo de los aviones, de los ascensores y de las escaleras mecánicas. En cuanto a la radio,  la escucha y hasta la disfruta pero con cierta sospecha de que hay alguien escondido dentro o detrás del aparato. Del correo electrónico, ni se ha enterado. O sea, es tecnoanalfabeta voluntaria irreductible.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;        Apenas logró asimilar el teléfono hace algunos años, pero hasta allí llegó su nivel de credulidad con la tecnología y eso porque durante su juventud conoció los auriculares de vasitos plásticos que los niños utilizábamos para hacer correr nuestra voz a través de un hilo. Como ven, mi parienta vive aún en el entresiglo XVIII-XIX. Ni se enterará de lo que es el Socialismo del Siglo XXI. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            El clímax de su escasa fe en los adelantos técnicos acaba de ocurrir durante su última visita a la capital. En las afueras del terminal de autobuses consiguió un sobreviviente teléfono tarjetero en proceso de nacionalización. Tampoco está convencida de poder utilizar las tarjetas magnéticas como dinero, pero, ante la extinción de los monederos, siempre consigue quien la ayude a hacer sus llamadas en la calle. Intentaba comunicarse a mi celular para que alguno de mis hijos fuera a recogerla, puesto que en casa no sabíamos de su viaje. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;       Deseaba venderme lana con la sorpresa de su telefonazo y salió trasquilada. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;      Una vez que el chofer del autobús en el que viajó le marcó el número,  pueden imaginar su reacción al escuchar al otro lado una voz que no la dejaba hablar, aun cuando ella intentaba interrumpirla entre una palabra y otra. No pude atender la llamada y se activó el mensaje que suelo dejar grabado para el servicio de respuesta automática:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            “Aquí contesta-dora, la cachifa electrónica sin “barrera”, sea optimista, la carne bajará de precio, es tiempo de vacas gordas. Si va a enviar un fax, hágalo inmediatamente, si no, deje un mensaje breve y su número, gracias. Disfrute la música.”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            Eloína no entendía aquella retahíla imparable “de mi parte” y me ha dicho que lo primero que pensó es que yo estaba borracho y como sabía que era ella, me divertía tomándole el pelo, hecho que había corroborado al escuchar la música de fondo que suelo añadir al mensaje (una ranchera bien  llorona). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            Pasó más de tres minutos gritándole a la bocina telefónica, insistiendo en que yo estaba ahí y me negaba a responderle para hacerla perder la paciencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            -!No te hagáis el loco, mirá, yo sé que me estáis oyendo, &lt;em&gt;vergajo&lt;/em&gt;, no me calo ese &lt;em&gt;mollejúo &lt;/em&gt;pitico, dejá que te vea...!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            El resto del mensaje ocupó todo el espacio disponible y es impublicable.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;           Cuando llegué a casa a mediodía, la encontré en la puerta, todavía echando chispas. Al no lograr que “yo” respondiera a sus chillidos, decidió tomar un taxi y allí estaba, bufando como una vaca herida y roja, rojita de la furia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            Me costó mucho convencerla de que yo no había estado en casa. ¡Qué cómo podía decirle eso si hasta le había contestado el teléfono con una risita burlona! ¡Que qué riñones los míos, que no volvía más! ¿Que quién carrizo era la tal Dora que me acompañaba!...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;            Logré que entrara. Se calmó al rato. Y para demostrarle que le estaba diciendo la verdad, activé frente a ella el colector de mensajes, todo ocupado por su florido discurso, aderezado con léxico maracucho y oriental (éste último heredado de su más reciente marido ocasional). Lo escuchó atónita, se iba poniendo roja y más roja a medida que oía sus  improperios. Fue al cuarto, regresó con su maleta todavía sin abrir y me dijo que se iba, que no volvía, que no me había bastado con mamarle gallo hasta cansarme, sino que encima había grabado su conversación para hacerla avergonzarse.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-1377205196578034849?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/1377205196578034849/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=1377205196578034849&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/1377205196578034849'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/1377205196578034849'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/02/contesta-dora.html' title='Contesta Dora'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-3761454548674456310</id><published>2007-02-07T17:21:00.000-04:00</published><updated>2007-02-07T17:41:59.395-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ciberliteratura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='lectores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='eliteratura'/><title type='text'>Entre la elite-ratura y la e-literatura</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;“Sobre la página de un libro se puede llorar, pero no sobre una computadora”.&lt;br /&gt;José Saramago, 2004.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Qué desesperación si la pantalla supliera a las páginas del libro!”.&lt;br /&gt;Mario Vargas Llosa, 2005.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Dice mi tía Eloína que la literatura está cambiando aunque algunos escritores se nieguen a admitirlo. Y si no, que lo digan los millones de internautas que actualmente se acercan a las obras que circulan por Internet. La llegada de la ciberliteratura o literatura virtual es un hecho al que ya no podemos resistirnos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, esto no necesariamente implica la desaparición de esa especie de fetiche en que la cultura escrita convirtió al libro impreso. La evolución tecnológica humana no suele restar, más bien es acumulativa. Ahí están la carreta, la bicicleta, la motocicleta, el automóvil, el telégrafo, el teléfono, la radio, la tele, el diario y, por supuesto, el libro. Siempre que haya libros habrá lectores que prefieran el sistema de lectura impuesto desde la invención de la imprenta. Lo que no implica negar que ahora los lectores tenemos dos opciones: la eliteratura (que así la llamo porque siempre ha sido un espacio de pocos, de élites) y la e-literatura (es decir, las nuevas formas de hacer literatura que han comenzado a imponerse a partir de la Internet).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De modo que no tiene sentido temerle a esta nueva situación. Puede gustarnos o no, pero la e-literatura ya llegó y también tiene sus propulsores y sus fanáticos. Por ejemplo, nunca en su adolescencia pensó mi tía Eloína que algunas novelas de esta época podrían ser generadas como producto de muchas manos que no logran “poner el caldo morado”. Pero tampoco ha olvidado los cadáveres exquisitos que la obligaban a escribir con sus compañeros de colegio. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Me refiero en este caso a las propuestas que circulan en la Red para que, como lectores y escritores al mismo tiempo, nos incorporemos en la confección de textos literarios cuyo diseño final todos desconocemos y cuya “autoría” pertenecerá a una colectividad sin rostro, con identidad difusa y sin personalidad jurídica. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Para no ir tan lejos, un ejemplo es el proyecto moderado por el venezolano Doménico Chiappe, quien desde Madrid coordinó en el año 2005 el lanzamiento vía Internet de la novela colectiva &lt;em&gt;La huella de Cosmos&lt;/em&gt;, en la que participaron varios narradores españoles y latinoamericanos, entre ellos otros dos venezolanos (Juan Carlos Chirinos y Juan Carlos Méndez Guédez). Su lanzamiento tenía un propósito estrictamente interactivo, con texto, música y video, además de un foro abierto a quienes desearan intervenir en su desarrollo y diseño. Experto en estas lides de la creación literaria virtual, Chiappe es además autor de una novela multimedia anterior (&lt;em&gt;Tierra de extracción&lt;/em&gt;, 2003).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;También leímos hace poco que la editorial &lt;em&gt;Penguin&lt;/em&gt; y la &lt;em&gt;De Montfort University&lt;/em&gt; (Leicester, Inglaterra) acaban de lanzar a la red la posibilidad de una narración a múltiples manos en cuya escritura pueden intervenir tantos lectores como lo deseen, de cualquier parte del mundo, sólo que en idioma inglés. Para quienes deseen probar, la dirección es &lt;a href="http://www.amillionpenguins.com/"&gt;http://www.amillionpenguins.com/&lt;/a&gt; (a la fecha en que escribo esto, la página llevaba 94.774 visitas en apenas unos días).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esto, sin olvidar que en países como Japón, aparte de los video-juegos y los dibujos animados, ya es posible “leer novelas” a través de los teléfonos celulares. Se cree que por los móviles japoneses circulan más de 150 obras ofrecidas por la empresa de comunicaciones &lt;em&gt;Bandai Networks&lt;/em&gt;. Puede parecer incómodo para un lector acostumbrado a las dos tapas que protegen las páginas de un libro pero…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y un poco para tranquilizar a quienes como José Saramago y Mario Vargas Llosa, han visto en las pantallas de los monitores una amenaza y una afrenta, creo que podrían servirles de consuelo las siguientes palabras de John Updike: “Los lectores y escritores de libros se están acercando a la condición de renegados, hoscos ermitaños que se niegan a salir a jugar bajo el sol electrónico de la aldea posGutenberg.” &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;[texto completo de Updike en: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;a href="http://www.lapetiteclaudine.com/archives/009464.html"&gt;http://www.lapetiteclaudine.com/archives/009464.html&lt;/a&gt;].&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-3761454548674456310?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/3761454548674456310/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=3761454548674456310&amp;isPopup=true' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/3761454548674456310'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/3761454548674456310'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/02/entre-la-elite-ratura-y-la-e-literatura.html' title='Entre la elite-ratura y la e-literatura'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-5805116444040630155</id><published>2007-01-31T11:38:00.000-04:00</published><updated>2007-01-31T15:57:42.401-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='crítica'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='lectores'/><title type='text'>Críticos crónicos de la crítica</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;De cualquier naturaleza que ésta sea, una de las tareas más complicadas de la escritura latinoamericana es hacer crítica literaria. Por ejemplo, para no abandonar una tradición que ya ocupa más de dos siglos, los escritores venezolanos hemos sido (y seguimos siendo) reacios a los juicios adversos. Si a un lector cualquiera se le ocurre manifestar su disgusto o desacuerdo con los contenidos de un libro y se atreve a manifestarlo públicamente, pues es muy probable que salga o el autor mismo o algunos de sus acólitos anónimos (y también los conocidos) a ejercer una especie de “derecho a la defensa” que termina convirtiéndose en un atajaperros sazonado por dos extremos: halagos gratuitos e improperios difamantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esto ocurre porque algunos no han logrado (o no desean) entender que si bien los autores somos libres de escribir como se nos antoje y sobre lo que nos dé la gana, hay otro mundo (el de los lectores, que entre nosotros no es tan numeroso como quisiéramos, pero existe) cuyos habitantes son libres de opinar acerca de lo que publicamos. Si es lógico que nos guste lo que hacemos y queremos mostrar a los demás, también es previsible que a otros les satisfaga o no lo que hemos hecho. Elemental. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y, atención, como diría el crítico español Juan Luis Alborg, cuando digo "lectores" incluyo a todos aquellos "que no viven de enseñar [o escribir] literatura, y muchísimo menos de enredarla".&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es muy natural que al escritor le complazca que lo halaguen y le manifiesten que como él no hay dos. Para esos casos, siempre habrá un anaquel disponible en la egoteca. Sin embargo, la dulzura se vuelve amarga cuando el juicio del lector no es favorable. Y nunca ha entendido mi tía Eloína ese afán de algunos autores por querer contradecir los juicios de los lectores. La lectura libre, voluntaria y espontánea de un texto literario no es ni una discusión de tesis académica ni un juicio sumario con derecho a la defensa por parte de quien se sintiere agraviado. Es una de las actividades humanas más cercanas al ideal de libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si escribo y publico, mis destinatarios tienen derecho a manifestarse al respecto. Ni siquiera a quienes por alguna razón ejercen de “lectores profesionales” (los investigadores de la literatura, por ejemplo) se les puede recriminar que hagan un trabajo que resulte en supuesto perjuicio para algún autor. Porque ésa sería una manera de ejercer la intolerancia que, al parecer, y según algunos, sólo es censurable cuando la practican otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos escritores hemos ejercido el trabajo crítico por imperativo de nuestra profesión, pero eso no es motivo suficiente para que quienes se sienten solamente "narradores puros", "poetas excelsos" o "ensayistas angelicales" nos den órdenes de “hacer nuestro trabajo” y nos dediquemos a comentar con vacía adulancia cuanta obra se publica en el mercado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ocasiones sobran quienes se sienten pedantonamente consagrados desde el primer libro que publican. Y hasta sin haberlo publicado. O abundan los que padecen el síndrome del abuelo, el niño y el burro: si el hombre va sobre el asno, censuramos su descaro de dejar al pobre niño a pie; si es el chico quien hace de jinete, pues mire usted que la juventud de hoy no tiene compasión con los ancianos. Como se les ocurra montar ambos al burro, ¡malvados, no tienen compasión del pobre animal! Y si ambos van andando al lado del jumento, ¡vaya que son idiotas!, cansarse caminando cuando pudieran evitarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo mismo ocurre a veces con la literatura. Si la crítica no dice nada, es malvada porque “no hace su trabajo”; si reseña con múltiples halagos, no ha dicho lo suficiente; si el juicio es adverso, “¡carecemos de crítica literaria!”. Y si se comenta algo bueno, positivo, interesante, más algo negativo, no convincente, pues el autor se pasará la vida explicándole al crítico cómo leerlo ya que no ha ocurrido lo que esperaba. Conclusión, aparte de ser suicida, la crítica literaria parece ser un callejón sin entrada. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-5805116444040630155?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/5805116444040630155/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=5805116444040630155&amp;isPopup=true' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/5805116444040630155'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/5805116444040630155'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/01/crticos-crnicos-de-la-crtica.html' title='Críticos crónicos de la crítica'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-6269002214671989557</id><published>2007-01-24T10:23:00.000-04:00</published><updated>2007-01-24T17:58:14.220-04:00</updated><title type='text'>Ni purismo fanático ni anglofilia incondicional</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin duda que uno se vuelve viejo, fanático, achacoso y chauvinista cuando le pica la mala lengua. Una mañana llego a la universidad donde trabajo y leo en una pancarta “Welcome visitors”. Llamo por teléfono a casa de mi vecina carupanera para solicitar que me devuelva la herramienta que le he prestado y me dice “Okey, te la mando con Yesaidú Guatabaut o con "Yoncito Williams”. María, mi amiga prefiere hacerse llamar “Mery”, Isabel, “Elízabeth” y Miguel, “Máikel”. “Full trabajo” rezaba una inmensa valla que promocionaba a un joven político de Vargas en las pasadas elecciones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La radio me ensordecía hace poco con los gritos de un par de locutores venezolanos,  jóvenes y sifrinos. Los animadores se trataban unos a otros de “gays” (a veces se equivocaban y se decían “gueis”), promocionaban un horno “fullpotente” que sirve para “defrost” y se referían a su propio discurso como un “speech” que les permite anunciar al final a sus “sponsors”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La cotidianidad del país transcurre espanglosamente y cada vez uno se vuelve más un pureto purista del lenguaje. Sin anestesia, se nos mete la lengua anglosajona hasta en la respiración. Taguaras, botiquines y ventas de parrilla de mala muerte en plena carretera de oriente se autodenominan “Pub and Grill”. La empleada del banco me conmina a  elaborar un “voucher” cuando debo hacer algún depósito. No hay modo de que un “correo electrónico” no sea un “e-mail”. Cualquier revista pirata se autocalifica de “journal”. Me sonrío cuando escucho a algún colega que olvidó las interjecciones del español y, cada vez que se equivoca o se asombra, apenas es capaz de gesticular ridículamente un “¡Ou nou, guarapiri!” (¡Oh no, what a piti!, ¡qué lástima!). Y eso cuando no se le hace difícil encontrar el vocablo adecuado y debe decirlo en inglés: “¡Oh Gosh! se me olvidó cómo se dice esa 'fucking' palabra en español”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hay trabajos universitarios de ascenso escritos en inglés, porque al parecer ningún reglamento obliga a la traducción en un país cuya lengua oficial mayoritaria es el castellano. Leo una revista de lingüística supuestamente venezolana y me encuentro con que más de la mitad de su contenido aparece en inglés, presuntamente para hacerla más “universal”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se invita a un profesor gringo a dictar cursos en el país y buena parte de las veces hay que utilizar ese odioso recurso de la traducción diferida o resumida, con su dosis de presupuesto y aburrimiento adicional, porque el sabio "lecturer" sólo habla inglés y de vaina. Voy a su país a hacer lo mismo y tengo que chapucear lo que deba decir en mi mal pronunciado y ridículo “espanglish” maragocho, porque allá las normas indican que debe hacerse en la lengua nacional. O sea…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No creo sinceramente que sea necesaria demasiada erudición gramatical o porrones de teoría lingüística para suponer que así como es el castigo del cuerpo, la lengua es el espejo de lo que somos y deseamos ser. Todos en su propio terreno -gringos, británicos, zulúes, franceses, portugueses, italianos, alemanes- defienden hasta donde pueden las suyas; nosotros menos que los otros. En tanto algunos países penalizan los nombres comerciales en lenguas foráneas y los calcos injustificados, aquí se les valora como emblemas de categoría y distinción. Y no me refiero a los préstamos lingüísticos (a veces necesarios e inevitables). Cualquiera sabe, intuye, que uno puede mirar en la lengua materna las hendiduras de su propio ombligo cognoscitivo. Y no por ser fanáticos espanglosos estamos más cerca de la gloria y la civilización.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ya Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática española, se adelantó en 1492 y nos dijo que la lengua es compañera del imperio. Y ahora también lo es de los arreglos con el FMI, diría mi tía Eloína. Digo yo, aquí entre nos, es preferible llegar a la puretad lingüística que creer que el universo perfecto se reduce al idioma en el que La Casa Blanca ordena invasiones e intervenciones donde no la han llamado. Una cosa es conocer y reconocer la importancia actual de una lengua como el inglés y otra es ser anglófilo fanático y desbocado hasta el punto de hacer el… (¡”Upps”, se me olvidó cómo se dice “ridículo” en español venezolano!). &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-6269002214671989557?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/6269002214671989557/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=6269002214671989557&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/6269002214671989557'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/6269002214671989557'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/01/ni-purismo-fantico-ni-anglofilia.html' title='Ni purismo fanático ni anglofilia incondicional'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-8187896719741026414</id><published>2007-01-17T20:20:00.000-04:00</published><updated>2007-01-17T20:41:31.480-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='lectores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='antologías'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='narrativa'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Venezuela'/><title type='text'>Las voces secretas: entre lectores te creas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Por muy cursi y poco original que parezca la expresión, mi tía Eloína no se cansa de repetir que los escritores nos debemos a los lectores: para ellos debemos escribir. No entiende a esos plumarios a quienes tiene sin cuidado la existencia de aquellos para quienes supuestamente escriben. "Quien no publica con la aspiración de que lo lean -dice- debería tomar sus textos y solazarse con ellos frente al espejo, repetírselos en solitario hasta el cansancio, pero jamás publicarlos; es decir, en lugar de escritor, debe ser un narciso hermafrodito compulsivo que redacta para sí mismo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto viene a cuento porque en diciembre pasado me topé con una interesante cháchara bloguera en la que se comentaba (y se sigue comentando) ,de manera muy sincera y directa, la reciente antología de cuentos venezolanos &lt;em&gt;Las voces secretas&lt;/em&gt;, compilada por el también narrador venezolano Antonio López Ortega (Caracas: Alfaguara, 2006).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt; o bitácora en que se comenta la selección se titula DE MALA MADRE y la reseña específica sobre el libro “Caerse a cuentos”. Desde la nota jocosa, precisa, contundente, sincera, muy directa y bien argumentada de la autora o autor del &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt; hasta los múltiples comentarios que la misma ha generado, me parecen un excelente ejercicio de libertad para opinar sobre lo que leemos. Es posible que muchos de los allí mencionados (compilador, autores incluidos, otros escritores aludidos) no se hayan visto retratados como ellos desearían verse siempre. Pero precisamente ésa es la independencia y la única arma de la que puede disfrutar un lector libre, sin compromisos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero que debemos asimilar como trasfondo de esta circunstancia es que ahora la Internet ofrece precisamente la posibilidad de asumir nuestros comentarios de lectura como si estuviéramos en una franca y abierta conversación de café, de bar, de botiquín, de esquina, envueltos en una atmósfera en la que nuestras opiniones entran en juego y se confrontan con las de los otros, sólo como producto de nuestra convicción acerca de lo que hemos leído. No hay condicionamientos académicos de ninguna naturaleza, y mucho menos cuando en la red tenemos la oportunidad de enmascararnos, si lo deseamos, bajo la tutela de un seudónimo o de participar simplemente como “anónimos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin compartir todo lo allí expuesto por los participantes, coincidiendo en algunos casos con la escogencia espontánea de lo que algunos juzgaron como los mejores cuentos de lo que no es precisamente una “antología” (por tratarse de relatos expresamente solicitados a los autores), quiero decir que la nota y los comentarios a los que hoy remito, no sólo despertaron mi admiración sino que también me permitieron ratificar la importancia de escribir y publicar para que otros lean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El grupo ha discutido sin prejuicios y sin ataduras de amistad sobre la calidad y/o nivel de varios de los relatos (por ejemplo, los de Alberto Barrera, Salvador Fleján, Armando Coll, Milagros Socorro, Roberto Echeto), ha argumentado sobre la relación entre un texto y la persona que lo escribe (Salvador Fleján), ha disertado acerca de las “mafias” (sic) o grupos literarios y sus movimientos (Federico Vegas, Rodrígo Blanco, Antonio López Ortega), ha calificado un cuento como lleno de "lugares comunes" (el de Juan Carlos Chirinos), ha expresado que si fuera por ellos sacarían a algunos de los textos incluidos (por ejemplo, el de Karl Krispin) e incluirían otros faltantes (no los mencionan), y ha manifestado que las supuestas “voces” no son tan “secretas” como lo expresa el título. En fin, se han tomado la tarea no sólo de leer detalladamente el libro, sino también de manifestar sus impresiones muy espontáneas acerca de los contenidos. ¡Una muy respetable actitud de lectores que opinan libremente! Para quienes deseen conocer la interesante disertación e incluso participar con sus opiniones, aquí los enlazo:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://demalamadre.blogspot.com/2006/12/quealgoqueda-caerse-cuentos.html"&gt;http://demalamadre.blogspot.com/2006/12/quealgoqueda-caerse-cuentos.html&lt;/a&gt; Vale la pena.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-8187896719741026414?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/8187896719741026414/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=8187896719741026414&amp;isPopup=true' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/8187896719741026414'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/8187896719741026414'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/01/las-voces-secretas-entre-lectores-te.html' title='Las voces secretas: entre lectores te creas'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-4331796688110481984</id><published>2007-01-10T14:38:00.000-04:00</published><updated>2007-01-10T15:36:57.581-04:00</updated><title type='text'>Sobre héroes y tombos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Debió llamarse James Bond o Superman. Baste para corroborarlo la lectura de su única “novela” autobiográfica, que actualmente circula en el mercado venezolano. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El súper héroe, paladín impoluto, inmaculado, transparente, incorruptible, adivino, intuitivo, definitivo, nos cuenta en esta obra su avatar político desde la temprana militancia en el pueblo natal hasta su múltiple actuación clandestina o pública, sin obviar los ramalazos que lo traen hasta la actual situación política del país. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cual titán holiwoodense, ha logrado salvarse múltiples veces de los más difíciles atentados fraguados por sus enemigos: Lex Lutor, Gatúbela, El Acertijo... . Se autopostula como YO, el supremo de la historia venezolana contemporánea, el máximo, el único, el invencible, el Mesías, antes, durante y después. Clon aglutinante de Francisco de Miranda, El Hombre Araña, Simón Bolívar, El Conde de Montecristo, Batman, El Zorro, Linterna Verde y Aquaman. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Estamos así frente a la fábula de este César tropical en un momento en que, por lo visto, pocos se atreven a la réplica ni a las aclaratorias, aunque acusa a muchos de temerosos, adulantes, ambiciosos, corruptos, etc. Sus relatos están plagados de nombres importantes, querellas, chismes, traiciones e infidencias de “notables” personajes públicos y héroes nacionales de antes y de ahora. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esta novela infinita de casi quinientas páginas podría considerarse la mayor egoteca publicada a lo largo de nuestra vida política y literaria. Con su astucia y pericia de Mandrake, todo lo sabía, todo lo controlaba, sin que se le escapara ni un solo detalle. A decir suyo, acabó con cuanto grupo se le opusiera y, también según él mismo, fue el máximo artífice de las luchas de los sesenta. Todo, sin haber hecho ni un solo disparo, a pesar de andar siempre con un revólver terciado en la cintura o una ametralladora en su maletín. Mejor la hubieran titulado del modo como el personaje se describe a sí mismo en la página 147: [mis adversarios] “Me convirtieron en un machazo”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Frase para un grafito: “El 27 de febrero [de 1989]…no es un hecho que tenga que ver con mi gobierno…” (p. 334). ¡¿?!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Axioma filosófico para la historia: “Las reacciones de los gobiernos de Estados Unidos dependen del tipo de presidente.” (p. 164) ¡¡!!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A medida que leía, Eloína fue evocando allanamientos, triquiñuelas, zancadillas, repitiendo para sí misma apellidos de políticos y familias “ricas de cuna”, recordando apresamientos, persecuciones, acosos, confrontando al narrador de la ficción autobiográfica que relata sus propias aventuras con el tombo de aquella cotidianidad angustiosa de los sesenta, con el faraón de los setenta y su fastuosa doble coronación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ya usted lo conoce, pero aclarémosles a los lectores extranjeros. Se trata del libro &lt;em&gt;Carlos Andrés Pérez: memorias proscritas &lt;/em&gt;(Ramón Hernández y Roberto Giusti, Caracas: Los Libros de El Nacional, 2006). Un auténtico manual de egolatría desenfrenada.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-4331796688110481984?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/4331796688110481984/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=4331796688110481984&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/4331796688110481984'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/4331796688110481984'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/01/sobre-hroes-y-tombos.html' title='Sobre héroes y tombos'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-7872710693672621358</id><published>2007-01-03T16:11:00.000-04:00</published><updated>2007-01-10T19:48:34.398-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='falsos hablantes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apariencias'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lenguaje'/><title type='text'>Charleros, chaborros y charlatanes</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La lengua puede ser el mismísimo castigo del cuerpo, por muy cobarde que éste sea. Escuchando los discursos de año nuevo de varios hombres y mujeres del mundo, conversaba sobre asuntos del lenguaje con mi tía Eloína y ella, quisquillosa e hiriente como suele ser, me comentaba que desde hace algún tiempo se ha puesto de moda entre los jóvenes venezolanos la palabra “charlero” (versión mejorada y postmoderna del clásico “charlatán”). La utilizan los chamos y no tan chamos para referirse a aquellos hablantes que no cesan de “hablar pepas” o que hablan “más que un radio prendío” (como se dice en Trujillo) sin expresar absolutamente nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y con hablar pepas se refieren al acto de pasarse larguísimos períodos expresando carretillas interminables de vocablos orales o escritos sin que se le vea el queso a la tostada de la realidad comunicativa. Mucho verbo y poca o ninguna acción, cero resultado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Fulano es un charlero!” Exclama mi parienta cada vez que observa que algún hablante público de cualquier país declara a principios de año, por la tele por la radio o por la prensa escrita, haciendo sus promesas de año nuevo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y que conste que no considera mi tía que este sea un asunto exclusivo de Venezuela. La cháchara charlera y chateante es universal. Hasta en esos supuestos países idílicos en los que suele decirse que la gente se suicida de tanto orden y pulcritud se cuecen habas lingüísticas de esta naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El paso siguiente a la clasificación de los charleros es la categorización de alguien como “chaborro”. Individuos o individuas que, con toda la rimbombancia propia de los hablachentos incontenibles, recurren a vocablos como, por ejemplo, “posicionarse” y “aperturar”, o a expresiones como “yo pienso de que…”, “los consumidores se comportaron tímidamente este fin de año”, “No vendí nada, sólo reduje mis inventarios al mínimo” o “no habrá inflación sino ajuste de precios”, cada vez que desean confundir a la audiencia que los escucha o lee sus declaraciones. El primer impacto de esta clase de intentos comunicativos generalmente es exitoso. “¡No lo entiendo, pero habla arrechísimo!”. No obstante, igual que con cualquier actividad humana, la repetición sostenida de tales actos no hace más que contribuir al desgaste de lo manifestado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es posible que al comienzo la audiencia piense que se trata de un orador o una oradora “espectacular” (para recurrir a otro término en boga), pero ese amor es como el de la verdolaga, lo echas a un lado cuando ya se te pasa la emoción. Entonces la emisora o emisor se convertirá para los destinatarios en un verdadero hablante “pichache”, una sujeta o sujeto a quien los demás oyen con la seguridad de que no afirmará nada novedoso y de que cualquier cosa que diga será auténtica “retórica pajística”. De manera que una vez que en privado se les pregunte a los implicados si no piensan que la discurseadera de Fulano o Fulana de Tal es una verdadera caravana de pichacherías, no vacilarán en responder inmediatamente: “¡Total!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque utilizar adecuadamente los recursos del lenguaje para nada significa que te esmeres en un rebuscamiento perenne de citas, frases retorcidas o gastadas e incomprensibles expresiones. Es probable que, siendo el hablante de mayor peso dentro de un grupo social, todos tus acólitos (anónimos o conocidos) sean incapaces de hacerte notar los gazapos y atajaperros lingüísticos en que incurres, porque momentáneamente la relación de dependencia o la posición que ocupan dentro de tu tablero de ajedrez comunicacional los obliga a permanecer silentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O sea, no replican absolutamente nada porque les interesa cuidar lo que tienen. Callan porque se lo dicta la necesidad de supervivencia y no porque de verdad crean que te las estás devorando con tus trapisondas verbales. Todo oyente subordinado suele ser obediente y no deliberante (Eloína dixit).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De allí que su rostro, su sonrisa escondevergüenza, su presunta actitud conforme para tolerar las chapucherías, los obligue a apretar muy bien los glúteos y a responderte recurrentemente con otra frase calcada del inglés que sin duda está de moda, puesto que ya la utilizan hasta los ministros, banqueros, profesores, comunicadores en general, empresarios y hasta académicos: ¡Eso es correcto!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, la venganza lingüística tarda pero no olvida. Es casi seguro que tus súbditos comunicacionales se atreverán a decir públicamente que eres un chaborro chocarrero y chocante una vez que por cualquier motivo queden fuera del juego y salgan de tu radio de influencia. Hombre, que también el estómago y el dinero condicionan las reacciones verbales.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-7872710693672621358?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/7872710693672621358/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=7872710693672621358&amp;isPopup=true' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/7872710693672621358'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/7872710693672621358'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2007/01/charleros-chaborros-y-charlatanes.html' title='Charleros, chaborros y charlatanes'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-116665599941645275</id><published>2006-12-20T18:43:00.000-04:00</published><updated>2006-12-20T19:47:50.733-04:00</updated><title type='text'>Entre la edad y el (re)trato</title><content type='html'>Cuando entran en los “sin-cuenta", las damas venezolanas se niegan contundentemente a ser tratadas como “doña” o “doñita” o “señora”. Esto se debe al piquete relativo a la edad que implican esos tratamientos, en una época en la que pocos aceptan que los años pasen y las canas pesen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocos imaginan lo difícil que, en mi trabajo editorial, me ha sido lograr que algunas escritoras me digan su edad para hacerla conocer en las contraportadas de los libros o fichas de colaboradores de las revistas. A principios de los noventa, siendo yo editor de una publicación académica, me correspondió publicar un numero cuyas colaboraciones habían sido escritas en su mayoría por féminas. Pocos me creerán si les digo que todas se negaron a confesarme su edad. Ni quitándose años, quisieron hacerlo. Pues, nada, ante la negativa absoluta del grupo, decidí hacer mis cálculos e inventé sus fechas de nacimiento. Craso error. Ardió Troya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La protesta no se hizo esperar ante el director cuando salió la publicación. Según ellas, a todas les había asignado más de la edad que realmente tenían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viene al caso otra anécdota que alguna vez me ocurrió en pleno tránsito capitalino. Tendría yo más o menos unos cuarenta y cinco, todavía el pelo negro pero ya con algunas canas incipientes. En plena vía rápida, me interceptó bruscamente una señora que, a pepa de ojo, calculé que podría pertenecer a la quinta edad. La doña arremetió contra mi automóvil en un cruce, lo trancó con el de ella, se bajó hecha furia y me gritó: “¡Mire, anciano, por qué no se va criar a sus nietos en vez de estar atravesándose en plena vía!”. Obviamente, se sentía mucho más joven que yo, aunque la estampa de abuela le pertenecía más a ella que a mí. Guardé silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, cuidado, esto no es sólo un asunto del sexo femenino. Los hombres también nos hacemos los desentendidos cuando empieza a llamársenos “maestro”, “mayor” o simplemente “señor”. “Viejito” puede generar hasta un infarto o la amenaza de unas trompadas. Y “anciano”, bueno, como para acudir a un tribunal y entablar demanda por ofensas mayores. Lo cierto es que en estos tiempos, algunos caballeros también han asumido el propósito de quitarse la edad. Unos la ocultan negándola o corriendo hacia adelante su año de nacimiento. Cito un caso “de la vida real”: en mi afán por llevar desde hace varios años un fichero de la narrativa venezolana, me he tropezado con un colega escritor macho varón masculino que en la primera ficha que hice de él me llevaba tres años de edad. Actualmente, en el reporte de contraportada aludido en su libro más reciente, he descubierto que ahora soy dos años mayor que él. Misterios de la literatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otros han dejado de lado los prejuicios machistas y portan un bisoñé que esconda la calva o las canas, cuando no les da por utilizar tintes hasta en los bigotes y la barba. No puedo olvidar el modo como un poeta venezolano se refería a uno de nuestros más prolíficos narradores apodándolo “Mesié Igotín”. Casi fin de mundo- dice Eloína- pues hoy en día hasta los comunistas ortodoxos se tiñen el cabello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy a lo contrario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan embarazosa situación para ambos sexos ha hecho a su vez que la gente busque nuevas maneras de poder dirigirse a los demás sin ofenderlos. Entonces han pasado a la total confianza. Y como ya ni siquiera hay necesidad de verse la cara, estas cosas suelen ocurrir actualmente por correo electrónico o por teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ejemplo, a uno le entran unas ganas horrorosas de seguir llamando a esas oficinas en las que las amables secretarias no vacilan en tratarte con la más absoluta confianza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son verdaderos momentos para alzarle a cualquier macho machista la vanidad hasta los tuétanos aquellos en los cuales preguntamos por la persona a quien estamos llamando (“por favor, comuníqueme con Fulano”) y de pronto la chica, a quien jamás le hemos visto el rostro ni otros atributos, en un tono de familiaridad y acercamiento a veces desconcertante, responde: “no miamor, el jefe no está, pero puedes llamarlo más tarde, corazón”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo curioso de estas situaciones es el abrupto nivel de cercanía en que uno entra, sin habérselo propuesto, con la persona que recibe la llamada: verbigracia, la asistenta de uno de mis médicos es bastante bien formadita, pero igualmente malencarada, frente a frente, en el consultorio. No obstante, basta que uno le telefonee y le ponga tono de locutor decadente a la hora de pedir la cita, para que se vuelva un mango en cuestiones de tratamiento, con expresiones que incluso se vuelven ambiguas a través del hilo telefónico:&lt;br /&gt;-Mira, corazón, el lunes no, pero te la puedo dar el viernes por la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y si es mi esposa o mi hija quien llama para llevar de emergencia a la niña, la susodicha pasa automáticamente a otras fórmulas que sólo utiliza con damas:&lt;br /&gt;-Mi vida, vente directamente que yo le digo al doctor que te la revise bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En general, las locuciones preferidas para tratar a sus congéneres son “mamita” y “mi reina” (“no mi reina, sí mi reina, chao mi reina, que estés bien, reinita…”). No obstante, si a las de su mismo género las trata como “mamitas”( ahora independientemente de la edad o la condición), y aunque lo he estado esperando desde que acudo a ese consultorio, no pasa igual, a la hora de responder mis requerimientos. A mí jamás me ha dicho “aló, papito” o “mira, papacito”. O no le caigo en gracia o me reconoce la voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conmigo no pasa de “mi amor” o “mi rey” y hasta puede llegar a “mi corazón”, a pesar de que yo realmente no tenga nada que ver con sus particulares posesiones, en tanto que con las damas suele mostrar menos pudores en el tratamiento. Asuntos del lenguaje, de la edad que nos retrata y de los tratos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-----------&lt;br /&gt;Nota: La duda melódica se despide por este año. Mi tía Eloína y este presunto suscrito les deseamos un 2007 que supere al mejor de los anteriores. Y en navidad, recuerden la cuarteta popular: “La pascua debiera ser / cada vez que hubiera luna / y tener una laguna / de aguardiente pa’beber.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero tampoco olviden que, así como la madre, hígado hay uno solo. O sea, ni tanto ni tan poco para el “buche”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-116665599941645275?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/116665599941645275/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=116665599941645275&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116665599941645275'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116665599941645275'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2006/12/entre-la-edad-y-el-retrato.html' title='Entre la edad y el (re)trato'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-116605364800780156</id><published>2006-12-13T19:43:00.000-04:00</published><updated>2006-12-13T19:58:31.006-04:00</updated><title type='text'>Resolver un enigma por correo electrónico</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/4284/4142/1600/175170/El%20coraz??n"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/4284/4142/320/946521/El%20coraz%3F%3Fn%20de%20Voltaire.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.ciudadseva.com/libros/voltaire/tapas/voltapaa.htm"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;   Mi tía Eloína es de las que siente sana y muy justificada envidia por el modo como algunos autores han logrado meterse en el corazón de la literatura latinoamericana por la vía de recrear o reformular hechos históricos o situaciones contemporáneas de alguna importancia para las identidades nacionales. Si de Venezuela podemos recordar a Denzil Romero con sus travesuras literarias acerca de Francisco de Miranda (&lt;em&gt;La tragedia del Generalísimo&lt;/em&gt;, Barcelona: Argos Vergara, 1983) y Manuela Sáenz (&lt;em&gt;La esposa del Dr. Thorne&lt;/em&gt;, Barcelona: Tusquets, 1988 ), de otros países  nos vienen a la memoria autores como Jorge Franco (colombiano, &lt;em&gt;Rosario Tijeras&lt;/em&gt;, Barcelona: Plaza &amp; Janés, 1999 ) y Tomás Eloy Martínez (argentino, &lt;em&gt;Santa Evita&lt;/em&gt;, Buenos Aires: Planeta, 1995). Hay muchos más, pero deseo detenerme ahora en el caso particular de Puerto Rico. De ese país salta inmediatamente a la memoria la curiosa circunstancia de un autor al que estima muy particularmente mi parienta. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;   Ya querrían muchos escritores haber tenido la suerte de trocar ficcionalmente algo de la historia oficial de su nación, publicar el cuento en un diario y lograr que fuera leído cual texto histórico auténtico que ponía al descubierto asuntos muy serios relativos a la identidad nacional de los puertorriqueños, y además generase toda una polémica sobre la fundación de la isla del encanto. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;   Eso exactamente fue lo que ocurrió con el cuento “SEVA: Historia de la primera invasión norteamericana de la isla de Puerto Rico ocurrida en mayo de 1898”, de Luis López Nieves, escritor boricua (1950) a quien el Instituto de Literatura puertorriqueña acaba de otorgar en este año 2006, y por segunda vez, el Premio Nacional de Literatura de su país. La primera vez lo recibió en el 2000 por su libro de cuentos &lt;em&gt;La verdadera muerte de Juan Ponce de León&lt;/em&gt; (un conjunto de relatos que juega al mismo recurso de darle a la historia oficial de la isla un curso ficticio que, aparte de modificarla, pone a los lectores a pensar muy seriamente en la verdad de su pasado). Ese libro fue publicado inicialmente en ese año por la editorial Cordillera y posteriormente ha sido puesto en circulación internacional por Norma, Bogotá, 2006). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;   Ahora se le otorga el Premio Nacional al mismo autor por una novela ya conocida y reconocida en Venezuela y otros países latinoamericanos, no sólo por su originalidad temática, sino también por el recurso estilístico de estar toda construida con base en una serie de mensajes de correo electrónico. Resulta admirable la destreza lingüística de quien ha logrado estructurar con ese solo recurso formal una novela de 228 páginas que no podemos soltar hasta el final. Bajo la excusa de una historia amenísima en la que múltiples interlocutores, casi todos vinculados al gobierno, se cruzan una infinidad de breves textos electrónicos, el propósito formal de los mismos es indagar si es realmente el corazón del autor intelectual de la revolución francesa (François Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire, 1694-1778) el que se encuentra siendo reverenciado en una urna en la Biblioteca Nacional de París. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;   La obra se titula &lt;em&gt;El corazón de Voltaire&lt;/em&gt; (Bogotá: editorial Norma, 2005) y merece ser leída por cualquier lector atento al proceso actual de la literatura latinoamericana. Hay, por supuesto, otros autores que se han valido de este recurso, pero hasta ahora ninguno de los que conocemos lo había asumido de manera total como lo ha hecho Luis López Nieves. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;   Otras novelas que conocemos y que de alguna manera se valen de este recurso o de otras estrategias virtuales, son: &lt;em&gt;Acoso textual&lt;/em&gt; (Raúl Vallejo, ecuatoriano, Quito: Planeta, 1999), &lt;em&gt;Las cucarachas salieron bailando conga&lt;/em&gt; (José Irimia Barroso, venezolano, Caracas: Planeta, 2000) y &lt;em&gt;Sueños digitales&lt;/em&gt; (Edmundo Paz Soldán, boliviano, Madrid: Alfaguara, 2001). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;   López Nieves participó hace poco en Venezuela como jurado de la Bienal de Novela Adriano González León y coordina además un importante portal de la red en el que, aparte de suficiente información sobre su obra y comentarios acerca de la misma, podemos encontrar una importante biblioteca digital relacionada con la narrativa y el arte de narrar. Para quienes deseen visitarla los invitamos a pasearse por www.ciudadseva.com &lt;a href="http://www.ciudadseva.com/libros/voltaire/tapas/voltapaa.htm"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-116605364800780156?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/116605364800780156/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=116605364800780156&amp;isPopup=true' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116605364800780156'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116605364800780156'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2006/12/resolver-un-enigma-por-correo.html' title='Resolver un enigma por correo electrónico'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-116543727098617608</id><published>2006-12-06T16:09:00.000-04:00</published><updated>2006-12-06T16:34:31.096-04:00</updated><title type='text'>Ir al médico</title><content type='html'>Tiembla cualquiera cada vez que aparece o se aproxima esa fatídica situación. Porque al menos en Venezuela ir al médico se ha convertido en una verdadera tortura china. Si a uno lo pela el chingo del seguro social o los hospitales públicos lo agarra el sin nariz de la medicina privada. Y privado se quedará si, como suele pasar,  la situación pasa de una consulta de rutina a una hospitalización. Ya no hay médicos módicos. Ni cuerpo que los resista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Ir al médico es en la actualidad peor que ver una película de terror en una oscura casa embrujada. Se pierde un largo trecho de vida mientras se busca alargar la ídem. Lo primero que se requiere es una extensa  dosis de paciencia. No en vano ellos lo llaman a uno “paciente”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Primero que todo, generalmente le dan a usted cita para una determinada hora y la real y verdadera consulta comienza tres o cuatro horas después. El  sacerdote de bata blanca por lo general llega tarde y se hace auxiliar por una recepcionista experta en excusas sonrientes: “ejtá opiraaando”, “nou tarda”, “¡Quí raaaro!, simpre lliga tempraaano”, “le salió una junta de emergencia”. Y una vez que ha llegado, en ocasiones descubre uno que la operación en la que andaba el susodicho era precisamente una operación de mala junta. Pero bueno, eso pasa, son seres humanos que también se enferman y tienen los mismos males que nosotros los otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     El dilema de la medicina venezolana anda más bien por los predios de la incomodidad y la multitud de gente enferma en estos tiempos. Uno que es impaciente paciente, llega temprano y debe llevarse cuanta lectura sea posible para soportar la esperadera, que generalmente hace aglomerar unas veinte o treinta personas en un espacio que  no pasa de un metro por uno y medio. Y eso, cuando la mandona recepcionista no te obliga a ver el único canal de la tele que jamás sintonizas. Encogido, enrollado, acurrucado, en ocasiones encuclillado, debe uno aguardar a que la enfermera por fin lo llame, para ser ingresado en el capítulo de la segunda espera.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;    También esta última ocurre igualmente en un cubiculito más chico que un ataúd. Casi para presentir que estamos más cerca del hoyo de lo que suponemos. Allí, a fin de que uno se relaje, lo dejan por espacio de una hora más. Dentro de aquel recinto mínimo, si el enfermo llega con gripe, es capaz de contagiársela a sí mismo. Le dan al pacienzudo paciente su buen trecho de tiempo para pensar. En ese cuartico, nada puede usted practicar, piense y luego exista. Resuelva sin problemas sus dudas melódicas. Por eso dicen que buena parte de la literatura venezolana se ha escrito en los consultorios médicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Llega por fin la hora de la consulta, que en estos tiempos es tan rápida como coito de gallo apurado. Una miradita microscópica a los ojos, abra la boca y diga “aaa”, una pasadita de manos por la nuca y… muy bien, 14 cajas de antibióticos, cinco de calmantes y ocho frascos de gotas que sirven igual para la nariz, los oídos y otros orificios. Caiga un poquito más allá con la cajera y que pase el siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Una vez en la farmacia, viene lo que en Venezuela llamamos el soponcio final, la estocada definitiva, el auténtico generador de otra enfermedad que nos obligará a volver por los predios del galeno. Cada pastilla cuesta en estos tiempos más o menos unos diez mil bolos y una gota de esas triples sale como por tres dólares.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-116543727098617608?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/116543727098617608/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=116543727098617608&amp;isPopup=true' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116543727098617608'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116543727098617608'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2006/12/ir-al-mdico.html' title='Ir al médico'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-116484402982171471</id><published>2006-11-29T19:15:00.000-04:00</published><updated>2006-11-30T09:15:31.056-04:00</updated><title type='text'>Directo a la red en taxi electrónico</title><content type='html'>Hace más o menos unos treinta años, siempre que tenía necesidad de tomar un taxi, estaba ya acostumbrado a la cara de sorpresa de parte del conductor, quien se encogía de hombros y sonreía al obtener respuesta a la pregunta inicial de siempre: &lt;br /&gt;-¿A dónde vamos, joven? &lt;br /&gt;El tratamiento de “joven” no era una gentileza del taxista porque yo lo era y muy poco se había impuesto su equivalente de hoy: “chamo”.  Recuerdo la longitud con la que yo me veía obligado describir el lugar preciso hacia donde debería dirigir el auto, pues usualmente tomaba los taxis cuando, al final de la tarde, deseaba regresar a casa de una manera más cómoda y costosa, harto de aquel desastre urbano que ya era Caracas. &lt;br /&gt;Acostumbrado a que los taxistas me “ruletearan” a su  antojo con la excusa de la disparatada geografía y señalización urbana de esta ciudad de los “lechos rojos”, me veía obligado a explicar mi dirección física muy bien y con lujo de detalles. Aprendidas de memoria mis particulares señas de habitación de aquellos tiempos,  respondía con seguridad:&lt;br /&gt; -Voy a la Av. Puente Nueve de Diciembre, Prolongación de la Avenida Washington,  Conjunto Residencial El Paraíso, Primera Etapa, Torre A, Ala Izquierda (y dije ALA, señor, y no A-LA),  detrás de la venta de helados Crema Paraíso, frente al Hotel Imperio, entrando por la derecha, a cincuenta metros de la Clínica Paraíso.&lt;br /&gt; También recuerdo que algunos de mis amigos del extranjero se habían burlado de la particular extensión y complicación de las direcciones de nuestra capital, a lo que suele sumarse la cantidad de detalles de ubicación a que debemos aludir, pensando en las dificultades de la particular topografía capitalina y en nuestros muy particulares o inexistentes sistemas de orientación vial. &lt;br /&gt;Seguro estoy de que no he sido el único que haya vivido esta experiencia.&lt;br /&gt;Pero la anécdota es útil para introducir esta duda melódica por lo que ya ha significado y seguramente significará la implantación del sistema de direcciones cortas e infalibles que se denomina correo electrónico. &lt;br /&gt;Ya no hay duda acerca de lo que este nuevo mecanismo comunicativo ha significado hasta hoy. Ni de lo que significará luego en el ámbito de la conducta comunicacional de los ciberciudadanos del siglo XXI.  Casi creo que muy pronto los gobiernos de nuestros países latinoamericanos habrán de crear planes robinsonianos que contribuyan a sacar del cibernalfabetismo a quienes continúen empeñados en vivir fuera de ese universo. Viejos, jóvenes y no tan jóvenes tendrán rigurosa necesidad de perder ese pánico casi genético que algunos sienten por las redes internéticas, a menos que desestimen quedarse fuera de la cultura, lo que de hecho en esta época implica  quedarse al margen de la rotación del mundo.&lt;br /&gt;Para diversas comunidades, Internet se ha convertido en parte de la cotidianidad, y no sólo como herramienta probadamente efectiva de trabajo, sino también como sistema abierto a toda hora para cualquier requerimiento comunicacional, desde el simple comentario de rutina con colegas, amigos, familiares, vecinos, hasta la elaboración de documentos formales de cualquier categoría. E incluso para evitar salidas que nos obliguen a tomar taxis.&lt;br /&gt;Para quienes alguna vez padecimos la longitud casi mítica y no pocas veces simpática de las clásicas direcciones postales caraqueñas, el paso del patrón comunicacional ortodoxo a los sistemas regidos por la comunicación electrónica ha significado mucho más que una simple alineación a los patrones de la tecnología más reciente. &lt;br /&gt;En mi caso particular sigo utilizando taxis cada vez que puedo o cuando deseo dejar de ser carne de cañón de la infinita fauna de conductores de motos y vehículos que pulula en la Caracas de este principio de siglo. Pero igual, ahora que, para ciertas diligencias, puedo tomar esa vía más corta, más cómoda y más breve que me brinda la red, no dejo de pensar  en mi venganza para con aquellos taxistas y amigos que con cinismo criticaban mi detalladísima dirección postal de mediados de los setenta del siglo pasado. &lt;br /&gt; Mi sed por la revancha espera pacientemente el momento en que tenga la oportunidad de simplificar la respuesta de aquellos días. Por razones obvias ya el chofer no se dirigirá a mí como “chamo”. Las “nieves” que comienzan a “platear mis sienes” le harán verme, si acaso, como “señor”, quizás como “doctor” (si llevo corbata, pues todo el que la lleva en Venezuela aparentemente lo es), o lo más seguro es que, para no generar malos entendidos, me llame simplemente “maestro”:&lt;br /&gt; -¿A dónde vamos, maestro?&lt;br /&gt;En realidad me importa poco cómo me vaya a tratar. Lo fundamental es que añoro tener la oportunidad de simplificar aquella larga respuesta de hace tres décadas y decirle simplemente:&lt;br /&gt;-Por favor lléveme a http://barreralinares.blogspot.com&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-116484402982171471?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/116484402982171471/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=116484402982171471&amp;isPopup=true' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116484402982171471'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116484402982171471'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2006/11/directo-la-red-en-taxi-electrnico.html' title='Directo a la red en taxi electrónico'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-116422821730739714</id><published>2006-11-22T16:35:00.000-04:00</published><updated>2006-11-22T20:17:30.320-04:00</updated><title type='text'>Eduardo Liendo: El diario de un tirano</title><content type='html'>En la duda de hoy me limito a recomendar la relectura de la novela Diario del enano, del venezolano Eduardo Liendo. Luego de haber sido editada por primera vez en 1995 (por Monte Ávila Editores), reaparece ahora en las librerías caraqueñas reeditada por Alfaguara y ampliada en una nueva versión de su autor.&lt;br /&gt;En esta novela se cruzan como temas recurrentes el poder y las ambiciones desmedidas en el ejercicio de la política por una multiplicidad de individuos que, por el azar de la farsa circense, devienen de un día para otro en poderosos hombres de mando, encabezados todos por un tirano de ficción llamado José Niebla.&lt;br /&gt;En sus capítulos iniciales, la novela permite la visualización de un espacio de aventuras, en las cuales un mismo personaje (Julián) cambia de apellido en la misma medida en que va entrando en escenarios históricos diferentes. Y resalta en los capítulos de la segunda parte la presencia del personaje principal (José Niebla), escudado por una corte de adulantes, ayudantes y colaboradores que apoyan incondicionalmente y refuerzan su práctica gubernamental, todos salidos de la actividad teatral para desempeñarse en el mundo político. Algunos de ellos son: El enano Matatías (trucado por la ficción en Canciller), Renzo Pompilio (designado Jefe de la Policía), Demetrio Dumas (quien pasa de Dramaturgo a conspirador), Benito (de peluquero a “perfecto cabrón”), etcétera. En cuanto al ambiente literario, imposible obviar la mención a un curioso y particular personaje de nombre Mamerto Galardón, irónicamente apodado “el poetica”, cuyas características hablan por sí solas: revolucionario arrepentido, romántico, ambicioso, experto en hilvanar discursos porque todos sus sueños se volvieron “paja” (“...un buen cagatinta...que sabe decir cosas que empalagan como la miel de oro”)&lt;br /&gt;Esta novela de Liendo es así una sucesión de máscaras para referirse al poder de un iluminado surgido de una representación teatral, sus peripecias y atrocidades políticas. Todo narrado desde las notas de un diario llevado por un enano que casi no se percibe dentro de la historia, pero está presente en cada página de la novela. Una narración sobre lo teatral del poder de la tiranía y sus perversiones carnavalescas. Vale la pena volver a sus páginas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;El autor:Eduardo Liendo Zurita nació en Caracas el 12 de enero de 1941. Su propia trayectoria vital constituye el curioso periplo de un personaje atractivo para cualquier narrador. Militante y activista subversivo durante la década de los sesenta del siglo XX, no ha sido ajeno en ningún momento a la problemática sociopolítica del país. En los convulsos años de la guerra de guerrillas padeció el encarcelamiento y el exilio políticos (1962-1967), compartiendo sus estadas en el Cuartel San Carlos y la isla de Tacarigua, con un espacio que también había servido de presidio al Generalísimo Francisco de Miranda (el Fortín Colonial El Vigía, en La Guaira). Seis años después de su regreso al país (1970), se incorporaría como empleado de la Biblioteca Nacional de Venezuela (1976). Allí permanecerá por un extenso período que culminó con su jubilación como Director de Extensión Cultural, en el año 2001. Es autor de una amplia obra de ficción. Otras novelas relacionadas con este tema del poder absoluto y sus consecuencias son: El mago de la cara de vidrio (1973), Los topos (1975), Los platos del diablo (1985), El round del olvido (2002).&lt;br /&gt;------------------------------------------------------------------------------&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-116422821730739714?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/116422821730739714/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=116422821730739714&amp;isPopup=true' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116422821730739714'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116422821730739714'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2006/11/eduardo-liendo-el-diario-de-un-tirano.html' title='Eduardo Liendo: El diario de un tirano'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-116364493850340347</id><published>2006-11-15T22:11:00.003-04:00</published><updated>2010-01-12T15:30:02.477-04:30</updated><title type='text'>Renato Rodríguez, topo de la narrativa venezolana</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/S0zUfLOE5aI/AAAAAAAAAC4/mYwrHHePQOk/s1600-h/Foto+de+Renato+Rodr%C3%ADguez.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 320px; height: 191px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/S0zUfLOE5aI/AAAAAAAAAC4/mYwrHHePQOk/s320/Foto+de+Renato+Rodr%C3%ADguez.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5425945283127469474" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Renato Rodríguez ha sido en mi labor de escritor e investigador de nuestra literatura un autor y personaje infaltable desde que leí su primer libro (&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Al sur del equanil&lt;/span&gt;, 1963). Siempre he considerado que pudiera ser el escritor venezolano más sortario de todos, por cuanto ha tenido la dicha de personificar una luminosa vida de narrador casi clandestino que al mismo tiempo pudiera ser útil para contextualizar una excelente novela de aventuras. No ha tenido necesidad de inventarse persecuciones, exilios o censuras para tener algo que contar. En esto lo comparo con otros dos autores nuestros que padecieron de similar síndrome, aunque en distintas direcciones: Julio Garmendia y Rafael Bolívar Coronado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Admirado desde hacía tiempo por lo que para mí y para mi tía Eloína había significado esa magistral novela, estuve indagando hasta que lo pude conocer personalmente en 1985,  en Mérida (por intermedio de Alberto Jiménez Ure) y luego alternamos un par de correspondencias. En esos días me percaté de que en verdad Renato semejaba la estampa de un personaje de sus propias novelas. Perdí su pista personal, mas no literaria, una vez que tomó la decisión de mudarse al estado Aragua, donde ahora lo encuentra el Premio Nacional de Literatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podría aludir aquí a dos percepciones distintas por las que desde un principio acaparó mi atención la novela &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Al sur del equanil&lt;/span&gt;. Una tiene que ver con mi actividad como docente de literatura, la otra con mi concepción de lo narrativo y mi libertad de lector.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para explicar la primera percepción, podría decir que es ésta una de las primeras novelas venezolanas contemporáneas que se toma en serio ese fenómeno que después de los años ochenta comenzará a llamarse pomposamente “metaficción”. Una de las variantes de esa modalidad se relaciona con el juego de la ficción dentro de la ficción. Y Renato la practica desde los tempranos sesenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La segunda percepción, la más libre si se quiere, la de escritor y de lector libre, es consecuencia de la que acabo de referir. Se relaciona con los vínculos entre el escritor de ficción que es Renato y la ficción escritural con la que ha logrado construirse a sí mismo. Entre lo que cuenta oralmente y lo que aparece escrito en sus novelas, siempre parecemos estar en la frontera exacta entre lo real y lo ficcional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Admiro profundamente a quienes han sido capaces de tomarse la creación narrativa como parodia de la existencia, como contrapartida de la formalidad y rigidez que ha caracterizado a buena parte de nuestros escritores,  como algo que va más allá de lo acartonado si se trata de cautivar lectores. Y eso, precisamente, es lo que me ha impactado de  la narrativa de Renato Rodríguez. Igual que lo he percibido en otros dos narradores venezolanos: Francisco Massiani y  José Rafael Pocaterra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso he creído que  Renato personifica uno de los proyectos literarios venezolanos más auténticos. Nada más enterarme de que &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Al Sur del Equanil &lt;/span&gt; se pudo haber llamado &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Al sur del Ecuador&lt;/span&gt; (recordemos que el Equanil es un medicamento antidepresivo, también conocido como Meprobanato y que, aunque aparece referido en la novela, Ecuador muy poco nos habría dicho,  de allí la ganancia del título que llegó por azar según nos contó alguna vez Salvador Garmendia). Tampoco puedo imaginar que hubiera podido titularse &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Al sur del Meprobanato&lt;/span&gt; o &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Al norte de París&lt;/span&gt;.  Creo en la magia y creo que los textos literarios, cuando están destinados a la permanencia, buscan sus propios títulos hasta que los encuentran, sin que los autores debamos entrometernos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más leer aquella contraportada de la (re)edición de su primer libro en la que no había juicios o alabanzas, sino antejuicios y presuntos rechazos hacia el autor y su obra, escritos con sorna por él mismo; nada más saber que alguna vez, en su labor de artesano y para un desfile, elaboró Renato una cabeza de dragón que luego, con ayuda de sus amigos, hubo de sacar por la ventana, desde una altura de tres pisos, porque no cabía por la puerta; nada más saber que su padre acudió a la escuela primaria con el poeta Andrés Eloy Blanco y que el propio Renato compartió con Julio Cortázar, con Vargas Llosa y con tantos otros escritores que han logrado la más absoluta notoriedad mientras él casi ha permanecido (por voluntad propia) en la penumbra; pues basten estos pocos  “nada más saber” para expresar mi admiración total por un escritor venezolano que viene a ver la luz después de haber tenido que publicar artesanalmente, y a sus propias expensas, buena parte de sus libros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quiero decir con esto que uno necesariamente deba escribir sobre lo que ha vivido. Pero sí me parece que uno de los logros más importantes de la literatura es que el escritor termine pareciéndose a los personajes que crea y no al revés ( es decir, y no que los personajes tengan algo nuestro). Lo segundo es más fácil. Y para que pase lo primero, es decir, para que el autor termine pareciéndose a sus personajes,  creo que hay que hacer un mayor esfuerzo creativo. Me parece muy atractiva la idea de que los lectores terminen preguntándose sobre la posibilidad de existencia real de los personajes a quienes da vida el escritor. Por eso disfruto cuando los lectores me preguntan si mi tía Eloína existe o no existe, asunto que a estas alturas ni yo mismo he resuelto. Y a mí me ha ocurrido siempre como lector de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Al sur del Equanil&lt;/span&gt;. Nunca he estado seguro de si David (el protagonista) o alguno de sus heterónimos se salió de esa novela para volverse Renato Rodríguez o de si Renato se cansó del mundo exterior y decidió meterse a vivir en ésa o alguna otra de sus novelas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí lo presento para quienes no lo conocen: René Augusto Rodríguez Morales, escritor nacido en Porlamar, isla de Margarita, Venezuela, América del Sur , en 1927,  creador del personaje-escritor Renato Alberto Rodríguez (RAR), editor forzado de algunos de sus libros bajo la firma editorial  Libros RARos, ha sido una especie de topo de nuestra literatura que por fin, ahora, emerge a la superficie. Pero, cuidado, no por voluntad propia, ni porque ha buscado a sus amigos periodistas para que le sirvan de aparentes  paparazzis y lo catapulten antes de tiempo. Emerge por el impacto de sus cuentos que casi son novelas, razón por la cual las denomina &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Quanos&lt;/span&gt; (Quasi Novelas, 1997), y por la maravilla narrativa de sus textos más extensos como &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El Bonche&lt;/span&gt; (1976), &lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Viva la pasta!&lt;/span&gt; (1984), &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La noche escuece&lt;/span&gt; (1985), &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Insulas&lt;/span&gt; (1996). Así, ha llegado por su propio peso y valía a donde tenía que llegar: al Premio Nacional de Literatura de Venezuela. Celebro entonces que el personaje haya salido de sus novelas para recibirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;------&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Foto de Renato Rodríguez: www.letralia.com&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-116364493850340347?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/116364493850340347/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=116364493850340347&amp;isPopup=true' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116364493850340347'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116364493850340347'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2006/11/renato-rodrguez-topo-de-la-narrativa.html' title='Renato Rodríguez, topo de la narrativa venezolana'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_kpptgi0yMwA/S0zUfLOE5aI/AAAAAAAAAC4/mYwrHHePQOk/s72-c/Foto+de+Renato+Rodr%C3%ADguez.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-116302085059555287</id><published>2006-11-08T17:10:00.000-04:00</published><updated>2006-11-22T20:10:31.660-04:00</updated><title type='text'>Nuevos  aires para la narrativa venezolana</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;No son pocas las veces que mi tía Eloína y yo hemos aludido a la recurrente repetición del lamento borincano que ha caracterizado a la narrativa venezolana, desde los inicios de nuestra literatura. Una "buena parte" de nuestros narradores y críticos se han pasado la vida (y la escritura) percibiendo y divulgando las quejas recurrentes y llantos apagados pero punzantes de la otra “mala parte”. Hemos sido entonces un país de quejosos impenitentes, perceptibles en el espacio latinoamericano porque muchos casi nos hemos empeñado en mostrar aquello que no somos. Bastante que he tratado ese tema en mi libro la negación del rostro (Caracas, Monte Ávila, 2005). De modo que sólo lo asomo aquí como párrafo introductorio y hasta allí lo dejo, precisamente para evitar nuevos lamentos. Alguna vez hasta se calificó a la nuestra como una “literatura de la Atlántida”. Por supuesto, con su respectivo Aquaman, listo para sacarnos del marasmo.&lt;br /&gt;En ese maremagnum de despojos y antojos, para el resto del universo hemos devenido en un espacio latinoamericano sin aparente rostro literario propio. Una de las principales razones que se aducen es que nuestro proceso interno es débil y muy limitado a lo nacional. Presuntamente, no escribimos para el mundo, sino para nosotros mismos.&lt;br /&gt;Sin embargo, hay que decir también que en estos tiempos de convulsión política y social, no nos alcanza el tiempo ni siquiera para leer toda la narrativa escrita por venezolanos que se está publicando en el país y fuera de él.&lt;br /&gt;Como que soplan en estos días buenos aires para nuestra novelística y cuentística.&lt;br /&gt;Posiblemente los dos acontecimientos más notables del año sean la concesión del Premio Nacional de Literatura a Renato Rodríguez y el reciente Premio Herralde que ha ganado uno de nuestros más jóvenes y promisorios narradores: Alberto Barrera Tyszka.&lt;br /&gt;Aunque algo tardío, porque lo merecía desde hace mucho tiempo, el Premio para Renato es el reconocimiento a una silenciosa labor de escritura absolutamente ajena a cualquier pretensión de gloria ni búsqueda de notoriedad. Lo he dicho en otras ocasiones, Rodríguez es el topo de nuestra narrativa, autor silencioso (y silenciado) de una obra legible en cualquier espacio latinoamericano: plena de un humor y sarcasmo que ya quisieran para sí muchos otros escritores. Vale la pena releer y reeditar en estos tiempos su obra, de la cual recomiendo especialmente las novelas Al sur del equanil (1963), El bonche ( 1976 ), ¡Viva la pasta! O las enseñanzas de Don Giuseppe (1984) y La noche escuece (1985).&lt;br /&gt;En cuanto a Alberto Barrera Tyszka, su premio Herralde 2006 (con la novela La enfermedad) es una recompensa a la perseverancia, a su callada actitud de permanente trabajo también sin alharacas ni artificiales poses divescas, sobre todo, en un país que cada vez que puede -y por razones ya casi genéticas- desprecia su propia literatura. Este nuevo premio para nuestra narrativa, nos recuerda los tiempos en que Adriano González León se hizo con el Seix Barral en 1968. Este reconocimiento seguramente facilitará una vuelta de mirada de la crítica internacional hacia nuestro pequeño territorio literario, mirada que seguramente estará despojada de los roces y cercanía de las percepciones y aberraciones locales, no pocas veces suspicaces y perspicaces, como suele ocurrir en todos los países. En narrativa, Barrera Tyszka, que no es pariente de mi tía Eloína pero sí muy admirado por ella, es autor de una magnífico libro de minicuentos (Edición de lujo, Caracas, 1990), y hay que repetirlo sin complejos, digno integrante de la prosapia y maestría que en este renglón ocupan los textos de Augusto Monterroso y Juan José Arreola. También había publicado antes otra interesante novela ( También el corazón es un descuido, Plaza y Janés, México, 2001).&lt;br /&gt;Otros indicios importantes para el optimismo son la premiación de un joven autor en el certamen de cuento más longevo y promisorio del país. En el Concurso de Cuentos del diario El Nacional (existente desde 1946, con altibajos y hasta con varios ganadores de quienes más nunca se supo, pero siempre interesante para medir el (im)pulso de nuestra cuentística) nos sorprendió un relato que es un digno homenaje a otro de nuestros más lúcidos e impecables narradores nacionales (Francisco Massiani). El cuento se titula Los golpes de la vida y su autor es un joven profesor universitario: Rodrigo Blanco Calderón. Está en la página &lt;a href="http://www.ficcionbreve.org"&gt;www.ficcionbreve.org&lt;/a&gt; para quienes se interesen.&lt;br /&gt;Sumemos a esto que este año dos reconocidos periodistas y narradores ganaron otros dos importantes certámenes nacionales de novela, que también rinden tributo a los epónimos que les dan nombre: Salvador Garmendia y Adriano González León. Respectivamente fueron Eloy Yague (con su novela Cuando amas debes partir) y Héctor Bujanda (con la obra La última vez), ambas obras curiosamente ambientadas en acontecimientos de nuestra más reciente historia política. La primera será publicada por Planeta, la segunda por Norma.&lt;br /&gt;Otras obras que resaltan en medio de este optimismo son las novelas Corrector de estilo (Milton Quero Arévalo, Norma, 2005), Crónica Caribana (Mercedes Franco, Alfaguara, 2005), Los cristales de la noche (Carlos Noguera, Alfaguara, 2005), La dama del segundo piso (Cristina Policastro, Alfaguara, 2006), No habrá final (Roberto Echeto, Alfadil, 2006) y La balada del bajista (Judit Gerendas, Monte Ávila, 2006).&lt;br /&gt;Y lo más reciente: dos antologías de excepción: La primera recoge a un grupo de escritores y escritoras que se estrenan con el mejor de los augurios en el oficio narrativo: Narrativa venezolana de la urbe para el orbe (Ana Teresa Torres y Héctor Torres, Alfadil, 2006); la otra es una imponente selección de veinte narradores y narradoras nacidos en la década del sesenta, compilada por Antonio López Ortega: las voces secretas (Alfaguara, 2006).&lt;br /&gt;Toda, sin duda de ninguna naturaleza, narrativa venezolana para el mundo.&lt;br /&gt;Como que es tiempo de que comience a desaparecer por fin ese “rollo que no cesa” relacionado con nuestras lamentaciones literarias.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-116302085059555287?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/116302085059555287/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=116302085059555287&amp;isPopup=true' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116302085059555287'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116302085059555287'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2006/11/nuevos-aires-para-la-narrativa.html' title='Nuevos  aires para la narrativa venezolana'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-36965238.post-116242738678111175</id><published>2006-11-01T20:25:00.000-04:00</published><updated>2006-11-22T18:52:25.390-04:00</updated><title type='text'>La duda melódica, otra vez</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/1600/BarreraLinares_512x768.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/1600/BarreraLinares.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/1600/Foto%20para%20blog%20Luis%20BarreraLinares.0.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de que deambuló por varios diarios venezolanos durante diez años (principalmente por El Nacional), mi tía Eloína había prometido desde el 2002 que no publicaría esta columna durante algún tiempo. Sin embargo, como la promesa se limitaba a la versión escrita en algún diario impreso tradicional, hoy vuelve La duda melódica a través de la blogósfera. Regresa mi parienta por sus fueros porque los tiempos que corren no son como para quedarse callados ni para perder esta oportunidad que ofrece la red. Aquí estaremos otra vez, tanto ella como yo, para continuar con nuestros comentarios semanales en los que esperamos que haya un poco de cada cosa que nos resulte interesante compartir en el ciberespacio. Saludos desde esta Caracas pre-electoral, convulsa. repleta de automóviles y de ciudadanos estresados hasta la saciedad, saludos, pues, desde nuestro nuevo lugar de opinión.&lt;br /&gt;Luis Barrera Linares&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/36965238-116242738678111175?l=barreralinares.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://barreralinares.blogspot.com/feeds/116242738678111175/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=36965238&amp;postID=116242738678111175&amp;isPopup=true' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116242738678111175'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/36965238/posts/default/116242738678111175'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://barreralinares.blogspot.com/2006/11/la-duda-meldica-otra-vez.html' title='La duda melódica, otra vez'/><author><name>Luis Barrera Linares</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06751870693941712233</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/4284/4142/320/BarreraLinares_512x768.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry></feed>
